Fabiana Grinberg

Una experiencia: más uno y mujer

1-Sobre  una invitación. El horror de tener que saberlo todo.

Un cártel que lleva por nombre mujer y vida contemporánea me invita a participar como más uno. Llevan un tiempo de trabajo. Acepto la invitación. La pregunta inmediata: ¿Qué es exactamente esa función  a la que soy convocada?

 Lo que sigue no es más que el intento de acercar una experiencia. Tomaré para ello algunos de los elementos de lectura que surgen en el diálogo con los miembros del cártel, lo cual  facilita en la ocasión una ordenación posible de la experiencia.

Vale aclarar que se denominan lecturas a los elementos que se ubican en el diálogo sin ser los mismos articulados por ninguno de sus integrantes y que se hacen presentes, en el mismo movimiento de su lectura, como  escrituras invisibles.

Los miembros del cartel envían las reuniones y discusiones que hasta el momento se habían realizado. Un primer elemento se hace presente como lectura en este envío donde se acumulan debates: “el más uno tiene que saberlo todo.”

En el primer encuentro  los miembros comentan de su  demora para convocar al más uno. Detectar o localizar ¿Cuál de estos elementos referidos por Lacan al más uno han de privilegiar? Les resulta claro un carácter ideal casi sagrado atribuido al más uno, se dificulta entonces, nombrar a alguien .En ese primer momento el más uno es tomado como el que  sanciona. Luego la consideración que realizan y que anima la elección: no tiene porque ser algo tan pensado. En la relectura del material recogido en función de preparar este relato “pesado” es el término que se escribe ahí donde dicen pensado; esa es exactamente la sensación que  viene a mi cuando  llega el elemento “el más uno tiene que saberlo todo”.  El texto del cártel donde pesado juega en la escritura de pensado devuelve el alivio: No tendrá porque ser tan pesado  ese lugar, esa función que esta vez me toca tomar.

A la vez los miembros del cártel se plantean a si mismos en la posición de tener que   saber, saber detectar,  saber localizar….Aprieta la función de conocimiento, el peso del saber. Pero, y esto es planteado al cartel: ¿Si ya sabemos para qué embarcarnos en esta experiencia, para que llevarla adelante?

Encuentro sólo al final del  trabajo de este cártel en Lacan: “experiencia no quiere decir más que una cosa, a saber que uno se compromete en ella” (1). Se aprende el  cártel en la experiencia del cártel, se aprende el más uno en la experiencia del cártel. Una experiencia que no creo deje acumular otra ganancia que la de haber hecho la experiencia, eso cada vez, imagino.

2-¿Qué es hacer cártel?

Todos a una. En un primer momento hablan todos juntos, callan todos juntos; el encuentro es con un grupo .El grupo condiciona los temas de trabajo a los temas que surgen en los intercambios. Cuesta sostener un tema. Plantean como síntoma del grupo: falta decisión de trabajo cartelizado, lo que se trabaja se diluye.  En este momento el cártel  ubica al  más uno como el que  tomará las decisiones,  por el momento se sostiene el grupo, un líder decidirá por todos.

Lo que se plantea como dificultad es salir del grupo. El grupo es el lugar  donde uno se excusa, es también el lugar  al cual uno se identifica. Ubico el siguiente párrafo en Lacan:”La identificación en Freud, es muy simplemente genial. Lo que yo deseo es ¿qué? La identificación al grupo, porque es seguro que los seres humanos se identifican a un grupo; cuando no se identifican a un grupo, están fallados, están para encerrar” (2)

¿Se tratará entonces de la disolución del grupo en pos del cártel, de la disolución de efectos que se promueven como obstáculos, es el grupo el obstáculo?  El cártel como pequeño grupo lacaniano nos obliga a  pensar sus características.

La buena pregunta que el cártel  se  formula  ¿Qué es hacer cártel?

3- La frescura y la traición-Un camino del grupo al cártel

La preocupación por despejar teóricamente el más uno se aísla en este momento funcionando como obstáculo al trabajo, se  constituye el concepto de más uno en el lugar de obstáculo. No es seguro que sea por saberlo que haremos cártel sino enredándonos en él.

Una propuesta: Despreocuparse del más uno como elemento teórico  por el momento, no sabemos si se trata de tenerlo claro en términos de saber. Arriesgaremos la “frescura” elemento de lectura que se ubica en el diálogo y que el cártel reescribe: “leer al fresco” ¿El cártel  no dona entonces lo que aclara  la función más uno como lectura de lo que se escribe en  los muros?

Aún el cártel no confía en el trabajo de cartel, cuesta abandonar maneras   tradicionales de trabajo,  abandonar el grupo. Hay cierta desconfianza con respecto a la posible eficacia del cártel para lograr un lazo social más allá de una agrupación dirigida por un jefe o el fortalecimiento de cada uno ¿El más uno bastará para un  pasaje a lo colectivo?

Qué nos queda  para un lugar de puesta de trabajo en común sino lo que se ubica como:” Traición” elemento que  quizás nos esté dando ya la solución a la pregunta del cartel: ¿Cómo se conjugan tradición  y frescura?  ¿Por qué no considerar la traición, ésta vez, una ocasión para que desde el muro  se haga posible una retroacción de la palabra que conjugue al saber pretendido con lo posible de la verdad?

4-Un olvido luminoso

Una nueva traba se ubica,  se dificulta escribir. En el diálogo se plantea que esa dificultad surge en tanto no se sabe qué se hará con lo que se escriba, ¿para qué entonces escribir?

Estamos olvidando: El cártel se inscribe en  la escuela. Un olvido luminoso lo llama el cártel.

Del compromiso en la escuela. Por dos accesos se compromete uno ahora en la escuela:      1.El grupo formado por elección mutua y que se llamará cártel, se presenta para mi aceptación con el título del trabajo que cada uno espera cumplir en él” (3)

Entonces con respecto al cártel  se abre una interrogación sobre la política referida a la escuela. Se considera pensar la política de escuela como una política sin política. Me obliga a reflexionar en relación al cártel, órgano de base de la escuela, el vínculo del discurso psicoanalítico a la política .Comparto algunas preguntas. ¿Qué consecuencia ha de tener este pequeño grupo lacaniano, organizado por fuera de toda jerarquía, limitado en el tiempo y sin otra condición para ser partícipe  del mismo que el interés por lo que el psicoanálisis tenga para aportar? ¿Un grupo carente de todo elemento de segregación que definido por esta  función  llamada más  uno  lleva la marca de lo indecidible? Apertura, hiancia no suturable, aporte quizás a la política desde un discurso que entonces se diferencia de ésta, en lo que la política requiere de cierre necesario cada vez. ¿Querrá esto decir el cártel cuando plantea una política sin política, hablará de esta indeterminación, esta apertura  que no concluye sino que se disuelve con el cártel mismo?  

5-Más uno aparición de una ausencia

O lo que podría plantearse: de cuando al más uno le llega tarde la invitación y  es entonces en ausencia que se  aclara su función.

El más uno se constata en ausencia, es una ausencia que se impone. Así queda planteado en el diálogo que mantiene el cártel. Ubican al  elemento más uno en tanto presencia de una ausencia, presencia que se percibe invisible. Encuentro:”…este más uno este más una unidad de saber, hace agujero, un vacio y lleva consigo un en más en concepto del menos una ausencia insistente que los aterra”(4)

El más uno surge al detectarse como una ausencia que hace funcionar la circulación de la palabra. El más uno  instala la ausencia, sin ausencia no hay cártel.

Hemos comprobado en  el recorrido de este cártel: El más uno resta, resta imagen.

 El más uno se preguntan: ¿Puede ser que se imponga por que disuelve, atraviesa el efecto de grupo?

El cártel  entonces aparece como curioso grupo, por una parte es un grupo de trabajo con un número de cuatro personas pero  es necesario pensar el afuera del grupo. Eso es importante, tanto para el más uno como para el grupo.

El más uno es una función que el cártel  localiza (los encuentros son por Messenger) en un emoticón que se ha escapado en el intento de escribir el objeto a, objeto inventado por Lacan,  objeto que es una letra.

El más uno se localiza en el misterio de lo escrito, “…el más uno es una pizca de escritura” (5)

6-Más uno dicha mujer

Sobre el final del trabajo el cártel pregunta acerca del tema que desarrollará el más uno .Ha tomado  el compromiso de escribir. El cártel lo invita también a cernir un tema, a dar un título a su trabajo. Será alrededor de  Mujer y más uno.  Sólo algunas  consideraciones:

 Encuentro este pequeño intercambio que viene en mi ayuda:

M.Safouan: Lacan,  justamente ¿Por qué está subrayado el termino más –una?

Jaques Lacan: Antes que nada, para  que se perciba, lo cual pese a todo recién viene a notarse al final de la tarde.” (6)

Y luego:”la infinitud latente eso justamente es el más una” (7)

Pero y esta infinitud ¿cómo comprenderla, de qué nos habla Lacan cuando nos la plantea? Debemos ir al seminario 20 para percibir su lógica, allí donde nos plantea para la mujer en tanto no toda es  , en tanto no toda está en la función fálica un modo de goce suplementario de cual nada sabe ,excepto que lo siente .Lo sabe cuando ocurre .No les ocurre a todas. Allí nos dirá:   ”Sólo que podemos tener que vérnosla, al contrario, con lo infinito. Entonces, ya no tenemos que tomar el no-toda por el lado de la extensión. Cuando digo que la mujer es no toda, y por eso no puedo decir la mujer, es precisamente porque pongo en tela de juicio un goce que, frente a todo lo que se engasta en la función del falo   , es del orden de lo infinito. Pero cuando de lo que se trata es de un conjunto infinito, no se puede postular que el no –todo conlleva la existencia de algo que se produzca de una negación, de una contradicción. Puede, si acaso postularse como de una existencia indeterminada”.(8)

Podemos considerar esta indeterminación como ese elemento ya referido que marca al más uno, es lo que introduce su función y que se plantea coherente con la lógica del goce femenino. En eso podemos considerar ese más uno tenido de femineidad “que desde que ha entrado en función está una en más se ha perdido ya como tal, se ha vuelto efecto a (como el emoticón que aparece al querer escribir objeto a), evanescente, inasible…”(9) Esta una en más tiene algo de objeto, un objeto que es letra que escribe lo nuevo.

 Referencias bibliográficas

(1)   J.Lacan El Seminario Libro 22(inédito)

(2)   J.Lacan El Seminario  libro 22(inédito)

(3)   J.Lacan Acto de fundación 21 de junio 1964.

(4)   “Jornadas de estudios de los carteles de la Escuela Freudiana”

(5)   “Jornadas de estudios de los carteles de la Escuela Freudiana”

(6)   “Jornadas de estudios de los carteles de la Escuela Freudiana”

(7)   “Jornadas de estudios de los carteles de la Escuela Freudiana”

(8)   J.Lacan El Seminario libro 20 Editorial Paidos.

(9)   “Jornadas de estudios de los carteles de la Escuela Freudiana”

Emilio Puchol

LA MUJER COMO SÍNTOMA DEL HOMBRE

Emilio Puchol

Lo que resiste

El tema surge de forma sorpresiva para quien lo plantea. En un principio aparece abierto a las múltiples significaciones que lo sugestivo del enunciado propone. La cuestión es que a la hora de plasmarlo en un texto que pueda dar cuenta de la propuesta de trabajo del cártel, se resiste, no se escribe. Aparece la justificación a la manera de la necesidad de tranquilidad y tiempo para llevarlo a cabo, argumentación consistente que apoya la impotencia de arrancar. No arranca el intento de poder plasmar desde lo experimentado en el trabajo del cártel, un intento de análisis de la propuesta que tomo de lo que Lacan plantea en el seminario RSI, para poder cotejar desde la actualidad el alcance de la proposición.

La parálisis de escritura alcanza la dimensión de lo difícilmente justificable por las ocupaciones cotidianas, de lo que no tiene excusa. Hay una insistencia, una tenacidad incómoda de querer escribirlo. También una posición paciente, de espera expectante.

Es así como aparece lo no calculado, lo que no es producto de la racionalidad, lo insospechado: es, precisamente, el carácter de producto individual que el cártel propone lo que ofrece resistencia. Porque no se trata, simplemente, de un trabajo teórico sobre este seminario, adquiere la complejidad de un trabajo cartelizado, donde la posición subjetiva no queda soslayada. Es lo que puede distinguir un grupo de trabajo de un cártel. Es decir, que desde esta experiencia, se puede presentar, al menos, cierto atravesamiento de lo grupal, allí donde la exposición teórica se puede mantener de forma más o menos brillante, desde la objetividad de lo que podemos llamar la formación analítica. Ahora se trata de que el juego discurre con otra baraja donde no hay cartas marcadas ni comodines y no hay otra posibilidad de jugarlo que con la propia mano que cada uno dispone. Y eso no estaba pensado, no estaba calculado, ni hubo bitácora que marcara el destino de este marear. Surge y lo que aparece es que la experiencia de trabajo, un poco a ciegas, un poco a tontas, un poco a locas, ha traído consigo cierta posesión del espíritu del cártel que se contrapone y se muestra como envés del grupo capturado en la dimensión imaginaria. De ahí se torna la impotencia en cierta posibilidad de leer lo que se ha estado escribiendo en esta travesía: uno juega solo. Es esto, al parecer, la única justificación de la resistencia a arrancar, por un camino que no es el de la exposición teórica, pero que le resulta muy expuesto al sujeto, al propio sujeto que expone.

Más allá del grupo

El trabajo de este cártel ha girado constantemente alrededor de la pregunta ¿qué es un cártel? y sobre la relación del cártel con la Escuela y su política. La temática primigenia que aglutina a los componentes del cártel, queda firmemente imbricada con la pregunta constante sobre el cártel y el masuno y con la distinción de lo simplemente grupal. No se ha tratado nunca de un cártel sobre el cártel, sino de una interrelación permanente de ambas temáticas: la mujer en la contemporaneidad y el trabajo cartelizado.

Es, en lo que me parece entender, la propia nominación del cártel, mujer y vida contemporánea, lo que establece una fuerte influencia sobre la cuestión en liza, sobre la peleada pregunta de cómo podemos, desde un trabajo grupal, colectivo, conseguir romper la relación imaginaria que la estructura grupal conforma. Lo habitual es que las temáticas de la mujer sean tratadas en grupos de mujeres, donde los hombres no son convocados o no acuden a la manera del gato escaldado. En este caso la composición del grupo no es lo frecuente. Así queda recogido en una de las conversaciones el siguiente señalamiento: no es un grupo de mujeres, es un cártel que trata la cuestión de la mujer. Es este un momento de impasse, donde el grupo busca consistencia, busca conocimiento, respuesta al continúo retorno de la pregunta sobre el cártel y la función del masuno, sobre cómo conjugar un cártel temático con el trabajo del cártel. Y en este punto viene a asociarse un nuevo elemento que es un elemento de lectura que viene a desbloquear: leer al fresco, leer con frescura.

La cuestión obsesiva que plantea un cártel del conocimiento comienza a girar en este jalón, por caminos menos áridos donde existe la posibilidad de reconocimiento del otro únicamente desde su desconocimiento radical.

No es un grupo de mujeres” parece abrir el camino del trabajo cartelizado y su posible devenir productivo. No es una cuestión del género la que nos convoca, hecho que hasta el momento había quedado en penumbra, en silencio.

Desde el total desconocimiento práctico del trabajo cartelizado se comienza a efectuar algo que marca la diferencia con el trabajo grupal tradicional. Es, en este caso, la temática propuesta la que hace posible esa diferenciación, porque la pregunta que continúa es ¿goza igual un hombre que una mujer? que viene asociada a la afirmación de que las mujeres cuando se juntan en grupo gozan. Preguntas sobre el goce que llevan a interrogar cierta posición épica que parece tomar siempre la cuestión de la mujer.

Una mujer de su época

Mujer y vida contemporánea” como título del proyecto del cártel, lleva a plantear necesariamente que el significante mujer queda inscrito en una época, que a cada época le corresponde un uso concreto de la lengua y en el mismo sentido se puede decir también, a una manera particular de goce.

Así, por ejemplo, el grupo toma como material de lectura el artículo de José Slimobich “Alrededor de la cuestión de la mujer: un debate posible” donde viene a plantear tres cuestiones: la declinación de la cuestión femenina, el pasaje del discurso histérico al dialecto obsesivo y una observación sobre la inscripción del hombre en el discurso histérico. Hay una época en que “la mujer, lo femenino, tenía a su cargo un leer en la palabra que de ningún modo se especifica por ser parte de una escritura concebida en un modo del sentido común”. Intuición tomada como certeza inefable y que Slimobich plantea como lectura: “leer una escritura invisible le permitió a la mujer cuestionar los argumentos con los que se expresaba la sinrazón del amo y, de ese modo, el discurso histérico dio lugar a esa respuesta inédita que es la de Freud”.

Hay otra época, la contemporánea, en que el discurso científico y técnico toma a su cargo la intuición y el significante intuición deja de estar relacionado con lo femenino. La mujer, nos dice Slimobich, desde su lugar en el discurso histérico, deja de cuestionar al amo y entra en el camino que se llama liberación de la mujer, en el que toma el discurso que pertenecía anteriormente al opresor. Esto es lo que explica el paso al dialecto obsesivo y donde queda emparentada al hombre y este queda imposibilitado de asumir las funciones antes atribuidas al padre, lo que se conoce como declinación de la función paterna. Es decir, la declinación de la intuición en la mujer queda ligada a declinación de la función paterna.

Un tránsito, un salto en el devenir social “bajo el modo de lo universal” como se señala en el artículo. La mujer de su época como la mujer tipo, un modelo de mujer que responde al goce de la época, a la manera de entender el deseo sexual en la época, sin que se pueda expresar la particularidad del deseo de cada mujer.

Nos podemos plantear también ese momento histórico en que se forma la familia, en el sentido originario de famulus, es decir, esclavo doméstico, familia como conjunto de los esclavos que pertenecen al hombre. El momento histórico en que la mujer queda relegada a la servidumbre doméstica y sexual del hombre y como herramienta para la reproducción. Es este el momento que Engels en “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” nos relata, “una de las revoluciones más profundas que la humanidad ha conocido, no tuvo necesidad de tocar ni uno solo de los seres vivos de la gens”, simplemente, ante la relevancia que el hombre adquiere en la familia por la acumulación de riquezas, le hacen posible transformar a favor de sus hijos el orden de herencia. Y es este derrocamiento del derecho materno “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.

Es esta cuestión que aparece en las conversaciones del cártel como época y mujer, en esa relación entre el significante mujer y su inscripción en cada época, donde me surge el enunciado y me remite a la formulación de Lacan de “la mujer como síntoma del hombre”.

Lo que hace síntoma

Síntoma como Freud lo define: señal y sustituto de una satisfacción sexual que no se realizó. De esta manera se puede plantear que el síntoma vendría a sustituir una falta, algo que falta de goce por no estar realizado. Aquello que nos podría hacer pensar que existe el objeto adecuado que puede solventar la falta, que podemos contar, si nos esforzamos en ello, con las instrucciones necesarias para hallar el objeto adecuado, para encontrar el tesoro.

No hay relación sexual” es lo que Lacan proclama y lo que implica que hay una falta estructural en el ser parasitado por el lenguaje, lo que conlleva y es la causa del deseo. No hay relación sexual viene a decir que la relación sexual no se puede escribir y es precisamente por esa imposibilidad de escritura que no deja de no escribirse. Esa falta que no es falta de nada, sino falta de lo que falta, es la que promueve las diferentes formas de suplencia, suplencia de lo que no está ni estuvo nunca.

Lacan en el seminario “Aun” dice: “el discurso analítico demuestra que el falo es la objeción de conciencia que hace uno de los dos seres sexuados al servicio que tiene que rendir al otro”. El goce fálico es, precisamente, el obstáculo que no permite al hombre gozar del cuerpo de la mujer. Así es como Lacan lo define: “Con ф designamos ese falo que preciso diciendo que es el significante que no tiene significado, aquel cuyo soporte es, en el hombre, el goce fálico. ¿Qué es? Nada más que lo que subraya la importancia de la masturbación en nuestra práctica: el goce del idiota”.

Ahí es donde la mujer aparece como no-toda, no todo en ella es goce fálico. Propuesta de no-toda que viene a negar lo universal y alienta la posibilidad de lo particular en cada sujeto, en lo único de cada sujeto. Así la fórmula lacaniana de “La Mujer no existe”, en cuanto que no hay un universal de La Mujer, no hay una esencia de mujer. La Mujer, así en mayúsculas, como ideal del hombre, aquello que desde la posición fálica aparece como el objeto adecuado, como creencia, como sustitución de “una satisfacción sexual que no se realizó”, es decir, como síntoma. Lacan en RSI abre esta cuestión: “Para quien está entorpecido por el falo ¿qué es una mujer? Es un síntoma.”

La mujer como síntoma es algo que deviene con la cultura. Freud en el “Malestar en la cultura” nos dice que la formación de la familia tiene su origen en una transformación que la relación genital experimenta, pasando de ser “un huésped ocasional que de pronto se instala en casa de uno para no dar por mucho tiempo señales de vida después de su partida”, se asienta permanentemente en el individuo. El macho, entonces, necesita asegurarse la conservación permanente de los objetos sexuales, “las hembras, por su parte, no queriendo separarse de su prole, también se vieron obligadas a permanecer en interés de esta, junto al macho más fuerte”. Una operación de amor y así queda planteado “el reconocimiento del amor como uno de los fundamentos de la cultura. La mujer como objeto de deseo para el hombre y ella en relación a otros objetos que son los hijos.

Lo necesario de acotar este trabajo y poder dejarlo en el punto de la interrogación que desde un trabajo cartelizado ha provocado: ¿cómo se pude pensar la mujer como síntoma para el hombre, en el contexto de las rápidas transformaciones que en la época del post-capitalismo se vienen dando? ¿Cómo abordar esa creencia del hombre en La Mujer que viene a establecer el síntoma?

Repetir con Freud que “aquel impulso amoroso que constituyó la familia, sigue ejerciendo su influencia en la cultura” pero evidentemente con formas nuevas y diría que más complicadas.

La pregunta más inquietante se plantea así: ¿eso se cura? ¿Se trata de curarlo o esa cura es también un sueño del hombre que responde a su creencia?

Las posibilidades que se abren para un trabajo teórico parecen ser muchas. Sin embargo, el intento sigue siendo poder inscribir este trabajo en el campo que ofrece aquello que surge en la experiencia de una transferencia… de trabajo.

Terminar de la misma forma que Freud lo hace en el capítulo IV del Malestar, al que anteriormente también he hecho referencia: “A veces creemos advertir que la presión de la cultura no es el único factor responsable, sino que habría algo inherente a la propia esencia de la función sexual que nos priva de satisfacción completa, impulsándonos a seguir otros caminos. Puede que estemos errados al creerlo, pero es difícil decirlo. “(El subrayado es mío)

No sé si es amor que tienes, o amor que finges,

El que me das. Me lo das. Tanto me basta.

Pues no lo soy por tiempo,

Sea joven por error.

Poco nos dan los Dioses, y lo poco es falso.

Mas, si lo dan, aunque falso, la dádiva

Es verdadera. Acepto,

Cierro los ojos: es bastante.

Ricardo Reis

(Fernando Pessoa)

Un corazón de nadie”

Antología poética (1913-1935)

Antonia Torres Pérez

MUJER Y ESTÉTICA.

Antonia Torres Pérez

  1. INTRODUCCIÓN.

¿Qué entendemos por mujer?

Cuando hablamos de mujer, aparece la imposibilidad de describir lo que es una mujer más allá de una diferencia anatómica pues una cosa es hablar de la mujer por la posesión de genitales femeninos y otra la mujer como sujeto sexuado que asume una posición al margen del género en el que se inscribe.

Al mencionar los rasgos de la feminidad, en este término de “lo femenino” se inscriben tanto hombres como mujeres puesto que lo femenino no le corresponde a la mujer sino a esa posición en la que se coloca el sujeto. Es más, los rasgos propios de la feminidad se refieren a las características que tienen como resultado de su identificación ciertas representaciones o ideales culturales que en un momento dado de la historia nos sirven como modelo o paradigmas.

Pero la generalización de características comunes a todas las mujeres nos lleva a una posición rígida y normativa cuando la singularidad de cada sujeto va más allá de su género y de las características que lo puedan representar puesto que siempre se nos escapa la excepción, diferencia o anomalía que nos impide encorsetar al sujeto en un género.

¿Y la estética?

En cuanto al término estética, un primer lugar nos encontramos con la pregunta:

¿Qué se entiende por estética?

Aparece la relación de la estética con lo bello. Lo bello como la extinción del deseo por efecto de la belleza. Lo bello también

está relacionado con lo horroroso, la estética tiene algo que ver con la tragedia.

  1. ESTÉTICA Y TRAGEDIA

El libro “Psicoanálisis: Los nuevos signos”, recoge:

Hermoso será morir haciéndolo” refiriéndose a las palabras de Antígona, quien desobedece las leyes de Creonte -de no dar sepultura a su hermano- . Antígona prefiere ser castigada a la muerte antes que su único hermano varón no sea sepultado. “Hermoso” es una justificación estética a la tragedia.

De igual forma en el cuadro – Los Embajadores- de Hans Holbein- se observa la grandilocuencia de los personajes centrales del cuadro y como al alejarse pende la calavera. Ante la majestuosidad de sus personajes algo que también estará en ellos y por lo que serán tratados como iguales “la muerte” como el final de esa escena que representa el pintor.

Aparece también la estética como ocultación. Un ejemplo lo encontramos en “La cabeza de Medusa” que alude a la petrificación que se produce ante la falta.

En el mito hay una multiplicación de serpientes que salen de su cabeza con una función de velo: hay que ocultar que no hay nada.

También el maquillaje da a ver pero a la vez oculta, el cuerpo como lugar donde la estética realiza sus realces y ocultaciones. Se muestra para que no se mire a otro lugar donde nos encontraríamos con la falta, la incompletud, el rasgo que marca el tiempo, la imperfección en el cuerpo…

La relación de la estética con la tragedia la expresa el poeta Ángel González que recoge esta idea con gran belleza:

Mensaje a las estatuas.

Vosotras, piedras

Violentamente deformadas,

Rotas,

Por el golpe preciso del cincel,

Exhibiréis aún durante siglos

El último perfil que os dejaron

Senos inconmovibles a un suspiro,

Firmes,

Piernas que desconocen la fatiga

Músculos

Tensos

En su esfuerzo inútil

Cabelleras que el viento, no despeina

Ojos abiertos que la luz rechaza.

Pero

Vuestra arrogancia

Inmóvil, muestra fría

Belleza,

La desdeñosa fe del inmutable

Gesto, acabaran

Un día.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Hacia la piedra regresaréis piedra,

Indiferente mineral, hundido

Escombro,

Después de haber vivido el duro, ilustre,

Solemne, victorioso, ecuestre sueño

De una gloria erigida a la memoria

De algo también disperso en el olvido.

Ángel González

      3.- ESTÉTICA Y MUJER

¿Para quien son los cuidados estéticos? ¿Para quien las pinturas, pelo, maquillaje, tersura?

Siempre es para otro; incluso cuando es para uno mismo, está el otro que mira al espejo. La mujer en su discurso se encuentra muy vinculada a la estética ¿Por qué?

Quizá porque ha cambiado su función en lo social, está incluida en el ámbito del trabajo, en los lugares de poder que antes sólo eran ocupados por el hombre. Se dice que la mujer está caminando hacia esa liberación e igualdad en el campo laboral pero parece que esto no alcanza a lo que ella busca, que no lo vive como una liberación, sigue existiendo cierta desigualdad en la relación de pareja (cuando asume responsabilidades que deberían ser compartidas y luego aparece la queja) ,en el ámbito laboral( cuando siente que tiene que demostrar con creces su valía como mujer trabajadora) , en las relaciones sociales ( cuando ha de ser culta, simpática, sensible, guapa…).

¿De dónde proviene esta exigencia?

De la no -completud, de la ocultación de la castración, de la búsqueda del objeto radicalmente perdido, de esa abnegación que viene de años atrás pero en la que quizá siga instalada. Se recrimina cierto trato a la mujer como objeto de deseo. Si no es eso lo que quiere la mujer, qué buscaría en esa perfección física. En ella está presente la máscara (maquillaje, colgantes, adornos.) ¿Para qué o para quién?

El sentido de la estética, entendido como la percepción que se tiene sobre la belleza corporal, ha adquirido unas características específicas dentro de la belleza en la mujer contemporánea. Sería necesario como punto de partida para abordar la relación entre mujer y estética tener en cuenta las características de nuestra sociedad contemporánea.

       4.- ESTÉTICA Y CONTEMPORANEIDAD.

¿Cómo entiende y acepta la mujer la estética que este mundo actual le ofrece?

¿Cuales son los elementos característicos de esta estética contemporánea?

¿Cuál es el discurso estético expresado por la mujer en el arte contemporáneo?

¿Por qué les preocupa el cuerpo? ¿Por que lo siente como algo conflictivo?

Características de la contemporaneidad.

Según el sociólogo Baudrillard

La sociedad actual está dominada por las apariencias, donde el objeto ha perdido su función y el consumismo agresivo ha hecho que del objeto solo interese su imagen”

Las exigencias del mundo actual están dirigidas con más empeño hacia la mujer aunque no por ello el hombre escapa a estas exigencias.

La imagen corporal ideal es percibida con cierta desviación y está en función de parecerse a otro.

Aparece un arte trasgresor, un arte que plantea problemas en el que se manifiestan y expresan situaciones dadas en el entorno social, evoca la inconformidad del artista como ser social. La artista contemporánea hace un tratamiento del cuerpo como objeto visual dentro de una estética repulsiva y dramáticamente realista.

La estética considerada no como ideal de belleza, sino como recuperación de lo perdido.

Comercialización de productos, técnicas para alcanzar ese ideal de belleza, dietas agresivas que proponen soluciones fantasmas u oportunidades engañosas en las que no se cuenta con la especificidad de cada persona sino con grandes generalizaciones, tratando al sujeto como objeto.

Politeísmo de la belleza ¿Hay un criterio sobre lo que es bello o feo?

La dicotomía, alma/ cuerpo de la antigüedad se transforma en cuerpo/cuerpo.

El cuerpo como objeto de consumo, como objeto de deseo, el cuerpo como desecho.

Todos somos consumidores y hay quien afirma que la verdadera participación social en el mundo contemporáneo no se lleva a cabo por la presencia en determinadas organizaciones, asociaciones…sino que se ejercita a través del consumo. Aparecen slogans publicitarios “consumir es compartir”. . También aparece el cuerpo de la mujer como reclamo comercial, cosificación de la mujer.

La amoralidad del discurso capitalista.

El tiempo vivido con intensidad, algo que a los pocos minutos se olvida, la sociedad ofrece una intensidad no duradera, que no se extienda en un periodo largo.

En este marco contemporáneo al sujeto nada le es ajeno utilizado por su género para poner en funcionamiento toda la maquinaria que genera el mercado.

       5. ¿CÓMO ENTIENDE Y ACEPTA LA MUJER LA ESTÉTICA QUE EL MUNDO ACTUAL LE OFRECE?

Parte de las exigencias del mundo actual están dirigidas a la mujer aunque cada vez más el hombre se siente exigido en esto de la imagen.

Algunos fragmentos cotidianos extraídos de la calle recogen el sentir de la mujer.

Durante un viaje en autobús de un punto a otro de la ciudad escuchaba en los, asientos de atrás a dos adolescentes comentar. “Estoy rayada con la ropa que me he puesto, vamos a mi casa que me cambie” En este mismo momento se suben en el bus una chica con su madre y el novio de la primera, se las notaba bastante azoradas, se sientan y el novio les dice: “Tenéis que tranquilizaros, después lo veréis todo más claro” escuchaba atentamente y observaba la cara de preocupación de la joven ¿

Qué le sucede? En la mano llevaba una gran bolsa que ponía ( Pronovias) – tienda donde las novias se compran sus trajes para la boda) la chica continua discutiendo con su madre, al parecer la prueba de su vestido no había quedado bien y estaba angustiada, pues según iba contando , las pinzas del pecho no estaban bien marcadas y este no quedaba realzado. En fin deciden bajarse del autobús y volver a la tienda para dar una solución.

En el primer caso la ropa es vivida como señal de identidad, pertenecer a una clase, la ropa como marca que te define, cierto status, pertenencia al grupo de los que usan tal indumentaria, la identidad puesta en el objeto.

En el segundo caso aparece el realce ¿Acaso el pecho en la mujer no es algo que sobresale? Y además ¿Hay que realzarlo? La novia aparece como no-toda en ese detalle, la joven se siente en falta esto la angustia.

Los intereses sobre tener un cuerpo, el cuerpo debe responder a las exigencias de un sistema como instrumento de consumo.

¿Por qué preocupa el cuerpo? ¿Por qué se entiende como algo conflictivo?

Las imágenes del cuerpo perfecto, cuerpos jóvenes. La exigencia de cierta homogeneidad, han de parecerse a otros, que tengan un peso determinado, una talla aproximada, una fibrosidad concreta, una luz y belleza y todo esto para todos por igual ¿Dónde queda la diferencia? Las diferencias como marca del efecto del lenguaje, el paso del tiempo, el discurso que sostiene el sujeto, los rasgos… Nada de esto sirve cuando el cuerpo es tomado como objeto.

El concepto de estética que se maneja no va a beneficiar a la mujer, la estética manejada no es la más adecuada para su bienestar físico. Al cuerpo se le exigen dietas purificadoras, ejercicios de flexibilidad, tersura, se le pone a disposición de la cirugía, todo en pos de un ideal de belleza en el que no aparezcan los límites en el cuerpo. Hay una disposición a cierta esclavitud al amo que marca las tendencias estéticas, pero junto a esto aparece una ruptura con ese ideal. En el arte se refleja lo grotesco, cuerpos rotos, lo esperpéntico como contrapunto, como reivindicación a esos modelos que se han impuesto y que pretenden desposeer al sujeto de lo que no sea imagen.

      6. LA ESTÉTICA MÁS ALLÁ DE LO BELLO

El libro “Psicoanálisis: los nuevos signos” plantea la estética más allá de lo bello; hay una belleza ligada al goce y al deseo más que a lo universal del gusto determinado por la clase o grupo dominante. Lo hermoso ligado a un sacrificio o un bien que podríamos catalogar como necesario. No se puede ser alguien sino es en la entrega de una porción de goce a la civilización, hablamos de un sacrificio que no es resignación sino que sostiene la posibilidad misma de gozar”

La estética no solo está vinculada a lo artístico a la imagen. La pose de una persona testimonia algo, su manera de estar en el discurso, el gesto inmóvil, algo que va más allá de las palabras pero no sin ellas. En el habla, el inconsciente haya un decir en el gesto. El primer gesto como entrega, renuncia(los cuidados al recién nacido), como el gesto primordial aquí encontramos una dimensión estética más próxima al ser, al amor.

El amor como salida del sujeto ante un trato como objeto de consumo. Una dimensión estética del ser. La estética puesta en otro lugar que no es el cuerpo o la imagen que no es mostrar o deslumbrar. En esta dimensión estética del ser el tiempo se da , el amor aparece junto al otro y no es propiedad de ninguno ; surge en el encuentro con el otro y aparece la belleza de la mirada que no del ojo; sonoridad de las palabras que no de la boca, el gesto del amor que no es semblante, y una dimensión de entrega que no es sacrificio ; aquí mujer y hombre son sujetos de deseo que buscan una salida estética más allá o más acá de lo que se quiere mostrar ; el tiempo adquiere una dimensión de atemporalidad y quizá la vida podría ser vivida como ese suspiro que surge durante un instante en el que se contempla algo que nos conmueve.

Lacan pone de relieve como se puede encontrar una salida a través del amor y hacerse un ser, es decir obtener una consistencia de ser, a través del no tener. Esto ocupa un lugar privilegiado en la feminidad puesto que lo femenino enmascara el no tener , ese no tener al que Lacan da todo su peso al formalizarlo en estos momentos a través del concepto de privación , es decir no como una falta imaginaria de un objeto real sino como una falta real de un objeto simbólico. El concepto de privación no hace referencia al tener sino al ser. Esto hace comprensible la importancia que adquiere el amor pues guarda una relación con el ser y, por ello, creemos, ocupa un lugar privilegiado para “lo femenino”.

Finalmente estas reflexiones e ideas, expresadas al amparo de la lectura de textos de Freud y Lacan, entre otros ,sobre mujer, ética y estética, son fruto del recorrido realizado durante dos años en el cártel “ Mujer y vida contemporánea” , resultado de una transferencia de trabajo que ha animado a la lectura y escritura de ideas que se han ido hablando y tratando en el cártel y que con la exterioridad del

+ 1 que venía a descompletar y levantar los obstáculos, ha tenido como resultado una producción individual fruto de un trabajo sin jerarquías en la que se animaba a plantear las cuestiones que a cada cual nos iba suscitando el tema que habíamos abordado produciéndose dicha transferencia que ha permitido elaborar una producción y concluir este cártel.

Emilio Gómez

De la épica a la ley: la mujer ausente

El compromiso de trabajar un tema a la manera de un cártel delimita un espacio sin líderes con un elemento exterior  generado por el mismo grupo. En este espacio cada cual ha ido tomando los elementos significantes que ha considerado necesarios para elaborar el tema elegido con respecto al diálogo mantenido. Por tanto, la elección del subtema que me incumbe fue realizada en el contexto de conversación y lectura sobre lo conversado, aunque el producto me competa a mí.

Casi desde el principio, se estableció un modo de trabajo, caracterizado por diálogo y atención a la lectura en la palabra. A partir de la elección del +1 (elemento exterior), que se produjo apenas unos meses del comienzo del cártel, apareció  una lectura, que marcaba la separación de la primera etapa del cártel como un trabajo obsesivo: cártel de conocimiento. Esto señalaba la posición grupal y reducía el trabajo hecho hasta entonces a la preocupación por los textos y al excesivo apego a ellos antes del diálogo de los integrantes. Dicha lectura surgió como consecuencia de la agitación que producía en el grupo la presencia del +1.

Hasta ese momento  habíamos propuesto una base de apertura de tesis, partiendo del artículo: “acerca de la cuestión de la mujer: un debate posible”, de José Slimobich, derivamos a diversos seminarios de Lacan, que considerábamos concernientes al tema, del seminario XVII, “el reverso del psicoanálisis”, hasta el XX, “Aún”, tocando en algún momento el VII, “la ética del psicoanálisis”, esto ha sido uno de los soportes del cártel, sin estudio tampoco había cártel.

¿Cómo trabajar un tema tradicional aportando algo diferente al archivo de ideas arquetípicas? Otro elemento de lectura que aparece: leer al fresco, escribir con frescura. Y otro  que, a mi modo de ver, representa la condensación y multiplicidad de sentidos de la letra: traición, término que por un lado nos llevó a la ruptura de algo imaginario en el grupo, produciendo cierto momento de parálisis de producción, y a establecer una  división entre el tema tratado como  cártel o como cualquier otro tipo de grupo.

Un empuje surgido después de un debate duro en el seno del cártel. La aptitud del cártel de no enquistar las situaciones, cuando apareció un elemento pesado que hacía girar el diálogo alrededor de la consistencia, supuso una salida política que abrió  nuevas preguntas hacia el contexto político del cártel y el lugar del mismo como órgano base de la Escuela.

Para mí, a partir de ahí comienza el trabajo topológico del cártel, la situación de cada miembro del cártel con respecto a la tensión grupal, inevitable desde el momento que cada uno de nosotros parte de algo preestablecido, de una experiencia previa, cada cual la suya.

Dichas lecturas permitieron rescatar de mi memoria un campo muy especial que había trabajado hace tiempo: el amor cortés, campo que facilita cierta idea de mujer, la mujer como objeto inalcanzable, que posibilita otras conquistas. Es la mujer virgen, la mujer que, objeto de veneración, se convierte en  sagrado. Lo que estructura esta idea de mujer es el campo de la épica, cruzadas interiores, cruzadas exteriores. Una especie de restauración de la fe que la hace entrar en el tablero de la guerra como estandarte de conquista. La prenda venerada (el siffter, el objeto a) cosida a la armadura.

El obstáculo que implica la relación feudal de amo-siervo del hombre con respecto a la mujer, es salvado por los trovadores mediante un rodeo del lenguaje del que deriva el amor romántico, un campo de cruce entre lo masculino y lo femenino en el que se percibe la imposibilidad de la relación sexual,  campo de conquista que tarda tiempo en superarse.

Lacan habilita y sitúa los logros del amor cortés. La distancia del objeto despliega un campo de acción particular, la conquista de territorios lejanos que sirven  para llenar el vacío del objeto. Solamente quiero señalar esos pequeños matices y reincidir que, aunque a la mujer se le guarda un lugar muy venerado, eso no repercute en una ventaja para ella en la estructura social. Más bien al contrario, se siguen reflejando, en ese periodo, vejaciones y humillaciones clamorosas. (De la veneración no se sigue el aprecio, ni el reconocimiento, sino lo sagrado, que a su vez se relaciona directamente a lo impuro)

Aunque aparentemente estas conquistas culturales aparecen en periodos excepcionales necesariamente esperan otros que los superen. Para superar esta relación de objeto fue preciso, como señala Lacan, que apareciera en la cultura nada menos que el discurso de la ciencia.

No obstante es preciso pensar cuales son las diferencias y las pérdidas que se suceden entre estos dos campos, el del amor cortés y el de la ciencia, y  ya no sólo el campo de la ciencia, sino el de la tecno-ciencia, matizado por la alianza entre el amo y la producción técnica, en él se percibe de manera más que ostentosa la disolución del sujeto en el objeto, permitiendo la sustitución de los sentimientos por situaciones placenteras y calculables, que se generan mediante la eliminación paulatina del sufrimiento, con ello se consigue una mayor comodidad pero se niega cada vez más cualquier factor que suponga una encrucijada entre una decisión y la inhibición de la acción, la encrucijada se sustituye por una decisión prioritaria marcada por la utilidad, que salva los momentos de duda y sustituye la acción por la ejecución de tareas.

 

Vayamos por partes, ¿qué significa la mujer para la cultura?, Claude Levy-Strauss afirma que a lo largo de las civilizaciones la mujer se ha tomado como objeto de intercambio. Esto ha posibilitado la exogamia, la mezcla de tribus y linajes, el paso de la tribu a la polis, etc. Engels señala en el origen de la familia, la propiedad y el Estado esta revolución silenciosa: con la implantación de la propiedad privada se producen dos hechos a la vez, la división de la tierra en propiedades y la vinculación de la mujer a la propiedad del hombre. Por otra parte, José Slimobich, remarca esto: es una revolución que se produce sin pegar un solo tiro. Ambas partes extraen sus ventajas, la garantía de sucesión y propiedad en la familia, por un lado, y la preservación de la virginidad en la mujer para un solo hombre, por el otro. Eso no quiere decir que se beneficien en la misma proporción y  en la misma medida todos los integrantes de sendas partes, masculina/femenina. Solamente alienta aspiraciones que se manifiestan heterogéneas, pero que sirven para establecer un campo de dominio, una estructura.

¿Cuándo comienza la crisis de la familia? No son las sucesivas guerras mundiales, sino algo anterior lo que sugiere una primera crisis. El paso de la organización medieval a la organización capital aleja al padre del seno familiar, generando dos cosas, la necesidad de buscar el sustento en el mercado y el cambio de gobierno en el hogar.

El hombre y la mujer, al igual que los avatares de la producción, comienzan a quedar ligados al derecho de privado, al derecho que entiende que la emancipación más común del ser humano es la propiedad, derecho que sustenta a la vez el Estado Burgués. Se establecen dos tipos de propiedades, matizadas por el lugar en el mercado y por el lugar en la familia.

Este paso proporciona una especie de simbiosis entre la propiedad y la ley. Ésta toma las determinaciones de la propiedad, es decir, el derecho del uso y del abuso (ius utendi y abutendi). Cada vez que un sujeto es tomado por la ley, ésta suspende las esencias particulares de ese sujeto y las arrima a los supuestos generales que la ley concede. Digamos que la ley toma el cuerpo de lo que está sujeto a ella, extremándolo, podemos llamarlo habeas corpus,momento en el que se constituye el sujeto jurídico, este tiempo a veces es demasiado largo. Ahora bien, ¿el cuerpo de la mujer, tomado por la ley, es el mismo que el de la mujer, tal y como la entiende Freud, como enigma?, cuando la mujer se convierte en sujeto jurídico, podemos al menos establecer muchas diferencias con respecto a la mujer en abstracto. La idea jurídica de mujer también está tomada de la linealidad de sucesión y de supuestos de dependencia de la familia tradicional.

A diferencia de otras culturas, en la nuestra, queda más ligada al hombre, ya que la linealidad de sucesión se concede al padre, pues este paso en nuestra cultura ha sido dado por la imposibilidad de otorgar un origen de la sucesión que también incumba al hombre, a su vez se le hace responsable de una idea cultural preconcebida de indefensión (fragilidad del objeto). Según estima Engels, en el origen de la familia y el Estado, la mujer no tendría ningún problema en quedarse con todo si la propiedad se otorgara a partes iguales, no nos detendremos en el análisis de esa afirmación, sin embargo, creo que la disputa de la propiedad es el modo de litigio al que lleva este paso tan peculiar de la propiedad medieval a la propiedad capital.

Aún en las culturas africanas, cuya linealidad de sucesión pertenece a la madre, tiene mucho mayor peso el hermano mayor de la madre que el padre. Quiere esto decir que la responsabilidad sobre los hijos  recae en el hermano mayor de la madre.

Durante mucho tiempo  me costó mucho entender esto, qué aportaría esta diferencia a la relación sexual y a la vida familiar. La distancia occidental a la hora de abordar estas cuestiones hace que percibamos estos modos de relación social como poco evolucionados, aceptando los nuestros como mal menor. Sin embargo, parece ser que a nivel cotidiano cada vez que una mujer africana se queda embarazada, la paternidad es lo de menos, incluso habitualmente queda en entredicho. Ello supone que la mujer africana, a nivel de la familia es mucho más libre que la europea, ya que no queda ligada al derecho del padre. Es libre de acostarse con otros hombres, aunque esto esté coartado no por la ley, sino por creencias religiosas domésticas, profundamente arraigadas en algunos casos.

¿Podemos llamar  violencia del sistema al campo en el que se debate la emancipación de la mujer sobre el hombre, ley=propiedad, que determina el resto de los campos posibles?

Esto no resuelve ningún mito, pero sí hace abrir preguntas. Para atajar la violencia sobre la mujer, en el derecho occidental existe una figura que se llama discriminación positiva. Es decir, en un mismo caso de violencia doméstica la ley fallaría a favor de la mujer antes que a favor del hombre. Pero, cuando la ley falla a favor de la mujer lo hace conforme a la disputa de los mismos derechos que el hombre. Es decir, cuando hay en juego una familia, la familia pertenece antes a la mujer que al hombre, cuando hay en juego una propiedad, exactamente lo mismo.

Una mujer que pretende ser liberada de una unión lo hace conforme a dichos supuestos, es decir, supuestos de propiedad. Sin embargo, actualmente algunos juristas comienzan a darse cuenta de que esta especie de discriminación no implica para la mujer ninguna liberación, más bien al contrario ella tiene que sostener su nueva vida y, a su vez, hacerse cargo de las zonas que podemos denominar comunes. La navaja cortante de la ley divide así dos déficit, ciudadanos de segundo orden, por un lado, y el cuestionamiento de un modo de amor, por otro. La ley castiga el amor que conduce al maltrato. El protocolo oficial indica que cuando hay maltrato no se puede hablar de ningún tipo de amor, ni siquiera de ese que conocemos todos: hay amores que matan…

De la ética al aún: Lacan no parece satisfecho con lo elaborado en el seminario de la ética y  retoma el mismo problema en el seminario XX, el seminario del aún, quedan cosas por decir con respecto al placer y el bien, quedan cosas por decir en ese límite de la ética, y también en el otro, en lo bello. Las diferencias entre el goce masculino y el goce de los individuos que se inscriben del lado de lo femenino son planteadas por Lacan desde la teoría de los conjuntos, con dos campos delimitados que comparten una intersección.

Goce fálico/Goce del Otro

No parece que planteen una dialéctica de oposición, sino una dialéctica de desconocimiento, por tanto esencialmente inconsciente.

Una de las reflexiones que aparecen en el diálogo del cártel es sobre la distinción entre los modos de gozar del hombre y la mujer, modos de gozar que les hacen alejarse de cualquier condensación en el género. Esta condensación es más bien una condensación fisiológica, pero no por ello es capaz de contener los impulsos que funcionan de manera tácita en el seno del goce. Más bien al contrario, plantea la dificultad de asumir el goce de cada uno en el cuerpo del otro, produciendo efectos esotéricos en la ley, en el ámbito de lo que desea contener.

Un momento del trabajo del cártel muestra el problema de la pregunta por el goce, ¿por qué es tan difícil pensarlo?, aparece una ecuación difícil, la diferencia entre el goce fálico y el goce Otro se añade como un plus, un más allá que imposibilita algo paritario, en el momento que se habla de goce siempre se refiere a algo que hay más allá. Desde el instante en que aparece este debate se percibe la dificultad de generar una ecuación satisfactoria. Esto no se plantea en términos de identidad, sino en términos de diferencia, si eso no era, sería otra cosa. Imposibilidad de que la cifra sea capaz de mostrar el cálculo y proponer una conclusión cerrada. La experiencia nos muestra esta dialéctica particular entre el goce fálico y el goce Otro, la imposibilidad de ir más allá suscita que cuando concluye uno comienza el otro.

De ello tomé un apunte de Lacan, que se refiere al usufructo, y define éste como la distancia que hay entre lo útil y el goce.

Hemos de plantear las cosas en términos de diferencia, pero también en términos de establecimiento de un campo  que permita cierta atracción que no sea de feria, sino del afuera.

El usufructo de una propiedad se establece a cambio de no abusar de ella demasiado, sin embargo, la estructura de la pulsión (acéfala), no entiende de aspectos jurídicos, ni se atiene a razones, su satisfacción es el recorrido mismo o el desvío de su meta, pero no se satisface con la prohibición, más bien al contrario busca otros caminos. Por tanto, una prohibición no bastaría para calmar algo que sólo es tomado  por el lenguaje más tarde, él mismo se ve imposibilitado de pensar el origen de una maldad primigenia, si no es a costa de algo que está ausente, que no deja de no inscribirse.

La domesticación cultural del objeto de la pulsión mostraría continuamente una forma de abordarla más bien blanda. Constantemente se nos transmite a través de la publicidad cultural que los caminos del progreso son los únicos posibles, sin embargo las derivas de la maldad son latentes. Algunos voceros achacan esta violencia a la ausencia de educación, o la resistencia a absorber los nuevos esquemas que propone la cultura, no obstante esto no deja de presionar y muestra la ingenuidad de subsumir estas cuestiones en los amables aparatos de nuestra civilización, cuando su realidad muestra otros puntos de fuga.

La liberación de la mujer que ha conseguido nuestra civilización es más bien una liberalización mercantil de nuevos individuos para un mercado hambriento de nuevos seres en espera de ser explotados. La extracción de la mujer de la familia ha aportado nuevos elementos al mercado, muchas veces más baratos. El progreso de los derechos es mucho más lento que la retroacción de los mercados. A medida que la civilización aprueba nuevos derechos para la mujer, el mercado le recorta la subsistencia en la vía pública.

Por tanto, a nivel del Derecho, la mujer se representa como competidora de género, volviendo a recortar su lucha en el arrebato familiar y no en la lucha del mercado o del capital.

Es el mercado el que acepta a la mujer solamente en su inclusión obsesiva, con lo cual, esa especie de alianza entre el discurso de la ciencia y el discurso del amo, recorta de manera continua la forma de pensar  la relación sexual de goce fálico Φ (en el que también se incluye la mujer) a su correlato de ausencia, el goce del Otro, en el que se ubican los sujetos que marcan desde lo femenino las carencias del universo de la razón. La cultura sigue reprimiendo el universo de lo femenino, tal vez porque desde esa posición se cuestiona su orden, y esto representa una debilidad, un empobrecimiento.

Los individuos que se incluyen en lo masculino solamente captarían la existencia de este campo reconociendo algo de la castración, algo del orden de la falta en ser, que no tiene que ver con la propiedad de algo. Sin embargo, la ley civil muestra acá su impotencia, jamás podrá percibir algo de esto sujetando la emancipación a la propiedad, no podrá entender las revueltas de la violencia sin este soporte en el que el universo de lo femenino aparece como suplementario (no  como complementario o ingenuamente competidor) del universo masculino, no se satisface con la competencia sino que busca un acabamiento, pues en su conclusión lógica puede ser esquivado.

Me gustaría recoger, para finalizar este trabajo, algo de lo que fui testigo hace tiempo, algo que queda fuera del diálogo del cártel pero que ayuda al desarrollo de lo que me he propuesto. Juguemos un momento con este pequeño diálogo entre el goce fálico y el goce del Otro (S/A- que no es signo de amor). Inevitablemente no es la lengua materna la que nos lleva al mercado, sino algo extraño a ella.

En esta conversación informal (me disculpo por su inclusión) José Slimobich proponía: las mujeres no poseen ningún elemento fisiológico que las separe de la madre, por tanto, la lógica del goce supone que busquen un elemento separador de esta identidad loca, de esa alienación, en ese elemento encuentran algo que huye de un principio de identidad, es decir buscan algo que les haga no parecerse a sí mismas.

Para mí acá se ubica una lógica posible de la repetición de malos tratos (aunque no sólo), de la dificultad de abarcar esta compresión desde un ámbito que la protege de los modos siniestros del amor. Ahí, es necesaria una lectura política que posibilite una salida al horror sin negarlo.

PD. Es demasiado arriesgado aventurarse a armar una lógica de este tipo, una vez desarrollada o formulada comienzan a surgir elementos excepcionales que anularían esta lógica, sin embargo, si algo posibilita la irrupción de lo femenino en la cultura es el cuestionamiento de lo universal. Esto nos lleva a pensar una lógica del no-todo, aunque haya excepciones, estas no anulan su formulación, la mujer pueda estar a la vez del lado del hombre y del lado de la mujer.

Rosa Fornals

El canto de la sibila

Rosa Fornals

A partir de un tema (“Mujer y vida contemporánea”), de un artículo (“Acerca de la cuestión de la mujer. Un debate posible” de J. Slimobich), de un tiempo de diálogo, de confrontación, de grupo que devino cártel y un segundo tema, necesario, por lo inédito de esta forma de trabajo.  No sin dudas y con la teoría en la mano, me refiero no sólo al reconocimiento de “las lecturas” que iban apareciendo, sino también a las consultas sobre la manera que dependiendo de la urgencia, de las ganas y del hacer de cada uno dieron forma a una producción.

El trabajo-búsqueda que presento es  en  función  de diferentes  lecturas  de psicoanálisis en relación al antiguo canto de la Sibila y en torno, tal vez, a la intuición….

La mujer habitó un modo singular del “leer” esa “escritura”, modo del leer al cual podemos, también darle el nombre de intuición”.

en definitiva, dilucidar que ese atributo de la mujer, llamado intuición, era la posibilidad de leer esa escritura. Leer en lo que un texto presenta como palabra, otra cosa que lo que la palabra dice, radicalmente,  no teniendo nada que ver aquello que se dice con aquello que se escribe”.

 “La escritura ha sido llevada al plano de las teorizaciones allí desaparece la intuición en femenino”. Dice J. Slimobich en el artículo y concluye, “Queda aún por desarrollar las interrogaciones pertenecientes a una escritura apropiada a ese “leer” que la mujer cedió a un nuevo discurso: el del analista”.

Esta manifestación artística, este canto que perdura de la antigüedad no sabría decir en qué tiene que ver con la intuición tal como lo toma el psicoanálisis, no es lo mismo desde el momento en que se trata de una imagen, de un canto y está en relación a un origen, a ese momento de la mujer, mítico (en el que la mujer “leía” de un modo singular)….

Acudo a otro libro, «Lacan, entre el arte y la ideología» y me encuentro con este enunciado: «la música no tiene sentido, tiene memoria» y más adelante le aparece  esta  otra cuestión, «¿no será que la música nos hace soñar despiertos? No la entendemos, la sentimos. Y aquí se revela uno de los enigmas de la música como lenguaje: nos emociona el misterio.» «No poder explicar sólo saber que se siente, es la mística y es el goce femenino»

Y ahí queda eso… Otra vez el misterio, la intuición, la antigüedad, los sentidos, el goce femenino… ¿podrá responder ese canto?

En qué tiene que ver, entonces, el psicoanálisis con el arte…

P. Garrofe sostiene, «que no hay acceso en psicoanálisis a ese objeto a llamado voz, si no se acepta que en la palabra hay escritura» y añade «Pero la voz se lee cuando en vez de obedecer, que es tomar la delantera en una audición, tomamos distancia».

«La ética del psicoanálisis incluye una reflexión sobre el arte y la ideología»

«Una de las barreras que detienen al hablante en torno al vacío del campo central del deseo es el bien, la otra la belleza. Precisamente aquí situamos al arte como producción de formas adecuadas (dentro de la experiencia analítica) al fantasma”.

El psicoanálisis se aleja de la fascinación, el arte en más de una  ocasión produce ese efecto (RSI).

Sin embargo forma parte de la cultura como el arte

«Lacan señaló que la cultura por fuera de la sociedad, no existe».

«Lo que el inconsciente escribe, lo escribe con letras que surgen del vínculo social»

«Qué renuncie quien no pueda unir el horizonte de su práctica a la subjetividad de su época»

(«Lacan, entre el arte y la ideología» P. Garrofe ) 

Este canto definido no sólo como antigua “reliquia” de tradición popular en su  mensaje de esperanza en la creencia de una justicia final sino también como obra maestra de dimensión estética y espiritual (representaciones de las Sibilas tanto por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina como por Anglada Camarasa pintor fauvista catalán 1871-1957) rescatada en la actualidad, no sin dificultad, por músicos y  curiosos investigadores, de los sistemáticos borramientos de la Iglesia sobre todo del texto.

La relación de la música con la letra ha preocupado por siglos al poder y a la religión. Pues si la palabra cobra fuerza de ley cuando está escrita, al ser acompañada con música convence, sugestiona, seduce, subleva. Entonces vemos a la voz rivalizando con la música, y a la música haciendo sus alianzas con el poder. Es así que la Iglesia Católica prohibió en el Concilio de Trento las escalas construidas sobre el modo frigio. Y la Revolución francesa prohibió los conciertos de castrados.”

(“Lacan, entre el arte y la ideología”).

Después de un recorrido por las investigaciones históricas sobre este canto, son múltiples las interpretaciones desde la del riguroso que no la relaciona con las catástrofes y sí con un sentimiento popular de ritual y de justicia, que el pueblo repite año tras año, hasta la de dos mujeres una de ellas Montserrat Figueras (adjunto artículo) y la otra de Mª del Mar Bonet que lo verbaliza en el video «encontrado» (adjunto canto de la Sibila). Curiosamente los artículos de estas dos cantantes, vinculadas a la investigación musical desde lo histórico y lo social (a Mª del Mar se le prohibió cantar este canto en la catedral de Mallorca por haber firmado un manifiesto a favor del aborto) convergen sin embargo, en el carácter profético de este canto que les lleva a denunciar la destrucción de la vida que se produce sistemáticamente en la actualidad.