Homenaje a José León Slimobich Pogarelsky

Destacado

7 de agosto de 2022

Pepe Slimobich

A los que ponen un lobo en su rostro cuando comen cordero
Ceux qui mettent un loup sur leur visage quand ils mangent du mouton
 Jacques Prevert

José León Slimobich (con b larga para respetar la grafía de la confusión migratoria) Pogarelsky, siendo un psicoanalista, pensador, militante y hacedor de cuerpos poéticos, presente en múltiples foros psicoanalíticos, eligió desde hace más de 30 años, pertenecer a la Escuela Abierta de Psicoanálisis.


Se alejó con firmeza de la purpurina política que otorgaban los escenarios multitudinarios para trabajar lo que él mismo, a través de la lectura viva de Freud y Lacan, llamó el paradigma del leer. Slimobich (con b larga) entendía muy bien que la política necesita de la visibilidad, de la imagen, y también que las apariencias engañan. Basó este paradigma en el campo de la ética (que se alimenta más de la voz y el corazón), por ello para él un seminario central era la ética del psicoanálisis, y no cedió a ninguno de los cantos de sirena que despertaban su quehacer clínico para incluirlo en las cortes monárquicas.


Tentado por el campo freudiano para un lugar en su jerarquía eligió embarcarse en la fundación de la Escuela Abierta de Psicoanálisis junto con otros compañeros. Eso le hizo encontrar lo sorprendente en lugares que tienen más que ver con el arrabal (como el tango, su música) que con la ciudad dormida. Esta Escuela se fundó bajo el modo asambleario no jerárquico, ni democrático, desde la voz de la asamblea cada uno tomaba decisiones para allanar el camino al texto de los nuevos sentidos.


No dudó en frenar, driblar, correr hacia adelante, hacia atrás, volar, con tal de combatir el aburguesamiento del diván. Fundamos también Letrahora en un momento político duro, la enésima crisis argentina, leída por él como el nuevo laboratorio mundial de la precariedad y huida de capitales hacia lugares sin miedo. También leyó el casamiento de la ciencia y el capital que traería la licuefacción de los polos, porque sabía muy bien que el amo cambia los rumbos del saber instrumental para aprovechamiento propio. Eso es discurso, compañeros, y no un saber psicológico de la letra psicoanalítica.


Una época dura como la actual nos conminó a todos al aislamiento, pero aún así seguimos estableciendo contacto a distancia, no deteniendo el trabajo analítico, ni siquiera el político, José León siempre estaba ahí para escuchar y alentar nuevas ideas, incluso echar unas risas, porque el humor no faltaba, y hay cosas que no se pueden comprar. Comenzaron desde ahí a aparecer dosier en Letrahora que expresaban la inquietud del nuevo orden y jornadas que la pantalla posibilitaba.


Es difícil traducir esto a otras lenguas, pues el significado se confunde cuando la voz suena familiar. La traducción funda el equívoco de cambiar el sentido de las cosas cuando las palabras se escriben de manera parecida, los falsos amigos del lenguaje y la política se surten de la fe y la desesperación, pero Pepe no era un hombre de fe y tampoco se dejaba llevar por la impaciencia. Sabía muy bien que la repetición era el lugar de lo inconsciente y que siempre aspira a la novedad, eso no le arredraba… Esperaba, pues su descanso era una letra que a los orillados nos transmitió como lugar de la desapropiación, de la desapropiación de sentido y de la desapropiación del yo. Un lugar vacío hecho de voz dormida, de mirada ciega, de resto y del sabor de inútil que marca el lenguaje poético y que permitió hacer cosas que ninguno de nosotros hubiéramos sabido hacer desde la reflexión y el pensamiento, decía: uno hace más con lo que no sabe que con lo que sabe, eso me llegó directo al corazón.


Implicaba esto ya una acción, la del no saber, la del no tener ni idea, transmitió muy bien que la posición del psicoanalista es no tener ni idea, y aun así no desesperar, lo importante es el discurso, no la normalidad.


Deja muchas cosas, muchos caminos abiertos, mucha letra viva y soñante, porque conocía muy bien que el sueño es un lugar atemporal donde habitan las letras por venir, quedan muchos pedazos rotos y ese lugar que dejó para ser hablado de nuevo.
Vaya nuestro sentimiento más cordial hacia la familia y amigos.


Un abrazo enorme amigo y compañero.


Emilio Gómez Barroso
Presidente de la Escuela Abierta de Psicoanálisis en España

14 Nov. presentamos Cambalache 16

14 noviembre. 14 horas, Argentina. 18 horas, España

Estimados compañeros:
El sábado 14 de noviembre, a las 14 horas en Buenos Aires y 18 horas en España presentaremos el número 16 de la revista “Letrahora”: CAMBALACHE. 
http://letrahora.com/index.php/2020/06/03/letrahora-no16/

Mesa de presentación:
Marta Berrocal. Psicóloga sanitaria y psicoanalista. Centro MNEMIA de Granada – España

Gorka García Hernández. Diseñador y colaborador de la revista “Letrahora”

Paula Herman. Psicoanalista

Beatriz Reoyo. Psicoanalista miembro de la EAP e integrante del comité de redacción de “Letrahora”

 José León Slimobich. Psicoanalista. Miembro de la EAP

La presentación será telemática, acceso gratuito, en ZOOM:

Unirse a la reunió, sábado 14 de noviembre:

https://us02web.zoom.us/j/87360071130?pwd=NGNURnVGMmp5aml3eGFaaWN0WWlYZz09

ID de reunión: 873 6007 1130. Código de acceso: 100912

Os esperamos

LetraHora nº16


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editorial – Cambalache 2020

A la hora de la aparición de este número de Letrahora la pandemia COVID 19 nos tiene confinados a cada cual en su casa. ¿Cómo se podría hablar de esto?, ¿cómo se diría el aislamiento de muchos, la meticulosidad de la higiene, de los pomos limpios, la soledad de cada cual?

…cómo se dice el rato que vivimos antes de la noticia de la muerte, todo lo que ocurrió entre los silencios.

Los textos que se presentan en este número, en su mayoría, han sido producidos antes de esta pandemia. El mosaico de artículos larvados en la pregunta de cómo sigue el discurso presenta reflexiones sobre el “Orden y subversión”, recorrido sobre los puntos de fuga de la realidad enredados en las formaciones del inconsciente y la cultura evitada, continúa con “Baile de espejos” que expresa en su permanente danza una realidad psíquica compleja, un debate sobre la identidad que no logra constituirse en tanto conforma un recorrido en el que la agresión a la imagen se vuelve agresión hacia el propio cuerpo. Este número nos traerá luego “Noticias de la caverna”, un texto sobre el vacío y el poema perteneciente al Maestro y Margarito de Mariano de Hossorno, donde lo que está en juego es el diálogo entre dioses que no se entienden.

“El lugar del hombre en la sociedad patriarcal “donde Maite Manzanares Jugo recoge una charla debate de José Slimobich quien propone reflexionar entre diferentes discursos sobre nuestra contemporaneidad. Allí donde las mujeres nos muestran lo que soportaron a lo largo de la historia del dominio masculino y lo que el hombre hizo con el hombre intenta dilucidar el juego del goce donde lo individual y lo social son territorios indiscernibles hecho posible de ser captado en una lectura que se ordena por el discurso, en este caso el analítico.

El artículo titulado “Cuento capitalismo” viene firmado por Javier Sáez de Ibarra, publicado en el libro Fantasía lumpen, presenta una crítica del sistema bajo la forma de una rapsodia, en la que se entremezclan una historia breve del capitalismo con diferentes cruces de una realidad demasiado cotidiana.

Varios de los artículos de este número tienen una marca: son textos que devinieron, de uno u otro modo, de una acción colectiva: los “Documentos sobre el pase” producidos mediante extensos intercambios a lo largo de casi dos años, que interrogan la necesidad del pase para el psicoanálisis y en particular para nuestra escuela (EAP). Deja constancia de los debates alrededor de dicho proceso y nos llevan a mantener abierta la pregunta acerca de cómo pensar al analista que realiza su pase en una escuela de psicoanálisis no-jerárquica.

La realización de esta misma revista, el debate de los textos, la edición, la corrección, el trabajo concreto que implica “hacerla” deviene de un intercambio realizado, como siempre, a distancia, esta vez en el curso de la pandemia. En el marco de esta realidad los textos nos interrogan de un nuevo modo. El texto de Antonia Torres Pérez sobre el trabajo que viene realizando y que pone en el centro el cuidado del otro. Nos habla de una experiencia en educación donde la escucha se vale de elementos del dispositivo psicoanalítico, que se desarrolla bajo el modo de la asamblea, sorprendentemente, de niños.

Al preparar este número nos surge la pregunta de cómo se producirá el contexto de reunión a partir de la COVID-19 ¿De qué manera preservar, reinventar, esos espacios asamblearios indispensables? Este virus que circula y circula y que para que deje de circular nos saca de circulación, condiciona la función creadora de la palabra cuando el cuerpo queda a distancia, cuando la materialidad del otro, de su presencia, más allá de lo puramente verbal, implica un peligro. Cuando nos falta el contacto con el cuerpo del otro, con el relato que en él escribe el encuentro contingente.
Incluimos también en este número la experiencia de un taller de “Escritura de casos clínicos” con artículos de Paula Herman, Gabriela Muñoz y Romina Frick, trabajos que muestran una forma de tratar esa letra que se lee en el temblor de la palabra, en esa especie de vacilación del lenguaje, inscrito simultáneamente en lo individual y en lo colectivo.

El artículo “Del cuerpo, la palabra y la escritura (actualidad del caso Dora)” de José León Slimobich Pogarelsky nos recuerda, una vez más, el descubrimiento freudiano del inconsciente, la relación entre elementos tan dispares como un relato y el fragmento corporal. Nos lleva en su recorrido a tomar contacto con el valor del escrito, como ordenador lógico mostrándonos cómo ese fragmento se convierte en una letra que posibilita el entendimiento de lo que está en juego en el sufrimiento. Para el analista nada de esto puede ser pensado fuera de los modos culturales de nuestra época.

2020 Cambalache, evoca, en América Latina, los sitios de compraventa, de trueque, de segunda mano, donde objetos de poco valor, diferentes entre sí, se reúnen, todo “mezclao” como dice el tango que Enrique Santos Discépolo compuso en 1930 como denuncia a las infamias que en su país se estaban viviendo. Parece que la COVID-19, se dice, nos impone una “nueva normalidad”, en este caos se impone un nuevo orden, pero está también lo que no se puede normalizar. Esos objetos puestos al intercambio nos traen, en su montaje, en el increíble collage que nos llega de la mano de la biblia y el calefón, los objetos imposibles con los que se arma una vida.

Una letra que representaría lo que proviene de los objetos pulsionales freudianos, que se aísla unas veces como objeto fantasmático de la relación con el mundo para proseguir hablando en silencio, en lo más íntimo, volviéndose, a su vez, salvaje e indomesticable para la cultura, es también el modo de hacer con las hilachas de un lenguaje no-dicho que se lee en la vida cotidiana. Por allí asoma el vacío de la palabra por donde una escritura, lo han mostrado varios de los textos de este número 16, asoma haciendo vacilar todo conocimiento. La escritura es ese acto que excede a la representación.

En palabras, otra vez, de Bolaño y Warnken: ¿Cómo llamamos al espacio que queda en el cilindro del bolígrafo sin tinta?

Y aún preguntarnos por lo que de ese espacio sin nombre surge, capaz de atravesar la muerte, haciendo hablar en su escritura al silencio, escribiendo sin saber.

Hoy más que nunca se hace evidente que no somos árbitros de nuestra propia vida y de ahí el malestar que nace, esa conciencia trágica por donde desde el vacío, desde ese centro que se muestra en la fisura imposible de llenar con lo dicho, la palabra irremediablemente desconectada podría recuperarse como residuo entre lo que se dice y lo que se calla. En ese espacio yace la verdadera memoria que llega del futuro y que no podría al escribirse más que rodear una ausencia.

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Dosier Pandemias 2020

LEER ONLINE

Han participado en este dosier especial Pandemias

Emilio Gómez Barroso
Matías Buera
José Slimobich

Ricardo Forster
Jorge Cano y Susana Gómez
Miguel Romero, El Negrish
Gorka García Hernández
Mariano de Hossorno
José Luis Romero
Miguel Ángel Movilla

EDITORIAL

La expansión a escala mundial del COVID-19 o SARS-2 (síndrome respiratorio agudo), como lo denominan algunos autores, hace aparecer teorías que sostienen una nueva conspiración para producir desequilibrios económicos y rediseñar de nuevo el tablero de ganancias.

Hace tiempo que los más agoreros vaticinaban una nueva crisis del capitalismo, lo no calculado era el origen, tocado ya el sistema fiduciario, con guerras interminables abiertas en Oriente Medio ganando activos y la industria bélica funcionando sin freno alguno; estaba en juego desde hace tiempo la detención de la contaminación planetaria que, a pesar de los avisos reinantes y de las opiniones de los más expertos, no se lograba disminuir las emisiones de gases que licuaban a gran velocidad los hielos antárticos, provocando climas extremos y cambios de corrientes oceánicas que un día traían ambiente tropical para helar al día siguiente la atmósfera, con intervalos de clima desértico, calor diurno, frío intenso por la noche.

Nada ha sido capaz de poner freno a un modo de vida de desecho contínuo que llenaba el mar de microplásticos e invadía de residuos la cadena trófica. Continentes incendiados sin posibilidad de detener un fuego bíblico. Nadie se cuestionaba la muerte propia si la vida era ese continuum inevitable de éxtasis futuros. Ha sido una especie de miedo general lo que ha puesto freno a todo con la amenaza de dejar fuera de juego a muchas personas en el seno de la vida alegre. Ha sido el contagio, la imagen de la muerte de seres cercanos sin llegar a comprender demasiado lo exponencial y el múltiplo a nivel íntimo, no estamos preparados para eso.

Mientras tanto, es lo que toca, los medios de comunicación manejan la muerte como un algoritmo diario, mirando al cielo para que la campana de Gauss llegue a la cúspide y empiece a asomar la cola del elefante dormido.

Las calles se han llenado de patrullas que controlan los abrazos y los movimientos diarios de los ciudadanos, el comportamiento requerido es el aislamiento máximo y la reclusión domiciliaria, para el que pueda soportarla. La autoridad se ha introyectado, y las denuncias vienen de eso que se ha llamado policía de balcón, que arroja el odio de la masa silenciosa aleatoriamente a cualquier paseante sin preguntar ni establecer diferencias sobre las personas que no pueden soportar el aislamiento por causas muy diferentes.

Hay, en este momento, muchos hogares excluidos del nuevo orden provisional, que no sabemos hasta cuándo habitaremos. Pequeñas casas masificadas con el hándicap de vivir una cuarentena si algún miembro es contagiado. Mediante también la imposibilidad de conocer estadísticamente cómo se extiende la epidemia, puesto que no hay tests suficientes para comprobarlo. ¿Qué podemos aprender de esto?

  • Que el vínculo medicina-política no es lo mismo que la medicina a secas o la política abierta. Se establecen una serie de medidas, necesarias para una pandemia, pero el cálculo inconsciente de la muerte es otro. La muerte del otro añade un plus a la propia vida. La pulsión de muerte se articula como salvación de la vida subjetiva, hay algo íntimo que supone un más allá de la tanatocracia o el algoritmo sin rostro.
  • Que la educación no es simplemente cumplir con el curriculum académico, sino la interacción del juego.
  • Que el sujeto se subvierte al aislamiento cada vez mayor para preguntarse qué ocurre con la masa exterior.
  • Que el sistema por más que sea el mismo repetido tiene una historia con diferentes formas de habitarlo.
  • Que la clínica psicoanalítica no tiene que ver con la división alma-cuerpo, sino que existe una continuidad entre el interior y la piel, no existe más cuerpo que el cuerpo imaginario, la cercanía o lejanía del otro a través de los objetos pulsionales.

La crisis se ha convertido en espectáculo incierto. Mientras tanto son las redes cibernéticas las que han ocupado el lugar del cuerpo a cuerpo, los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), que iban tomando su lugar hegemónico en el mercado, se han convertido en necesarios, en sustitutos de la palabra cotidiana, con una reducción considerable del tiempo social, conexiones de apenas una hora por la eliminación de aquello que prorroga el cuerpo: “quédate un rato más”. Las preguntas a los expertos van más por el lado de si la red aguantará la ansiedad comunicativa que por la solución a la pandemia. El cine se ha vuelto la evasión necesaria para el descanso del pensamiento, sigue costando mucho en esta situación trabajar en un texto o pensar algo que tenga que ver con la cultura, ¿cuándo y cómo volverá el libro y el debate?
Se ha programado un nuevo orden psicótico para contener la pandemia, la normalización es la psicosis, así esos casos que antes escapaban a la normalidad son los que más soportan el aislamiento. La psicosis ya vivía en ese orden interior aislado de cualquier realidad común.

Mientras tanto, la pregunta sigue abierta ¿qué nuevo orden nos deparará el modo reciente de habitar el capitalismo? Es difícil pensar que un virus haya conseguido hacer la revolución suficiente, sigue en el horizonte la pregunta de Francis Fukuyama de si el fin del planeta coincidirá con el fin del capitalismo, es más fácil pensar la muerte del planeta que el fin del sistema. Así, y a pesar de todo, hay presiones desde el norte de Europa para dejar desabastecido financieramente el sur de Europa, cada palo que aguante su vela. De esta manera, las potencias pujantes en el nuevo capitalismo son las que están ayudando a los desesperados, China y Rusia enviando ayuda humanitaria a España e Italia, amenazados por los ministros de economía del norte de Europa, con Estados Unidos también intentando contener la acelerada expansión del virus.

¿Cómo sería este nuevo modo de habitar el capitalismo? ¿Un modo menos colonial y con más presencia económica que territorial? ¿Un modo de cierre de fronteras, incluso en Estados miembros de una misma unión? ¿Un capitalismo con tintes comunistas y algo más dictatorial? ¿Un panóptico donde nosotros mismos enchufamos la pantalla que nos vigila, llevando un poco más allá la pesadilla orwelliana?
El mundo tiene miedo ¿cuál será el siguiente paso?

Los escritos de los psicóticos

Los escritos de los psicóticos
Un trabajo de Pedro Muerza.

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La escritura es un hacer que da sostén al pensamiento. Jacques Lacan

Escribir

Escribir no es lo mismo que hablar, no se parece en nada al decir. Se suele pensar que escribir es una mera inscripción, un modo de registro de lo hablado o una suma a lo hablado. Entre el decir y el escrito hay una montaña.

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