El discurso capitalista. (ponderación de la velocidad/forclusión del amor)

Emilio Gómez Barroso. Noviembre 2022.

El discurso capitalista

La crisis, no del discurso del amo, sino del discurso capitalista, que es su sustituto, está abierta. No es que yo diga que el discurso capitalista esté mal, es al contrario algo locamente astuto. En fin, es después de todo lo más astuto que se ha hecho como discurso. No por eso está menos consagrado a reventar.

Discurso de Milán (Jacques Lacan)

Este argumento, proferido por Lacan en Milán, tiene elementos muy interesantes y que todo el mundo ha pensado o ha leído en algún momento. Desde los primeros tiempos del capitalismo, el sistema alentado desde el incipiente poder de los comerciantes llevaba inserta la palabra crisis. Se conoce la crisis del trigo en Inglaterra, donde bajó su valor y dejó de ser rentable y nadie quería cultivarlo. Cuando los primeros economistas que teorizaban sobre el capitalismo no entendían muy bien, pues tanto David Ricardo como Adam Smith pensaban que el movimiento del capital sólo se basaba en la oferta y la demanda, el dinero pagaba una mercancía y su valor variaba solamente porque hubiera más oferta o menos demanda, apenas dos parámetros, sin esoterismo adyacente.

El problema de un sistema tan abierto como el capitalismo es que a medida que avanza comienzan a intervenir demasiadas variables en su solución y, a medida que los elementos de las fórmulas van creciendo se hace más difícil manejarlas.

En el último tiempo aparece una tendencia behaviorista dentro del capitalismo que intenta calcular todas las variables existentes en el comportamiento humano con respecto al consumo, que se complementa con las políticas del terror que provienen fundamentalmente de la Escuela de Chicago. Ahora sabemos más de la primera por la extensión de las empresas de Big Data que van calculando nuestros gustos.

Ahora bien, es interesante para entender la astucia de la economía capitalista comprender cómo fueron sus primeros pasos, la revolución del comercio, la revolución de los mercaderes, que pedían un lugar dentro de la corte, que hasta ese momento había estado compuesta únicamente por la Nobleza que defendía estrictamente sus bienes.

Marx comenta en los Gründisse (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política):

La sociedad burguesa es la más compleja y multifacética organización histórica de la producción. Las categorías que expresan sus relaciones, la comprensión de su articulación por ello procura al mismo tiempo el entendimiento de la articulación y de las relaciones sociales de todas las formas sociales desaparecidas, con cuyos escombros y elementos se ha construido, parte de dichos restos no superados se arrastran en ella, simples alusiones que han de desarrollarse hasta significaciones desarrolladas… la economía burguesa proporciona la clave de lo antiguo.”

La economía burguesa digiere las crisis adyacentes a su acción, y se reinventa en otro lugar. Emmanuel Wallerstein, historiador del capitalismo, señala que las crisis dentro de la economía capitalista se producen cada 20 o 25 años, sin embargo, a medida que se aceleran los procesos de producción y recogida de beneficios diversos estas crisis se van estrechando en el tiempo, es decir, su periodicidad se vuelve más breve.

Uno de los elementos que introduce la economía capitalista es la división del trabajo, las diferentes divisiones de la producción se producen al principio en diferentes espacios, para luego ensamblar el producto final. Como consecuencia se produce una especie de arrebato en el tiempo vivido hasta el momento:

  • Desposesión: primero se arrebata a una cantidad ingente de población sus condiciones de vida.
  • Apropiación del tiempo: se compra el tiempo que no puede utilizar en otra cosa que en trabajar para el que tiene las condiciones de producción.
  • Anulación del tiempo: se produce en las contracciones del capital, es decir, cuando este se retira de la producción y espera otro momento propicio para invertir sus recursos.

Lo cierto es que con ese movimiento de concentración comienza a aparecer en la historia un sujeto que no es consciente de su producción, no es consciente del producto final del que participa. La mercancía, aquello que se vende al final del proceso de fabricación es algo que se le ha ocultado al que ha ofrecido su mano de obra, le sorprende al final cuando la mercancía aparece bailando ante sus ojos, quedando fascinado por el brillo de ésta que favorece que sea consumido por mucha gente.

Cuando aparece este poder del comercio, despierta cierto recelo, el Ancien Régime se incomoda entre sus costuras, ya que intenta compartir el mismo traje del soberano y aminorar su poder absoluto, el amo antiguo mira de reojo, e incluso reprime su acción. Sin embargo, es muy pronto cuando los comerciantes se dan cuenta del desgaste, y en vez de luchar contra el amo feudal, las propias leyes en las que se basa se añaden a las feudales, montando un clima asfixiante para las clases populares.

Walter Benjamin dice que el poder feudal se da cuenta muy pronto de que lo único que puede hacer para frenar la ambición desmedida del comercio es constituir Estados compartidos, es mejor tener un poder tan pujante en la misma habitación que fuera de ella, es desde el interior que el egoísmo contribuye a esa especie de Leviatán donde se mitigan sus fugas y astucias.

Una de las primeras leyes que se aprueban en el nuevo parlamento prusiano, que incluye representantes del comercio y la aristocracia, es la ley llamada del robo de Leña, con intereses privados dentro de lo público. La ley no establece separaciones que ahora son aceptadas:

Convierte los elementos comunales en un obstáculo de la propiedad mercantil, la mercancía así protegida comienza a tomar carácter de fetiche. Ésta toma más valor para la ley que las costumbres populares.

– No establece la separación en la ley entre el elemento sancionador y elemento tasador.

No deja de ser increíble que la ley que intentaba aprobar el gobierno chileno, contra los mapuches, no hace más de una década para surtir de mano de obra a las minas de cobre se llamara también Ley del robo de leña.

Es interesante también por ello lo que sucede con el fenómeno de los cercados, de la parcelación de la tierra o como lo nombra Marx “enclosures”, la cada vez mayor implantación de este fenómeno, que inmediatamente gana la legalidad vigente, de la Inglaterra del siglo XVII, se va extendiendo hacia el continente; con este fenómeno se van orillando derechos antiguos, como el ius iure, que protegía al primero que llegara a tierras vírgenes, o el derecho de beneficencia, que protegía a los desposeídos, y que de alguna manera se le otorga a la Iglesia.

Al aparecer la nueva economía de la división del trabajo aparecen también leyes de vagos y maleantes; los que se niegan a trabajar son marcados a fuego en el rostro, con lo cual quedan estigmatizados de por vida con una marca demasiado visible.

Las tricotomías y competencias en las que entra el nuevo campo del derecho son comunicadas por Marx a su padre en las cartas que le dirige, a través de ellas intentan despejar el galimatías de la convivencia de derechos. Es mucho más tarde cuando el derecho a la educación entra en las fábricas textiles, donde la edad media de vida de los niños que trabajaban en los telares de Manchester no alcanzaba los 16 años.

En el Letrahora 6, José León Slimobich expone:

“…hay algo común entre el término «violencia» y el término «democracia». Ejemplifiquemos: tome usted una persona de cualquier punto de la Tierra y pregúntele lo siguiente: “¿Desea usted vivir en una sociedad donde existe libertad de expresión, libertad de circulación, libertad de prensa…?”, y le contestará, seguramente, «sí». Ahora repita usted la pregunta del siguiente modo: “¿Desea usted vivir en una sociedad donde la medicina es gratuita, donde la educación es gratuita, donde está asegurado el trabajo, donde la renta del alquiler no puede superar el seis por ciento de su sueldo?”, y le contestará, seguramente, «sí». Bien, la mayoría de las constituciones de los países recogen ambos grupos de aspiraciones, pero sólo pueden respetar algunos. En las democracias occidentales, en su mayoría, son los primeros puntos los que se respetan. A los otros, directamente, se los ignora”

“Mutaciones del término violencia” José León Slimobich

Este nuevo poder viene avalado por una virtud, el capitalista se sustrae al consumo descabezado, en él está mal visto el despilfarro y la frugalidad es su modus vivendi. La burguesía había tomado como valor la frónesis griega. Comenta Marx en el Capital, en el capítulo llamado “teoría de la abstinencia”:

Mientras que el capitalista clásico estigmatizaba el consumo individual como pecado contra su función y como un «abstenerse» de la acumulación, el capitalista modernizado está ya en condiciones de concebir la acumulación como «renunciamiento» a su afán de disfrute. «Dos almas moran, ay, en su pecho, y una quiere divorciarse de la otra

La burguesía se había considerado a sí misma como el único estamento social capaz de asumir para sí la suficiente entidad moral y superar los excesos de la aristocracia con respecto a un funcionamiento lógico de los Estados modernos. “Había heredado la consigna feudal de frugalidad para las masas a cuyas necesidades pretende servir”. Era la única clase capaz de emanciparse de la tutela política y religiosa anterior, que seguía constriñendo al pueblo llano.

Se promovía así, como nuevo motor económico, suficientemente astuto como para poner en movimiento la vida de la sociedad, y salvar las paralizaciones que sustentaba la vida natural, el dinamismo es otra de las columnas en la que se apoya:

En los inicios históricos del modo capitalista de producción y todo capitalista advenedizo recorre individualmente esa fase histórica el afán de enriquecerse y la avaricia prevalecen como pasiones absolutas. Pero el progreso de la producción capitalista no sólo crea un mundo de disfrutes. Con la especulación y el sistema del crédito, ese progreso abre mil fuentes de enriquecimiento repentino. Una vez alcanzado cierto nivel de desarrollo el «desgraciado» capitalista debe practicar, incluso como necesidad del negocio, cierto grado convencional de despilfarro, que es a la vez ostentación de la riqueza y por ende medio de crédito. El lujo entra así en los costos de representación del capital. Por lo demás, el capitalista no se enriquece como sí lo hacía el atesorador en proporción a su trabajo personal y a su no consumo individual, sino en la medida en que succiona fuerza de trabajo ajeno e impone al obrero la renuncia a todos los disfrutes de la vida. Por tanto, aunque el derroche del capitalista no posee nunca el carácter bona fide [de buena fe] que distinguía al del pródigo señor feudal, y en su trasfondo acechan siempre la más sucia de las avaricias y el más temeroso de los cálculos, su prodigalidad se acrecienta, no obstante, a la par de su acumulación, sin que la una perjudique necesariamente a la otra y viceversa. Con ello, a la vez, se desarrolla en el noble pecho del individuo capitalista un conflicto fáustico entre el afán de acumular y el de disfrutar

Ahora bien, ¿de qué elemento nuevo se surte la ganancia capitalista? El capitalista pone en marcha la división del trabajo, sin embargo, nadie se había dado cuenta hasta Marx de cómo era su ganancia, él lo nombra plusvalía:

… el patrón hace del trabajo una mercancía más. Entonces cuando el obrero dice” págame por el trabajo” este responde “yo te pago el trabajo” y ríe porque no le viene la ganancia de que no le pago el trabajo, viene de que el trabajo es transformado en mercancía y lo que no paga es el valor del trabajo como mercancía, paga el valor del trabajo.

¡Voltereta colosal! El capitalista no lo entendió hasta que Marx lo aisló, se regía por la ganancia, pero no entendía de dónde venía. Marx se lo explica, “lo que pasa es que usted le paga el trabajo realizado, pero usted no le agrega lo que hace con el trabajo como mercancía”. Su ganancia no es el trabajo más capital invertido, es el trabajo del capital más “el trabajo como mercancía”, es el plus, la plusvalía. Hasta que Marx no escribe “El capital” esto no se puede entender. Ahí es donde los obreros dicen: “queremos participar de la plusvalía”. Más aun, en el comunismo teóricamente se elimina la plusvalía. El capitalismo se vuelve capitalismo de estado. ¿Qué tiene esto que ver con el psicoanálisis?

José León Slimobich

En el Seminario 16 alguien le recuerda a Lacan que el objeto a de la pulsión es homológico a la plusvalía marxista, ¿qué quiere decir esto? Marx descubre que, con la división del trabajo, el hombre, el trabajador, produce más objetos de los que necesita, no puede calcular la cantidad de ellos en los que participa parcialmente. Es pagado como valor de trabajo, pero no con el valor de producto. Así, finalizando la jornada recibe un precio, pero hay un plus de objeto fabricado, ese plus va a parar al bolsillo del capitalista, como dice Lacan, el capitalista no se lo espera, simplemente ríe.

Por otra parte, en el ser humano, el infans, cuando recibe el alimento, cuando intenta satisfacer el hambre queda un resto de placer, algo le incita a seguir mamando, no solamente satisface la necesidad, sino que va más allá. En la medida en que la palabra va apareciendo la boca pasa de la función succionadora a la función invocativa, descubre así otra modo del placer en la boca. Por otra parte, como si fuera un input y un output, el infans percibe que a la vez que se alimenta también se le pide el escíbalo como producto, el control de esfínteres representa un dar o no dar, un soltar y retener, ahí Freud se da cuenta de que esta función de la pulsión representa el carácter. Es decir, le doy o no le doy, que es otra forma de controlar la relación con el otro. No deja de ser curioso que Freud establezca a raíz de esto la equivalencia escíbalo= dinero. Ahí es donde se establece cierto dominio sobre el otro.

Este dar o no dar también es privilegio del capitalista, aunque más tarde aclararemos la diferencia.

La mirada también se comporta como la voz, no se satisface con el objeto que mira, ni sabe por qué lo mira, simplemente lo hace. Esto es conocido por el mercado, el mercado produce continuamente espectáculo para captar la atención de cuantas más miradas mejor y durante el tiempo más extenso posible.

Así, intenta producir gadgets u objetos que capturen de la pulsión. Comida que entra por los ojos, e intenta satisfacer algo más que el hambre, aparatos de grabación más importantes que la voz propia, e imágenes seductoras que hacen que nos volvamos locos por imitarlas o parecernos a ellas. Todo un anticipo a cualquier vacilación y una forma de dirigir los gustos de masa que se componen por la captura y uniformidad del tiempo capturado.

La alianza entre el amo y la técnica es el giro que permite pasar desde el antiguo discurso del amo al discurso capitalista. Giro perverso, intercambio entre el amo como agente y el sujeto. Donde el amo pasa al lugar de la verdad, oculto así del lugar visible de la acción:

En el lugar de la producción tenemos esos gadgets que va produciendo la tecnociencia, y en el lugar del agente un sujeto susceptible de ser llenado con objetos de consumo. Esta perversión o cambio de términos no solamente los troca, sino que cambia el giro del discurso, convirtiéndose en un discurso que sólo se agota en sí mismo, no es un discurso que dialogue con los otros discursos, sino que aparentemente es autosuficiente, y oculta el significante amo o la orden a los ojos de cualquier racionalidad. Es por eso por lo que el éxito del capitalismo es haberse transmitido como imposible de ser relevado. En los últimos tiempos observamos con impotencia la imposibilidad de corregir su acción, si anteriormente en otras etapas del capitalismo había un amo visible, en la actualidad no se nos facilita ese visión, incluso el nuevo mesianismo en el caemos una y otra vez con gobiernos virados hacia la ultraderecha no son otra cosa que una vuelta al medievalismo con la esperanza de que se vuelva visible la figura de un culpable al que abatir. La competencia ya no se da en la lucha de clases, sino entre diferentes formas de habitar el capitalismo (financiero versus productivo).

Cuando Lacan afirma que el capitalismo tiende a reventar apunta a ese cambio de giro que ya no necesita del amor. El capitalismo es despiadado y produce desechos continuos. El valor mismo ya no es marcado por la cantidad de trabajo necesario para producir la mercancía, sino por la ambición y la sustracción, puestos ambos a una velocidad vertiginosa.

Los viejos elementos de localización de la racionalidad cartesiana: el espacio y el tiempo, han sido sustituidos por una única referencia huidiza, la velocidad. Paul Virilio, en su texto velocidad y política propone que para entender algo de la realidad actual no hay que dirigir el cursor a los elementos significantes clásicos, sino a pensar el elemento velocidad, posiblemente con un centro incentivador de la prisa que, a su vez es acéfalo y ansiógeno.

Hay un grupo crítico surgido en Alemania con diferentes autores como Robert Kurz, Anselme Jappe, Roswitta Schölz, etc., que basa esta velocidad en la crítica del valor en Marx y en las teorías del fetichismo. Bien, este grupo apunta a que el capitalismo produce dos límites, uno interno, a medida que aumentan la velocidad de los procesos se reduce el valor de la mercancía, y otro externo, ligado al anterior, los límites planetarios de acoger los restos de la producción sin que el planeta se vuelva cada vez más hostil.

Emilio Gómez

Homenaje a José León Slimobich Pogarelsky

Destacado

7 de agosto de 2022

Pepe Slimobich

A los que ponen un lobo en su rostro cuando comen cordero
Ceux qui mettent un loup sur leur visage quand ils mangent du mouton
 Jacques Prevert

José León Slimobich (con b larga para respetar la grafía de la confusión migratoria) Pogarelsky, siendo un psicoanalista, pensador, militante y hacedor de cuerpos poéticos, presente en múltiples foros psicoanalíticos, eligió desde hace más de 30 años, pertenecer a la Escuela Abierta de Psicoanálisis.


Se alejó con firmeza de la purpurina política que otorgaban los escenarios multitudinarios para trabajar lo que él mismo, a través de la lectura viva de Freud y Lacan, llamó el paradigma del leer. Slimobich (con b larga) entendía muy bien que la política necesita de la visibilidad, de la imagen, y también que las apariencias engañan. Basó este paradigma en el campo de la ética (que se alimenta más de la voz y el corazón), por ello para él un seminario central era la ética del psicoanálisis, y no cedió a ninguno de los cantos de sirena que despertaban su quehacer clínico para incluirlo en las cortes monárquicas.


Tentado por el campo freudiano para un lugar en su jerarquía eligió embarcarse en la fundación de la Escuela Abierta de Psicoanálisis junto con otros compañeros. Eso le hizo encontrar lo sorprendente en lugares que tienen más que ver con el arrabal (como el tango, su música) que con la ciudad dormida. Esta Escuela se fundó bajo el modo asambleario no jerárquico, ni democrático, desde la voz de la asamblea cada uno tomaba decisiones para allanar el camino al texto de los nuevos sentidos.


No dudó en frenar, driblar, correr hacia adelante, hacia atrás, volar, con tal de combatir el aburguesamiento del diván. Fundamos también Letrahora en un momento político duro, la enésima crisis argentina, leída por él como el nuevo laboratorio mundial de la precariedad y huida de capitales hacia lugares sin miedo. También leyó el casamiento de la ciencia y el capital que traería la licuefacción de los polos, porque sabía muy bien que el amo cambia los rumbos del saber instrumental para aprovechamiento propio. Eso es discurso, compañeros, y no un saber psicológico de la letra psicoanalítica.


Una época dura como la actual nos conminó a todos al aislamiento, pero aún así seguimos estableciendo contacto a distancia, no deteniendo el trabajo analítico, ni siquiera el político, José León siempre estaba ahí para escuchar y alentar nuevas ideas, incluso echar unas risas, porque el humor no faltaba, y hay cosas que no se pueden comprar. Comenzaron desde ahí a aparecer dosier en Letrahora que expresaban la inquietud del nuevo orden y jornadas que la pantalla posibilitaba.


Es difícil traducir esto a otras lenguas, pues el significado se confunde cuando la voz suena familiar. La traducción funda el equívoco de cambiar el sentido de las cosas cuando las palabras se escriben de manera parecida, los falsos amigos del lenguaje y la política se surten de la fe y la desesperación, pero Pepe no era un hombre de fe y tampoco se dejaba llevar por la impaciencia. Sabía muy bien que la repetición era el lugar de lo inconsciente y que siempre aspira a la novedad, eso no le arredraba… Esperaba, pues su descanso era una letra que a los orillados nos transmitió como lugar de la desapropiación, de la desapropiación de sentido y de la desapropiación del yo. Un lugar vacío hecho de voz dormida, de mirada ciega, de resto y del sabor de inútil que marca el lenguaje poético y que permitió hacer cosas que ninguno de nosotros hubiéramos sabido hacer desde la reflexión y el pensamiento, decía: uno hace más con lo que no sabe que con lo que sabe, eso me llegó directo al corazón.


Implicaba esto ya una acción, la del no saber, la del no tener ni idea, transmitió muy bien que la posición del psicoanalista es no tener ni idea, y aun así no desesperar, lo importante es el discurso, no la normalidad.


Deja muchas cosas, muchos caminos abiertos, mucha letra viva y soñante, porque conocía muy bien que el sueño es un lugar atemporal donde habitan las letras por venir, quedan muchos pedazos rotos y ese lugar que dejó para ser hablado de nuevo.
Vaya nuestro sentimiento más cordial hacia la familia y amigos.


Un abrazo enorme amigo y compañero.


Emilio Gómez Barroso
Presidente de la Escuela Abierta de Psicoanálisis en España

Lacan: Estructuralismo y homología Plusvalía/plus de goce

Emilio Gómez Barroso

(una lectura de la introducción del seminario 16: “De otro al otro”)
La esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabras

Para demostrar esto sabemos que Lacan ha explorado otras ciencias con la intención de establecer la relación de los discursos con la verdad, así:

  1. Cuestiona el saber evolutivo producido desde la filosofía
  2.  Intenta que el psicoanálisis vuelva al espíritu freudiano. Los epígonos de Freud lo habían llevado a una realidad que falta a la verdad freudiana, a saber, que el psicoanalista está ubicado en el discurso de manera no jerárquica, ya que trata de hacer con el lenguaje algo que no termina en la persona, por más reconocimiento que se le prodigue.

Lacan comenta el nicho en el que la cultura le ha ubicado, inventándose ese neologismo que es “poubellication”, que alude a la vez al cubo de basura y a la aparición de un texto en el espacio público. En ese lugar, que nombra así, hay personajes, nada menos que de la talla de Samuel Beckett. Merece la pena repasar al menos sus ideas en el teatro, el absurdo, o leer la carta alemana.

http://lafogonera.blogspot.com/2011/02/carta-alemana-samuel-beckett-1937.html

en ella dice Beckett:

“Esperemos que llegue el día, gracias a Dios ya llegado en determinados círculos, en que la lengua se utilice con la máxima eficacia allí donde con mayor eficacia se inutiliza. Como no es posible eliminar la lengua de golpe y porrazo, al menos será preciso no dejar cabos sueltos que puedan propiciar su caída en descrédito. Abrir en ella un agujero tras otro hasta que lo que acecha detrás, sea algo, sea nada, comience a rezumar y a filtrarse.”

Parece ser que el término publicidad ya era muy usado desde el estructuralismo, sin embargo, Lacan le da una vuelta más, transforma lo público en la poubelle. Este término ya es un anuncio del lugar que ha de ocupar el analista con respecto a esas letras que van escribiendo en una escucha.

Lacan dice que no se siente mal en ese mercado inútil.

A Lacan, entonces se le identifica con el estructuralismo, con respecto al tratamiento del lenguaje. Esta teoría nace con un texto de Ferdinand Saussure titulado “Tratado de lingüística general”, trata en esencia de las relaciones entre lo fónico, lo escrito y la realidad y, por otra parte, de las diferentes cadenas del lenguaje, sincrónica, que tendría que ver con lo que sucede en la actualidad con el lenguaje y diacrónica, cuando se toman diferentes épocas en una misma lengua, incluidos aquí términos desaparecidos u olvidados que pueden volver en algún momento con otros sesgos.

En el momento que aparece una teoría se empiezan a constituir diferentes formas de abordarla, diferentes escuelas. Para el estructuralismo aparecen la Escuela de Praga, Escuela de Copenhague, incluso una escuela americana. Cada una desarrolla un aspecto diferente de la apertura estructuralista. Y Lacan dialoga con representantes de cada una de ellas.

Ubiquemos un poco su importancia, ya que nos va a ayudar a entender mejor lo que Lacan persigue. Lacan dice que él entiende el estructuralismo como una teoría de lo serio, entendamos por serio, no lo que es grave, sino aquello que puede hacer una serie con distintos elementos que anteriormente no se habían relacionado. ¿Por qué entender que solamente lo íntimo pertenece a lo interior y no tiene que ver con lo público? ¿Por qué lo insignificante, lo no- culto, no tiene relevancia en el lenguaje oficial? ¿Se decide el lenguaje en los despachos que lo hablan intentando respetar reglas fijas? ¿No hay una incidencia de lo público en lo íntimo y viceversa?

Se trata de una manera de abordar el lenguaje, cualquier tipo de lenguaje sin apelar a estructuras bastardas a él, ¿cómo se puede estudiar si no otras lenguas que poseen orígenes diferentes a las mayoritarias?

Estas ideas del estructuralismo se trasladan a otras disciplinas como la antropología. Es decir, la antropología comienza a utilizar la de oposición de términos y la contigüidad de los mismos, y también introduce en el lenguaje modos que habían sido orillados, como, por ejemplo, los cuentos y los mitos, observando rasgos comunes en culturas diferentes. Levi-Strauss introduce el estudio de la etnografía que parte de la lengua in situ y no de la tradición de estudiar lenguas y costumbres extrañas a nuestra cultura desde las casillas diseñadas por las lenguas de prestigio.

 Lacan, por tanto, se ubica en esa especie de polémica que intenta romper una tradición. Es desde ahí, desde donde comienza a extraer sus elementos de discurso.

Primero el sujeto. Tomemos frases del lenguaje en las que aparentemente no existe sujeto, la frase “llueve”, para un español es más impersonal, pero un francés le pone un sujeto “il pleut”, no es lo mismo el fenómeno meteorológico que lo que se hace con la lluvia, así no es lo mismo que llueva para un campesino que para un ingeniero de estructura hidráulicas, los dos hacen con la lluvia cosas diferentes. Es decir, en esa frase hay un pensamiento previo.

Es interesante ver el alcance del estructuralismo, incluso en la crítica social. Hay un texto de Jacques Prévert que se llama “La lluvia y el sol”,( Prévert era amigo de Lacan, poeta) en él hay un poema que se llama “escuchan gente de Vietnam”, cuando era una colonia francesa, Prévert relaciona las costumbres de la gente del Vietnam, primero con una especie de ditirambo, su actitud con el campo, con los elementos meteorológicos, para después hablar de la guerra de familias, y de algo tan lejano como la bolsa de Paris, está incluido en un todo, pero parece un mapa perfecto de las causas del Vietnam.

Pongamos algún fragmento:

“Esos seres inferiores/arquitectos bailarines pescadores mineros/…paisanos y pastores artesanos y portuarios…/Esos seres inferiores/ no sabían odiar más que al odio/no despreciaban más que al desprecio/Esos seres inferiores/ no temían a la muerte/tanto amaban al amor/tanto a la vida/…

Pero/había también venidos de muy lejos/los Monopolitanos/los de la Metrópoli y el atractivo de la ganancia/…y también los misioneros y los confesionarios/…De pronto los rápidos de la Historia arrastran/sus barcos de papel moneda…”

No es extraño pues que Lacan relacione al estructuralismo con la verdad como causa, aun así, muy lejos de las Weltanschaungen, muy lejos de las cosmogonías.

Entonces, Lacan exclama: ¿para qué tomarnos el trabajo?, no hay universo de discurso, sino más bien algo que está interrelacionado en base a los desplazamientos, a las metáforas y a algo que no deja de no estar como estructura.

He descrito los primeros elementos de la idea de discurso lacaniano, el sujeto, no como un yo, y también los significantes, ahora bien, Lacan arrima el significante, no al significado, sino al campo del discurso. ¿Qué quiere decir? Que no lo conecta con el significado, sino que la barra que introduce Saussure entre el significante y el significado es una barrera que se mantiene, no hay relación con el significado, el significante solamente representa al sujeto para otro significante, el sentido no lo otorga la relación arbitraria del significante con el significado. Este es el estructuralismo de Lacan, que de alguna manera se diferencia del de Saussure, del de Jakobson, Escuela de Praga, o Himselev de la Escuela de Copenhague.

Por otra parte, Lacan desarrolla aquello que tiene que ver con el objeto a. Hay algo que queda fuera del saber, y esto es muy interesante porque tiene que ver con la posición. Parte del pote de mostaza, ese pote que ya porta el nombre del contenido, ahora bien, nos dice que el contenido o la materia de que está hecho no es el significante, es decir, no es la sustancia que contiene lo que le da su valor de circulación, sino su hueco, el que haya sido vaciado, susceptible de ser llenado con cualquier cosa, eso es lo que hace que circule de un lugar a otro, eso es lo que queda como investigación incluso arqueológica, que el pote, la urna mortuoria, el tambor o cualquier objeto vaciado acabe en la estantería de un coleccionista, por ejemplo.  Eso es importante, volvamos a Jacques Prévert, el coleccionaba caja de fósforos, aparentemente un objeto que en sí mismo tiene un valor de uso. Pero lo interesante era la disposición que Prévert había encontrado para colocarlos a la vista, encajados unos con otros como haciendo un friso en su casa, ahí es donde se va la mirada, a un orden que atrae, el objeto no es el objeto en sí, sino eso que le hace ser atractivo a la mirada, eso que hace que muchos peguen sus ojos cuando aparece con su brillo, es decir lo atractivo del asunto es que el objeto captura la mirada.

Lacan recurre a Marx. Partamos de la división del trabajo. Uno de los éxitos del capitalismo es haber conseguido fragmentar el trabajo, para así con una especialización mayor, lograr que un grupo de trabajadores sean especialistas en fabricar, por ejemplo, patas de silla, otros, tableros para sentarse, otros acolcharlos, otro producir las espigas de ensamble, otro los tapones para no hacer ruido, otro barnizarlas para que duren y luzcan. En los orígenes del capitalismo ya, estos lugares donde se producían los diferentes pasos estaban alejados entre sí, muchas veces en diferentes localidades, en el caso de Holanda, por ejemplo. Esto lo narra Marx en el Capital, ahora bien, ¿cuál es el resultado?, el producto acabado. De la madera original se produce un objeto que baila en el mercado a la vista de todos, seduciendo como si fuera un espectáculo que nadie ha visto producirse en su totalidad. Su valor, el material que ha sido utilizado más las horas de trabajo que necesarias para su elaboración.

Ahora bien, las horas han sido pagadas a un valor, a cada manufacturero el suyo, cada cual ha producido unas cuantas unidades, sin pensar cuántas necesita él mismo, sino cuantas necesita el patrón. El exceso de producto sin pagar se lo embolsa alguien, eso es lo que se llama plusvalía, todo un síntoma. Aparentemente no hay nadie consciente que la produzca, sino que es un exceso del hacer que alguien se apropia, y esto es fundamental para el siguiente paso, la relación que existe con eso que se nombró como homológico y que es lo que nos interesa, el plus de gozar. De ahí es de donde extrae Lacan ese objeto “a”, de ahí y de el “más allá del principio del placer” freudiano, eso que queda tras el acto de nutrición o la mirada que se constituye precipitadamente porque nos muestra una imagen completa que no existía de antemano, y que devuelve una sensación de cuerpo alucinado, hecho de fragmentos que no están en el interior, sino en el exterior.

Ahora bien, ¿qué relación tiene el saber con todos estos elementos del discurso? ¿Esto se puede captar mediante cierto saber?  hemos visto muchas veces esa fórmula del discurso universitario. A Lacan le interesa ver qué relación tiene el saber con la verdad o con la satisfacción. Así comienza el primer seminario que dedica al discurso en esa fecha que ha supuesto muchos cambios en los Estados y en la forma de gobernarnos.

La Universidad está en crisis, crisis de su relación con los estudiantes, hay altercados y como saben el mayo del 68, Lacan se dirige a ellos y les da un lugar en el discurso, En relación con la verdad y la interpretación sin desligarles de ese objeto de goce:

Si el mercado de los saberes está tan especialmente sacudido por el hecho de que la ciencia le aporta esa unidad de valor que permite ahondar en lo que atañe a su intercambio hasta sus funciones más radicales, no es por cierto para que el psicoanálisis presente su propia dimisión, cuando puede perfectamente articular algo al respecto. Todos los términos empleados a propósito de esto, como el de no conceptualización, toda mención de no sé qué imposibilidad, solo designan la incapacidad de quienes los promueven. Sin duda la estrategia con la verdad, que es la esencia de la terapéutica, no puede residir como tal en ninguna intervención particular llamada interpretación. Sin duda en la práctica pueden hallar su oportunidad todo tipo de funciones particulares, juegos felices en el orden de la variable. Sin embargo, esta no es una razón para desconocer que solo tienen sentido si se sitúan en el punto preciso en que la teoría les da su fuerza.

Sobre el diálogo

Sobre el diálogo
Un artículo de Pedro Muerza

¿Qué quiere decir dialogar? ¿Hay posibilidad de diálogo? En la actualidad, cuantos más medios tecnológicos tenemos para comunicarnos, más se habla de aislamiento social.

Habla, te escucho. La particularidad de esta forma de comunicación es que dialogar implica un interlocutor, que lo es, no porque responde sino porque promueve el interés de seguir hablando con él. A veces, pensamos  en la respuesta que le vamos  a dar en lugar de escucharle. En otras ocasiones, lo más difícil es callar, no ser empujado a decir lo primero que se nos ocurra.

En cualquier tipo de diálogo, lo que  importa que el interlocutor siga hablando. Darle una acogida y escuchar para que siga hablando: sí,…ya…, mmm…; con eso, tiramos de la cuerda del lenguaje, vamos abriendo el tema a tratar. Esa actitud nos permite interrogar, decir “no sé”, pedir una aclaración y así puedan ir apareciendo  otros dichos o decires que no estaban antes. Sí, hay una diferencia entre el pensar algo y decirlo. Al decirlo, puede aparecer otra cosa.

El diálogo  se constituye al hablar con otro que es diferente a nosotros. Esta diferencia permite la distancia necesaria para ver la particularidad del otro que es un semejante pero radicalmente otro, por eso es imposible ponerse en el lugar del otro.

El elemento material del dialogo es el lenguaje que se compone de palabras y silencio.

Las palabras nos sirven para aclarar, tranquilizar, desdramatizar, para decir la verdad y también para mentir. Nos proporcionan gozo, placer, humor, risa.  También se pueden convertir en arma de dominio, de desprecio y quizá el mayor desprecio es el  desprecio por la palabra del otro.

Además, está la estrategia sobre el silencio. Así vemos el silencio destructivo de la negación que intenta reducir a nada acontecimientos importantes, hechos y  dichos que, por silenciarlos, se quiere hacer pasar como si no hubieran sucedido.

¿Desde dónde se hace la escucha? Es diferente si escucho a alguien para cambiarlo, para convencerle, para dirigirle, para enseñarle, para adoctrinarle, etc.  La posición de escucha en un dialogo designa una posición contraria al dominio, a la imposición.

Hay distintas situaciones en las que, aunque se habla, no se dialoga.

No se dialoga cuando se dice siempre lo mismo. Entonces las palabras se desgastan, no llevan a la acción, son como las gallinas que cacarean pero no ponen huevos. Es el consabido bla,bla,bla. Se habla sin decir nada, se mete ruido.

Tanto a nivel individual como colectivo, hay situaciones donde se da una yuxtaposición de monólogos o diálogo de sordos. Ocurre cuando desaparece el valor simbólico de las palabras, su función mediadora. Por ejemplo, decir padre, madre, compañeros, es nombrar las diferentes funciones que cada una de esas palabras transmite. Si se les quita ese valor simbólico quedan como palabras sin contenido diferencial. Todo queda en el registro imaginario. Por ejemplo, las peleas inacabables: “tú eres un listillo”, “anda que tu”. Pelea de las imágenes con su saldo de hostilidad, de agresividad.

No hay diálogo si nos quedamos en la queja, en la atribución de la culpabilidad al otro o en el mero reproche. Tampoco  hay diálogo  cuando al otro se le interpreta en el sentido de  “lo que te pasa es que eres…” En ese caso estamos diciéndole: yo tengo un saber independiente de lo que tú dices y  trato de que lo aceptes, es más,  trato de imponértelo. Por eso, la respuesta a esta  interpretación de saber es siempre de enfado y  de enojo.

No hay diálogo igualmente cuando se intenta que nada del otro quede desconocido. ¿Cómo? Con el insulto. Lo sé todo de ti, eres solo eso.  Un intento de reducir al otro y petrificarlo bajo la injuria, que todo su ser sea ése y solo ése.

No siempre es posible dialogar. Bien sea que uno no quiere  dialogar con cualquiera, o bien que el otro  tiene también sus límites (indiferencia, hostilidad, odio). Estos límites hacen que las buenas intenciones y la buena voluntad no sirvan.

Tampoco se puede hablar de que haya un modelo de diálogo, un modelo ejemplar que se pudiese aplicar y que llevaría a “saber” dialogar en todo momento. En cada situación, en cada conflicto, bien sea familiar, de pareja, de trabajo, hay que ver qué obstáculos concretos y qué dificultades surgen haciendo posible o no el diálogo.

El diálogo analítico toma en cuenta que hablar es también decir más de lo que se sabe, que cuando uno dice  no sabe lo que dice o puede estar en juego otra cosa que lo que se dice. Por eso, la apuesta del psicoanálisis es que, usando las palabras de uso común, se construya un diálogo donde vaya apareciendo la implicación que uno tiene en su propio malestar y que desconocía absolutamente.

¿Qué conclusiones pueden servirnos a todos?  Cuando alguien habla, hay en su palabra la posibilidad de creación para resolver una situación planteada. Para que eso suceda, es necesaria una actitud  que conlleva la anulación de un saber de antemano.

Así, podemos ver el poder de transformación que la palabra tiene, la palabra que hace, la palabra que actúa. Por ejemplo, decir No al individualismo que nos lleva a encerrarnos cada uno en nuestro pequeño mundo o No a la corrupción que nos propone el sistema o No a la sensación de que el semejante es un enemigo ante el que solo cabría cultivar la hostilidad.

Pedro Muerza

 Psicoanalista de la Escuela Abierta de Psicoanálisis

 

El sistema y los discursos

MoebiusEncuentro del 2 de noviembre de 2013 del seminario «Pensar lo colectivo: discurso y lazo social» organizado por la Escuela Abierta de Psicoanálisis

–  Argumentos de un discurso 
¿cómo se pasa de la dialéctica (amo- esclavo) a los discursos como girando?

– apuntes topológicos
 
Los cuatro discursos.  Agentes del discurso
 
¿qué es el doble agente?

Discurso del amo/Pseudo discurso del capitalismo
 


Los detractores del psicoanálisis aducen que éste es una disciplina que se ciñe a la soledad del diván, una conversación de a dos que muchas veces no se puede transmitir con los presupuestos lógico-científicos, un espacio para hablar de cosas íntimas, que surge en el seno de una sociedad burguesa muy diferente a la actual, con urbes pobladas de gente cuya prisa no les permite detenerse en tiempos muy latos, que no es una disciplina científica comprobable. ¿Pero quién dice que la observación científica no introduce variaciones en lo que se observa? ¿Y quién sostiene ahora que la hermética del laboratorio no cambia cuando se abre al mundo? (actualmente ya se reconocen niveles de investigación en los que se reduce considerablemente la incidencia del observador, intentando mitigar la intrusión bastarda en el medio investigado para evitar fracasos posteriores)

Todos los argumentos son válidos, si se toman aisladamente sin apelar a los mecanismos que pone en circulación el dispositivo analítico, la significación no entrega sus conclusiones con el forzamiento de los razonamientos, es decir hay que dar tiempo al tiempo, o ¿acaso el resto de las disciplinas no necesitan un tiempo de despliegue?

La Historia es el desarrollo del concepto, según despliega Hegel en la Fenomenología del Espíritu, si lo tomamos como cierto, ¿no es demasiado pretencioso que el concepto no se equivoque? ¿no es demasiado pretencioso pensar en su infalibilidad? Las perspectivas actuales y la incidencia del mercado nos permiten vislumbrar que el hombre se subsume en una dinámica maquinal, puede que la victoria del concepto puro y la astucia de la razón sobre la imbecilidad se hayan alejado de nuestro horizonte,  y es difícil verlo (al concepto) arando el surco del campo ideal. Y por otra parte, ¿no es cierto que la historia es la evolución del tiempo?, la astucia de la razón, así lo llama Hegel, se impone a lo animal en la evolución del Espíritu, el Estado asumirá todas las tensiones del Espíritu.

Lacan con una ruptura significante llama a los estudiantes del 68 francés “astutados”, su saber va a ser utilizado por la astucia del amo, “ustedes quieren un amo nuevo, lo tendrán”. Entre estos dos discursos, el del Amo (Maître) y el del Esclavo (Universitario), se da un tipo de relación de invasión y sustitución, cuyo articulador es la muerte por puro prestigio (léase la dialéctica del amo/esclavo que desarrolla Hegel).
La idea del psicoanálisis como discurso que lanza Lacan, hace que tengamos que apelar a elementos que nos permitan entender su dinámica: desde la topología, la banda de Möebius, introduce un modo interior/exterior de recorrido de elementos, una variación que nos permite ver que lo que está adentro en otro momento está afuera, así se puede decir que cada elemento del discurso puede estar en lo íntimo y en lo ajeno, dependiendo del momento a eso lo nombró Lacan como éxtimo, lo que está fuera y también dentro:  MoebiusAutor: Emilio Gómez

[toggle_box]
[toggle_item title=»Discurso Gómez» active=»true»]Discurso Gomez[/toggle_item]
[/toggle_box]

El discurso en Lacan y el sueño de Freud

Seminario 17

Detalle de la portada del libro del seminario 17 «El reverso del Psicoanálisis» publicado por Paidós

Encuentro del 2 noviembre de 2013 del seminario “Pensar lo colectivo: discurso y lazo social”  organizado por la Escuela Abierta de Psicoanálisis

Los cuatro discursos

El sueño de Freud

El discurso capitalista
   

Quiero comenzar por hacer un ligero repaso de algunas de las cuestiones que hemos venido tratando en estos últimas encuentros sobre el discurso en Lacan, más concretamente sobre la formalización de los cuatro discursos que se desarrolla en el seminario 17 “El reverso del psicoanálisis” que dicho sea de paso, también se pudo haber titulado “El reverso del discurso del amo”.

Hemos venido hablando de algo que sin duda está referido a la función de lo escrito, en cuanto que se trata de letras y la letra es algo que se lee, dicho así se desprende que una cosa es la letra y otra leer, son cosas distintas y de lo segundo es de lo que se trata en psicoanálisis. Lacan en un momento posterior a este seminario de 1969, exactamente en 1973, dice lo siguiente: “Es bien evidente que en el discurso psicoanalítico no se trata sino de lo que se lee, más allá de lo que se ha incitado al sujeto a decir, que no es tanto, como dije la última vez, decirlo todo, sino decir cualquier cosa, sin vacilar ante las necedades que se puedan decir”[1] Subrayo el término “incitado” en cuanto esa es la invitación, como ya es sabido, a comenzar un análisis, incitación a que el analizante hable, que diga lo que quiera, no importa, es la asociación libre. Entonces y en este sentido, he utilizado el término repasar y podía haber dicho releer, en cuanto de una escritura se trata, en contraposición aquello de que las palabras se las lleva el viento.

Por un lado tenemos cuatro letras:

S1: significante amo

S2: significante del saber

S/ (barrada): Sujeto dividido

a: plus de goce/causa de deseo

Es en la articulación de S1 y S2 como podemos definir al significante diciendo que es lo que representa a un sujeto para otro significante. En ese intervalo en la cadena significante entre S1 y S2 es donde aparece el sujeto del lenguaje, el sujeto social.

“De este trayecto surge algo que se define como una pérdida. Esto es lo que designa la letra que se lee como el objeto a[2]

Los que participaron en el seminario de “Los cuatro conceptos del psicoanálisis” del año pasado, es posible que recuerden que hablamos sobre la constitución del sujeto del lenguaje en el punto que señalábamos que no se trata de la adquisición de sustancia alguna que toma al ser viviente, se trata por el contrario de un menos, de su falta estructural, de su falta en ser. Se trataba de la alienación a los significantes del Otro, ser para el Otro, y su correlato necesario de separación del objeto. Aparición del sujeto del inconsciente en la búsqueda en el Otro de la restitución de la falta, del objeto perdido, en el punto que podemos decir, el sujeto asoma para, paso siguiente, caer, desvanecerse, en un efecto de lo que llamamos afanisis, fading del sujeto, en el significante que viene a señalar la falta en el Otro, que el Otro también es incompleto, está en falta, es decir, puede faltar, desaparecer, desvanecerse, ni más ni menos que el Otro también está castrado. Dicho de otra manera, una pérdida de goce por acceso al lenguaje, al mundo simbólico,  por intervención de la prohibición y a la vez recuperación de goce en la repetición de la misma demanda, aunque de forma diferente, escenarios diferentes, lo que nombramos como objeto a, plus de goce, goce recuperado, y objeto causa de deseo en cuanto está referido a la falta. Recojo una cita de Freud del “Malestar en la cultura”: (…) comienza por oponérsele al yo un objeto, en forma de algo que se encuentra afuera y para cuya aparición es menester una acción particular (…) Surge así la tendencia a disociar del yo cuanto pueda convertirse en fuente de displacer, a excluirlo de sí, a formar un yo puramente hedónico, un yo paciente, enfrentado con un no-yo ajeno y amenazante”[3] Momento de inmersión del ser hablante en lo colectivo, en la cultura, articulación en bisagra entre individuo y sociedad.

Decimos cuatro letras y cuatro lugares:


Cuatro lugares donde vienen a ubicarse las letras que a partir del discurso del amo y haciendo girar un cuarto de vuelta van formando los cuatro discursos:

Autor: Emilio Puchol

[1] Lacan “Aun” 1992 p. 38
[2] Lacan “El reverso del Psicoanálisis” 2004 p.13
[3] Freud O.C. 1974 p. 3019

Carta a Cuba: sobre el golpe policial

Habana2Este texto fue leído en la última  Asamblea del año del Espacio Carta Abierta, grupo de intelectuales militantes políticos de Argentina. Fue escrita hace diez días en ocasión del retiro de la policía de sus funciones en provincias argentinas y lo que desató.  
Buenos Aires, fines de diciembre de 2013

Queridos hermanos:

Los imagino caminando por el malecón, en la noche de la Habana, bajo vuestro cielo cubano; o a ti Tato,  allá en tu Santiago de Cuba.
Recuerdo una tarde en la Habana, creo que era en la 23 o en alguna otra, quizás la 7, allá en el puente que da sobre el rio contaminado donde una vez pasearon barcas y peces. Allí un policía, muy jovencito de Santiguo, un moreno, le pidió papeles a un hombre que le decía con gestos destemplados y sin los papeles: «soy cubano «;  el Joven policía, sorprendido, contesto: “Pero, yo también soy cubano…»
Amalaya las malas noticias. Aquí también tendríamos que haber salido a decirles nosotros a la policía, que se retiró de las calles desnudando lo que la cultura del capitalismo, del consumo y el olvido de la projimidad, la vecindad y la solidaridad ha hecho de nosotros,  “pero… yo también soy argentino.”

Se retiraron haciéndolo aparecer como una huelga, como un acuartelamiento. Fue en  la provincia de Córdoba donde empezó. Allí comenzó el baile: los comercios asaltados, los tiros, los vidrios rotos… Porque siempre hay vidrios rotos, ruido de vidrios pisados en la huida.

Una mirada política nos muestra el hueso de lo sucedido. Pienso, quiero pensar, que nos faltó tiempo y quizás decisión política para desmantelar a la policía que hemos heredado de la dictadura pero que desde siempre sirvió a los intereses de los poderosos: desde la  represión en la semana trágica hasta ahora mismo que se comienzan a desanudar los lazos de los jefes policiales con el narcotráfico, la trata de personas y cuanto negocio sucio ande por ahí rondando. Este es un golpe antidemocrático. No es una rebelión., ni una huelga, ni puede justificarse en un pedido de aumento de salarios, quizá justificado, pues todos los trabajadores tienen derecho a pedir mejoras, como no, y más aún, a exigirlas, Pero no tienen derecho, nadie lo tiene, a retirar el cuidado de la ciudadanía, que es lo que se acepta cuando se integra una fuerza de seguridad. No es sólo un trabajador, es una chapa con una insignia que dice que puedo dirigirme a esa persona para pedirle protección… Aunque aquí suceda que en los barrios los jóvenes cruzan a la vereda de enfrente cuando ven un policía.

No quiero generalizar sino comprender una estructura que ha creado el imperio. Esta estructura es la del apoderarme de todo lo que pueda, apenas tenga la ocasión,  y debo armarme para defender mi propiedad. En una palabra: la propiedad está sobre la vida humana. Trece muertos,  mis hermanos, hasta ahora. Trece muertos sin nombre, anónimos, doblemente muertos pues nadie ya los recuerda, son una cifra que llega hasta el hueso del olvido.

En estos días de saqueo vimos algo muy extraño: no eran los más pobres los que saqueaban. Eran bandas que se comunicaban por las redes sociales, se auto convocaban y saqueaban. Anulaban la vieja idea de que eran los hambrientos, los olvidados,  los que transgredían ese límite para calmar necesidades, simplemente porque hoy no se pueden alegar necesidades, en todo caso sí carencias que deben ser curadas, corregidas. Pero fueron vecinos y el fantasma del racismo que emergió por todos lados: el culpable siempre era el morochaje o, por decirlo claramente, los negros de mierda y los comerciantes chinos — que ocupan ahora el lugar del antiguo judío usurero-.

Entonces,  vimos una sociedad desprotegida donde el imperio y su cultura han triunfado. Primero, porque esto ha sucedido justo en el aniversario de los 30 años del retorno de la democracia, y habrá que ser muy inocente para creer que esto es casualidad. Y segundo,  por haber instalado, al menos por ahora, en la sociedad la idea de que debo defenderme solo con mi arma, cual antigua frontera norteamericana. Pues la justicia está llegando siempre tarde. No es la mayoria, pero esto marca a toda la sociedad, crea la conciencia de una culpabilidad del otro, sitúa al prójimo bajo la forma de algo siniestro del cual se puede esperar siempre lo peor.

Sabemos cómo se entra en esto, lo que no sCordoba_saqueoabemos es cómo se sale, cómo se cambia, se corrige esto. Algunos piensan que si la policía u otras fuerzas de seguridad como la gendarmería  se plantan extorsivamente, podemos conseguir la seguridad si sacamos el ejército a la calle.  Pero esto es lo que el imperio quiere: Que todas las fuerzas de seguridad y el ejército de cada país sean los ocupantes interiores de ese país, y que de ese modo creen el clima de guerra que desactive los procesos de transformación que hoy recorren Latinoamérica.   Todo pensamiento oscila entre el azar y el cálculo. No hay azar en los diciembres, ni en el efecto de muerte, ni en la preparación de este golpe antidemocrático en el que toda la sociedad queda de rehén y amenazada. Y el azar -resulta imposible pensar que todo fue calculado- que esta potencialmente presente en esta batalla cultural, que por ahora hemos perdido, en donde los más quedan sujetos a la arbitrariedad de los pocos.   Que simple que ha hablado, compadre. Y no faltaran los que digan que debemos ser cautos y avanzar despacito, callándonos y siendo reales, nada de poesía en la política, nada que ría y cante.    Pero yo recuerdo otra cosa: que debemos tener la decisión política, no el coraje, sino la decisión política de transformar esto. Que los que han perpetrado este golpe deben ser severamente sancionados y apartados del manejo de las fuerzas de seguridad y que estas no pueden regirse sólo por código comunes, pues representan al Estado tanto como a sus gobernantes; son gobernadores de la justicia, representantes de la nación.

Necesitamos de decisión política, mis hermanos… Y la inspiración para esta decisión nos viene de Néstor Kirchner que en su discurso de campo de mayo, delante de miles de oficiales y soldados,  dijo «no les tengo miedo» y así, de un manotazo, como quien aparta una mosca, nos mostró el camino para acabar con los diciembres de la muerte.

Me despido de ustedes, mis hermanos, un gran abrazo

*José L. Slimobich es psicoanalista miembro de la EAP, militante social, miembro de Carta Abierta (colectivo de Buenos Aires) y coordinador internacional de la revista LETRAHORA
Autor | José León Slimobich*

Nota de LETRAHORA sobre lo ocurrido en Córdoba (Argentina) los días 3 y 4 de diciembre durante el acuartelamineto policial y los saqueos que le siguieron: para más información piche aquí >>>

José Luis Juresa ganador del premio Lucian Freud 2013

lucien-freudJosé Luis Juresa, psicoanalista de la Escuela Abierta de Psicoanálisis, ha sido el ganador del Premio Lucian Freud 2013 con la obra «¿Un Pase? Clarice Lispector y la Historia de una Transformación», una lectura de La Pasión según G.H. «. Ya anteriormente en el 2008, finalista y mención especial del jurado junto a Pedro Muerza con el trabajo «Psicoanálisis: los nuevos signos» que luego se convirtió en libro de la colección LetraHora. En la 5ª edición del Premio Lucien Freud quedó en segundo lugar con el trabajo: «Más Allá del Individuo. Lacan y el misterio de la Palabra». Recordar que en el año 2009 otro psicoanalista de la EAP, Pablo Garrofe, fue premiado también en la edición del Lucian Freud, por el trabajo «Letra, música y voz».

El premio Lucien Freud es promovido por la Fundación Proyecto al Sur, y en él participan autores de diferentes ámbitos y prácticas de la cultura en el espacio de cruce entre psicoanálisis y cultura. El jurado de esta edición estuvo compuesto por:  Jorge Alemán, Osvaldo Delgado, Mauro Libertella y como representantes académicos: Alicia Borinsky (Boston University), Manuel Cruz (Universidad de Barcelona), Norma de Lucca (Universidad Nacional de La Plata), Julio Ortega (Brown University), Randolph Pope (Universidad de Virginia), Cristina Bulacio ( Universidad de Tucuman) Juan Ritvo (Universidad Nacional de Rosario), Adriana Rubistein (Universidad Nacional de Buenos Aires) y Susana Romero Sued (Universidad de Cordoba). 

El fallo del jurado ha sido fundamentado de esta manera: «El autor acompaña su prosa al proceso de creación de la obra y ofrece no solo una perspectiva analítica “desde fuera”, sino una escritura contagiada del tema que le sirve como referente. Es un estudio que despliega el idioma con ejemplar habilidad, si bien, sin embargo, sabe abrirse al silencio, a lo inorgánico, y a la caducidad de las palabras. Es un texto sutil y complejo.
El Jurado le otorga el premio por su originalidad, profundidad, y hermosura del texto. Es denso, apasionado y pleno de sabiduría.» 

El silencio en la clínica: clínica psiquiátrica/clínica psicoanalítica

LH11_PastranaLa clínica psicoanalítica la inauguró Freud con el estudio de la neurosis histérica a la que Permitió hablar. E inauguró la clínica psicoanalítica al establecer la regla de: “Diga usted cualquier cosa”.

Freud no rompió con la nosografía psiquiátrica de su época. Trató de Introducir un enfoque del inconsciente que debía modificar el discurso y las nociones fundamentales de la psiquiatría.

¿Lo logró? No parece que sí, más bien parece que no, pues en nuestra actualidad la clínica psicológicapsiquiátrica está basada fundamentalmente en el breviario D.S.M. IVª edición revisada y de próxima publicación en 2011 el D.S.M V, donde está casi eliminada, troceada, la neurosis histérica y la neurosis obsesiva, y han tomado sólo significado los llamados trastornos somatomorfos y trastornos obsesivos compulsivos. Y así también ha ocurrido con la angustia, que se la cataloga y significa como ataque de pánico, agorafobia, trastorno de ansiedad, y stress (ahora también stress social).

La histeria, “la enfermedad” para Freud. La enfermedad ante la cual todas las otras Enfermedades nerviosas no son más que rarezas- tal como en una carta de 1912 escribió a C. Jung -está por tanto hoy en día alojada en el campo de la psiquiatría actual, de la ciencia médica.   Y si se la llegase a desalojar definitivamente de la ciencia médica, se encarnará en nuevas versiones, pues su historia atestigua el carácter tenaz y la plasticidad de esta afección. Es decir, la histeria sigue desafiando al saber médico y en la época actual podemos ver que se aloja “en lo demoníaco” de la ciencia actual, que son los microbios, los virus, las ondas, los órganos… que son silenciosos y así muchos sujetos histéricos se entregan hoy a los medicamentos, a la cirugía y a las exploraciones médicas con facilidad. Es la consecuencia en nuestra época de esa clínica psicológica-psiquiátrica donde no está el sujeto de la enunciación, esa clínica muda donde curiosamente hay mucho ruido, muchas palabras en forma de consejos, medicamentos, evaluaciones, protocolos, técnicas…

Clínica muda pues no es escuchado el sujeto, es sólo evaluado, clasificado y diagnosticado tomando al síntoma sólo como signo de una enfermedad. Y ante ese silenciar al sujeto cada vez más aumentan los malestares: las llamadas enfermedades funcionales, así como las enfermedades orgánicas, la angustia y la depresión, y nuevas maneras de enfermar que desafían y cuestionan al saber y que escapan al control de la clínica psicológica psiquiátrica. Por ejemplo: anorexias, bulimias, toxicomanías, adicciones a diferentes objetos técnicos, enfermedades orgánicas de difícil clasificación, nuevos síndromes como fatiga crónica, fibromialgia, psicosis atípicas, hiperactividad con déficit de atención, adicción al sexo que será ya incluido en el D.S.M V, trastornos desadaptativos. A la vez que un incremento del malestar social en nuestra sociedad, llamada del bienestar, malestar que se manifiesta en una cada vez mayor violencia sobre el semejante, acompañándose de ruptura del vínculo social que incrementa progresivamente la indiferencia, la marginación y la exclusión social.

Es decir, cada vez más exclusión tanto particular como colectiva. No hay una sin la otra. Ya nos recuerda Freud en su texto “Psicología de las masas y análisis del Yo” que la psicología individual es la misma que la colectiva.

Freud trabajó de forma especial las neurosis, desarrollando el concepto de represión. Represión primaria que diferenció de la secundaria o represión social, que luego algunos post-freudianos quisieron igualar. Posteriormente a Freud, Lacan en 1955 en su relectura de los conceptos freudianos, introdujo el concepto de forclusión del Nombre-del-Padre. Desde entonces sigue hasta nuestros días el encarar aun “una cuestión preliminar a todo tratamiento posible” con respecto a la psicosis.

Neurosis y psicosis son las estructuras clínicas, y por tanto diríamos que son los diagnósticos que el psicoanálisis plantea. Una tercera estructura, la perversión, como negativo de la neurosis, forma la tríada clásica de las estructuras clínicas para el psicoanálisis con las que sigue operando. Lacan no modificó las estructuras clínicas freudianas, sí aportó con su teoría y práctica psicoanalíticas, nuevos desarrollos teóricos, y por tanto clínicos en el psicoanálisis que es el de nuestra subjetividad contemporánea.

Subjetividad contemporánea con la cual estuvo comprometido, lo mismo que Freud lo estuvo en su época. Entre otros, el texto freudiano “Malestar en la cultura” y el texto lacaniano “El reverso del psicoanálisis, dan prueba de dicho compromiso, pues el psicoanálisis no es ajeno a la cultura, es decir, a la civilización. La traducción al castellano de “Malestar en la civilización” del título en alemán quedó como “Malestar en la cultura”. Civilización es más concreto que cultura, al menos en castellano.

Y recordarles, entre otros aportes innovadores de Lacan al psicoanálisis freudiano, el de discurso dentro de su teoría de los cuatro discursos, las cuatro formas discursivas de establecerse el vínculo social (discurso histérico, discurso del amo, discurso universitario y discurso analítico).

¿Qué significa discurso? Es la adecuación de hábitos, de usos y costumbres, que proponen a la comunidad histórica, una regulación de los goces permitidos, posibles, para garantizar una configuración estable de los lazos sociales.

Jacques Lacan nombró como discurso capitalista, como variante del discurso del amo para dar cuenta de nuestra subjetividad contemporánea. Discurso capitalista que no sólo incluye el modelo económico neoliberal que le es propio, sino como un discurso que rechaza la castración y, por rechazar la castración deja de lado las cosas del amor, del amor simbólico no del imaginario. Intenta hacer posible lo imposible, produciendo un goce sin límite. Desde ahí, goce sin límite, Lacan dice que es un falso discurso porque promete hacer posible lo imposible, al fin ser, al fin tener, el falo, en su alianza con la tecnociencia que con su exacerbada producción de objetos favorece un efecto de autismo social. Autismo social característico del individualismo moderno, del sí mismo en una ilusa promesa de completud, con la esperanza de que si no la conseguimos hoy será mañana, que lógicamente al no ser para todos produce un abismo segregacionista en lo social que conduce a lo peor, tal como Freud y Lacan anticiparon de nuestra época y que se puede constatar en nuestra subjetividad contemporánea: guerras, incluso preventivas, miseria, hambre, violencia, explotaciones diversas, incluida la infantil,… ue han adquirido un carácter pandémico contrariamente a lo que se podía esperar del progreso de la civilización.

Vemos que Lacan elevó a la categoría de discurso a la histeria, como discurso histérico, por ser el discurso de la subjetividad por excelencia, por tanto, de la normalidad. Pues para el psicoanálisis no hay normalidad, la estructura neurótica es la “normalidad” (como decía Freud, la neurosis es lo mejor repartido en el mundo).

Sí discurso histérico y no discurso obsesivo, pues la histeria a diferencia de la obsesión implica y hace a la intersubjetividad, a diferencia de la intrasubjetividad de la obsesión. En ambas neurosis funciona la represión primaria, pero la histeria pone en juego, aunque sea con sus artimañas inconscientes y síntomas, la falta estructural particular del sujeto humano, es decir, pone en juego el deseo. De ahí que sea incorrecta e incómoda. Deseo que la obsesión imposibilita con su estrategia inconsciente y síntomas como el fortalecimiento del pensamiento y así niega silenciosamente la castración, que por otra parte es muy políticamente correcto. La histeria habla y por tanto a veces no sabe lo que dice, y la obsesión piensa en silencio y dice lo que sabe.

Otra manera de silenciar la castración, de no hacer con el deseo, es la de-negación que la estructura perversa pone en acción. Freud en su tiempo estuvo algo forzado para incluir dicha estructura junto a las estructuras clínicas de neurosis y psicosis, pues constató en su clínica que siempre existe un rasgo perverso propio de la sexualidad humana, ya desde su infancia, lo que reflejó al definir al niño/a como “perverso polimorfo” y no como una criatura angelical que el buen sentido dice y sobre todo en el bienpensante. Aunque siempre Freíd diferenció, claramente, el rasgo perverso de la perversión como estructura; son diferentes.

La estructura perversa en sentido estricto deniega, silencia la castración simbólica y por eso no deliran. Sí creen en la posibilidad, por medio de sus prácticas perversas, con la voluntad de goce en sus actos, de la no castración del Otro. De ahí que Lacan denomine a los perversos como “los últimos creyentes”, pues creen en un Otro completo. Y eso aunque incluso les conduzca a una monotonía repetitiva del acto perverso hasta el aburrimiento, para tratar así de obtener la satisfacción plena que el deseo humano, por constitución, no puede lograr.

La perversión es un intentar convertir el deseo humano en instinto, en intentar “animalizar” el deseo para así poder lograr la satisfacción plena que el instinto natural, animal, permitiría. De ahí quizás “el bestialismo” que en ocasiones acompaña a ciertos actos perversos, tratando al otro, al semejante, como objeto absoluto de satisfacción, como puro objeto inanimado exento de toda subjetividad. Así es, por ejemplo, en el sadismo.

Y otra forma de estar silenciado el deseo en el sujeto, se da en la psicosis, donde también existe un sufrimiento sintomático y consecuencias en general más trágicas en sus vínculos sociales, donde la exclusión social suele estar bastante presente, más que en la neurosis y la perversión. Son los llamados locos.

Ha sido discutida la posición de Freud respecto a la esquizofrenia, en concreto si del  psicoanálisis podían o no beneficiarse los esquizofrénicos. Es cierto que dejó escrito que no. No mantuvo la misma opinión con respecto a la paranoia y a la melancolía. Y fue posteriormente Lacan quien planteó un tratamiento posible de la psicosis, pues aunque el psicótico está fuera de discurso no está fuera del lenguaje, como cualquier sujeto.

Fuera de discurso es que antes de hacerse pregunta ya le llega la respuesta y todo tiene una significación unívoca tal y como ocurre en los delirios. Siendo estos, los delirios, tal como Freud ya elaboró, un intento imaginario, no simbólico, de restitución del desastre en genera  angustioso, del caos subjetivo que ocurre en los episodios psicóticos, esas urgencias subjetivas cuando se desencadena el brote psicótico.

Lacan plantea un posible tratamiento de la psicosis desde el psicoanálisis e invita a los psicoanalistas a no retroceder ante la psicosis y poner a prueba también la teoría analítica y el dispositivo analítico en la psicosis, lo mismo que en la neurosis y la perversión, aunque no sea la misma manera de intervenir. Por tanto, ninguna heroicidad, sí disponibilidad. Restituir al loco su estatuto de sujeto, escucharlo.

Para ir terminando, como conclusión de manera parcial claro está, ya que no puedo extenderme más en esta comunicación que hago hoy para Uds., el psicoanálisis, inaugurado por Freud al dar cuenta del individuo afectado de inconsciente (que es una manera de definir al sujeto por Lacan) plantea que el sujeto queda en su constitución desnaturalizado. Esto quiere decir que pierde la naturalidad biológica y queda parasitado por algo y por ello no puede ya decirse “yo soy yo”, salvo si se delira, neurótica o psicóticamente, que tiene sus diferencias.

Pues el llamado sí mismo está afectado por el Otro, el lenguaje, de por vida. Esta particularidad humana (últimamente se habla de la condición humana), que desnaturaliza, pre-determina, ace un destino a cada viviente hablante.

Freud al invitar y al permitir dejar hablar a la histérica con “diga Vd. cualquier cosa”, es decir al instaurar el dispositivo analítico, se encontró no sin tropiezos, no sin equivocaciones, y no sin reelaboraciones de su práctica clínica, y eso caso a caso, se encontró digo, con poder leer, tal como dice “leo en los sueños”. Otra cosa, algo que es del orden de la escritura, de la escritura del inconsciente.

Para que pueda tener lugar esta lectura de la escritura del inconsciente, que se da simultáneamente, tiene que estar instalado el dispositivo analítico. Por tanto el que habla ha tenido que consentir, decir sí. Es decir, permitir poner a hablar al síntoma dirigiéndolo a la escucha de un psicoanalista que ocupa el lugar de Sujeto Supuesto Saber. Digo que hay que consentir. Hay quienes no consienten y prefieren mantenerse en el sufrimiento sintomático y quedarse en la queja, no voluntariamente claro está.

Esta constatación clínica no tan infrecuente es trabajada en Más allá del principio del placer por Freud. Es escandaloso para el pensamiento este poder preferir el malestar y el sufrimiento, es más escandalosos que la sexualidad infantil que se ha solido utilizar con tanta frecuencia para desautorizar y denigrar al psicoanálisis acusándole de ser un pansexualismo (hoy en día ya no tanto pero todavía se mantiene dicho prejuicio).

Es escandaloso que “el bien del sujeto no coincide con su bienestar” y así poder preferir vivir en el sufrimiento y eso sin ser masoquista. Es lo que Freud elaboró como pulsión de muerte, que actúa silenciosamente en el sujeto. Este planteamiento teórico y clínico produjo efectos y hubo determinadas desviaciones y rupturas en el movimiento psicoanalítico posfreudiano, omo por ejemplo: Jung que negó la pulsión de muerte; Hartman con el psicoanálisis del yo, del reforzamiento del yo; las diversas psicoterapias de inspiración analítica que tratan de terapeutizar la mente.

Lacan sostiene el concepto freudiano de pulsión de muerte, de lo que está más allá del principio del placer y acuño el término goce para dar cuenta de esta satisfacción paradójica, de esta otra satisfacción no regulada por el principio del placer que puede confinar con el dolor. A nivel de imagen podemos verlo por ejemplo en ciertas estatuas de Bernini y en obras de la imaginería española como por ejemplo obras de Gregorio Fernández y otros imagineros de la Escuela Castellana.

La pulsión de muerte actúa silenciosamente en el sujeto. Guste o no guste, se quiera voluntariamente que sea así o no se quiera, se proteste incluso por ello o no se proteste. Lo vemos en la atención clínica y lo vemos también todos los días en la civilización. La violencia hacia uno mismo y la violencia sobre el semejante, en sus diferentes modos y grados no desaparece. Parece haber acuerdo, nunca general, en que la violencia, lo que podríamos llamar “enfermedades de la violencia”, van en aumento en nuestra época.

El sujeto contemporáneo, es decir, todos nosotros, está en esta encrucijada por este silencio pulsional, que el discurso capitalista favorece con la muerte discursiva propia de este discurso, donde el objeto, de consumo, sustituye al significante.
¿Hay salida? El psicoanálisis no da, no puede dar una solución universal. El psicoanálisis propone la salida por la subversión del sujeto de deseo, ese sujeto que es bisagra entre lo singular (lo pulsional) y lo universal (efecto de cultura), y así poder hacer con, en, los vínculos sociales de su época de otro modo que no sea la destrucción y el dominio del otro. Esto implica que el sujeto, sea hombre o mujer, no eluda la responsabilidad subjetiva, que no sea indiferente y que al estar advertido pueda decidir.

Autor | Enrique Pastrana