El silencio en la violencia sobre la mujer

mujer-silencioEsta intervención toma como base los trabajos que el Instituto de Psicoanálisis de Pamplona realizó con mujeres maltratadas y cuya elaboración dio lugar al libro “la violencia sobre la mujer”. Estos trabajos parten de una teoría de un campo específico que es el discurso analítico y toma la estructura como sistema de lectura. Esta operación de lectura, que se enuncia en el Paradigma del leer que dice: hay una escritura en la palabra solo si hay lector, hace surgir algo que no estaba antes, un real, que muestra otro sitio de reflexión, análisis y posibilidades, y que el libro de “la violencia sobre la mujer” trata de conceptualizar.

D
esde hace ya unos años la violencia que se ejerce sobre las mujeres se define como problema político, rescatándolo de la esfera privada. Y como tal es tratado, considerando que las instituciones y los poderes públicos tienen la obligación de tomar medidas sociales, educativas y legales en la vía de solucionarlo. En estas medidas se ha ido incorporando la perspectiva de género, en su fundamento y como criterio interpretativo, al considerar que la violencia ejercida sobre las mujeres constituye un núcleo de la batalla por los derechos y la igualdad.

Nuestro trabajo parte de un lugar diferente desde el punto de vista político. En primer lugar porque utiliza el termino “político” de un modo no-tradicional, que consiste en considerar todo lo que sucede en el vinculo social, incluso en las relaciones mas personales, como políticas. Un ejemplo podría ser la economía política, cómo en ella se establecen los presupuestos que van a determinar la practica económica del mercado de los intercambios, es decir, del vinculo social.

Este modo de utilizar el término “político” nos lleva a plantear un problema fundamental que es el problema de la destrucción y el dominio del otro. Porque una de las posibilidades de la relación entre los seres pasa por el dominio del otro.

Este trabajo centra el punto de vista político en el problema de la destrucción y del dominio del otro –términos consustanciales a la violencia- que para el psicoanálisis se corresponden con el dominio de la imagen, con la exaltación narcisista de la imagen. A ese problema, a esa violencia, nos acercamos desde “la violencia sobre la mujer”, pues consideramos que ella es una provincia de la violencia en general, y que como rasgo de lo contemporáneo, es un modo particular de la violencia que se ejerce sobre el otro, sobre el semejante.

E
sa violencia que se ejerce sobre la mujer en el ámbito de lo cotidiano presenta su estatuto propio, sus propias características. Refleja algo que sucede en la relación hombre-mujer y que es allí, en esa relación, donde se realiza esa violencia.

Un primer obstáculo se presenta a la hora de abordar este tipo de violencia, pues siendo innegable la responsabilidad social de los hombres en el maltrato a las mujeres, la dialéctica que se plantea de entrada en tanto hablamos de hombre-mujer, aboca a tratar esta temática de un modo maniqueo. Habitualmente nos manejamos en una pura oposición hombre-mujer, como quien dice día-noche, blanco-negro. Allí no hay salida: o es esto o aquello, en contra o a favor. Al entrar en ese sistema de oposición nos vemos en un callejón sin salida, que es por otro lado, el modo de pensar más común. Esto es debido a la propia estructura del lenguaje, que al oponer dos términos, inscribe una diferencia en la que cada uno adquiere su valor. La palabra mujer adquiere su valor en oposición y en diferencia con la palabra hombre, y la palabra hombre adquiere su valor en oposición y diferencia con la palabra mujer. Esta oposición de términos, es el origen y matriz de la diferencia de los géneros, pero al mismo tiempo, conduce a cerrar toda posibilidad de pensamiento y genera efectos imaginarios que se traducen en una cierta violencia o, si se quiere, en una cierta tensión entre los géneros.

Es por eso que en el trabajo con las mujeres maltratadas nos vimos llevados, para poder abrir otras posibilidades de comprensión de este fenómeno, a rechazar esos efectos imaginarios que genera el sistema de oposición del lenguaje, que como decía aquí están referidos a hombre-mujer, y a situarlo en referencia al sujeto, que es una categoría del discurso psicoanalítico. La experiencia analítica evidencia que si no se tiene en cuenta el sujeto del inconsciente, no es posible avanzar en la comprensión de este fenómeno, pues deja oculto y en ese sentido, silenciado, el carácter estructural del problema de la violencia, pues ésta forma parte del sujeto y del semejante en su misma constitución, y por tanto de los vínculos sociales.

E
l sujeto muestra que es a través del otro que constituimos nuestra imagen y el armaje de nuestro cuerpo. Siempre de un modo inestable, de un modo frágil, y de ahí viene el ansia de dominio, que no es otro que el dominio de la imagen.

El sujeto logra con grandes esfuerzos una imagen agradable de si, las cosas que le molestan de si mismo trata de apartarlas y construye, hasta creerla, una imagen que le complace. Trata por ejemplo de mostrarse inteligente, sabio, simpático, seductor… o valiente, o “con personalidad”, o sencillo… incluso cuando alguien se dice así mismo “qué tonto he sido” no es sino para conjurar el insulto del otro. Por tanto, la imagen que uno pretende dar es siempre una imagen sobrevalorada de si.

Un aspecto en el que se hace hincapié en el fenómeno de la “violencia sobre la mujer” es el silencio que se da con relación a la situación de maltrato. Las mujeres no hablan de ello, ni con familiares, ni amistades, ni en la vecindad, ni en los ámbitos sanitarios. Si bien es cierto que en los últimos años esta violencia se ha hecho más visible y se ha acompañado de un aumento considerable de denuncias por esta causa, sigue llamando la atención que los casos más duros, los que se prolongan durante muchos años, tienen esta característica del silencio en todos los ámbitos. Sobre este silencio se trata de incidir desde las instituciones pues es un obstáculo para las denuncias. Un ejemplo tomado del libro “la violencia sobre la mujer” de un testimonio de una mujer, dice: “las agresiones se fueron haciendo habituales y casi cotidianas durante doce años. No las denunciaba ni hablaba de ellas con nadie ni siquiera con mi familia, quería mantener un marco de normalidad para mis hijos”. 

E
s decir, que fingen que no pasa nada, que todo es normal. Fingen ante el hecho de que no son felices y tienen que silenciar continuamente la situación que viven. Quizás sea lo más terrible, ese fingir normalidad en medio de tal desastre, esas ensoñaciones de normalidad paralizantes por donde circula la vergüenza, el fracaso y el miedo.

Ahora bien, este fingimiento no se puede considerar como una mentira o un engaño sino que está ligado a la imagen y al que nos podemos acercar, para poderlo pensar, a través de lo que muestran los fenómenos del mimetismo.

Si decíamos que el sujeto siempre intenta dar una imagen sobrevalorada de si mismo, el mimetismo consiste en su esencia en mimetizarse con la imagen que se pretende dar, en tanto señuelo para causar el deseo. Por tanto no es un engaño, sino un señuelo, el señuelo es esa normalidad que las mujeres fingen; que todo es totalmente normal, ese es el señuelo. Como sucede en los fenómenos clásicos del mimetismo: la intimidación y el travesti. En la intimidación se trata de la ostentación, del hinchamiento gesticulante, el sujeto se mimetiza con esa imagen, en la medida que ella tiene un valor. Lo mismo sucede con el travesti, que no se trata de un engaño, de que se hace pasar por mujer, sino que usa el señuelo para causar el deseo.

El señuelo de la normalidad, por tanto, desempeña aquí una función esencial. Lacan dice que solo el sujeto no está totalmente preso, al contrario del animal, en esa captura imaginaria. Sabe usar la máscara en tanto que es eso más allá de lo cual hay la mirada. Pero para ello necesita una mediación. En el caso de estas mujeres, cuando la mirada las capta, quedan totalmente coaguladas, no logran separarse de la mirada.

Es decir que no hay ninguna esencia, no hay ningún ser detrás, el fingir no supone que hay un ser detrás. Recurrimos a la intencionalidad, o a la paranoia para protegernos de que no hay nada detrás de lo que dice, eso que dicen es lo que es, por supuesto que con todo lo que implica el despliegue del decir. Es lo que permite pensar que el inconsciente está en la superficie, que no se trata de ninguna profundidad.

Con el silencio, por tanto, fingen normalidad y les permite retener su posición. Ese silencio además, se corresponde con un odio sutil, que se manifiesta de manera velada. Silencio y odio se dan la mano. Este silencio es el lugar donde queda instalado el odio, de modo que el vínculo de palabra queda enrarecido.

Pero cuando las mujeres maltratadas hablan, lo que habitualmente se escucha es el ruido, los golpes, los gritos, los insultos, y, por desgracia en muchos casos, el final dramático. Es lógico, es lo primero que a uno le llega. Y en estos casos llega a ser un ruido mudo, que borra las palabras. Por eso es necesario cuidar el lugar de las palabras, y en concreto de las palabras de estas mujeres, y escucharlas sin prejuicios y sin juicios. Eso no quiere decir que seamos neutrales en el sentido de ser indiferentes, sino que resguardamos el lugar de la palabra.

Y cuando se tienen los instrumentos que permiten escuchar lo que dicen, lo que aparece es que su historia comienza cuando conocen a un hombre y ese hombre es para ellas algo único, inigualable, ese hombre es todo para ellas. Es un momento crucial, determinante en sus vidas, que no dejaran de evocar, que no perderá su esplendor ni siquiera cuando la violencia hace su aparición. Siempre en la nostalgia y en el intento de recuperar ese momento luminoso de la relación.

Es el amor romántico lo que está en juego, que se caracteriza por una exaltación del objeto amoroso en el fondo de la relación. Y en estas mujeres tiene la peculiaridad de que este objeto amoroso concluye en el ideal romántico, es decir, que el ideal coincide plenamente con las cualidades deslumbrantes de ese hombre en particular: es ese hombre y no otro, no hay otro igual. Ese hombre le proporciona a esa mujer una imagen de completud y ella a el, de completud imaginaria.

De esa ilusión idealizada proviene un efecto de hipnosis sugestiva, de fascinación, de encantamiento y de dependencia. Este es un fenómeno masivo en el que se reduce la separación entre objeto e ideal, y que conlleva una identificación total, narcisista, donde las palabras no alcanzan a introducir una mediación, una separación, como sucede en los amores “normales”. Y permite el atravesamiento de un límite, que cuando se atraviesa surge la violencia en su forma extrema.

Se trata de una estructura rígida muy difícil de conmover pues al quedar fijado de esa manera el objeto, queda fijado el sujeto a un modo de goce enraizado en el imaginario. Este tipo de estructura rígida conlleva movimientos masivos de amor y de odio. Es, o todo amor o todo odio. También lleva a movimientos masivos de pasión: de disculpas, promesas, luna de miel….a la violencia desatada. Pues sucede que toda esa magia, todo ese encanto comienza a desvanecerse para ellas y ese hombre ya no es lo que esperaban. Ese hombre que sabia, ya no sabe, duda, se equivoca y no responde a la completud imaginaria. Comienza la disconformidad, el descontento y el odio. Le sigue la violencia. Y así, alternativamente se van conjugando los momentos idílicos con los de violencia, de forma masiva. Es el viraje del todo amor al todo odio ante el desengaño de ese otro que ya no cumple, que ya no responde a las características de ese objeto idealizado e idealizante.

Lo que el discurso analítico permite hacer emerger como lectura de la estructura es todo el problema del ideal. El ideal es un efecto del lenguaje, esta hecho del lenguaje y emerge frente a la inermidad e incompletud del ser hablante. Frente al vacio que el lenguaje produce en el ser hablante tratamos de alcanzar una imagen ideal. En el caso de las mujeres maltratadas lo que esta en juego es un ideal conclusivo, y ese ideal conclusivo traba el deseo, lo fija como pura promesa de lo imposible, de su satisfacción absoluta, de la completud absoluta. El ideal conclusivo conduce al régimen del Todo: ser todo, tener todo, ser la mujer toda, La mujer.

Este trabajo referido a las mujeres maltratadas, se inscribe dentro del proyecto freudiano que hablaba de devolver a las palabras su antigua fuerza mágica. Este proyecto hoy se traduce en salir del silencio ruidoso, de recuperar las palabras y con ellas la escritura de la verdad. Eso abarca a un individuo, a una colectividad o a todo un pueblo. Y por supuesto a las mujeres. Porque la verdad es la dignidad a la que hay que aspirar, en la medida que es imposible decirla toda, al igual que la mujer.

Esa verdad que es la que permite otras posibilidades para hacer en el vínculo con el semejante de otro modo que no sea el dominio ni la destrucción del otro.

Autora | Beatriz Reoyo

Del sujeto como respuesta de lo real al saber hacer

MOEBIUSDecir sujeto es decir ruptura de la unidad armónica entre persona y mundo. Lo que se divide puede estar en dos lugares diferentes a la vez. Esto se palpa en el encuentro con lo real, y puede decirse que la subjetividad no está tanto del lado del que habla sino que está en lo real. Tomemos por un momento esa forma de aparición de la pulsión que es el tropiezo, el accidente, y que no se formula en palabras. ¿Cómo tratar lo silencioso, lo que la palabra circunscribe como un callar? Como un texto, que para decir cosas no necesita ser pronunciado. Esto es lógico: la cuestión es poner a prueba su articulación con los conceptos de la practica analítica, practica hecha de lenguaje.

Esos puntos de lo real que Lacan dio en llamar encuentros nos muestran al sujeto en la división entre lo que cuenta y la dificultad de incluirse él mismo en la cuenta. La frase «Nunca lo pensé», es la marca que asegura al decir escapando de lo dicho, a lo inconsciente empalmando con un real, una causa. Se dice sin pensar, y cuando hay analista para leer eso dicho de paso, el sujeto se sorprende.

Tomemos una definición del sujeto: es la respuesta de lo real. ¿Por qué no responde el Otro a los porqué de la existencia, a esas preguntas insistentes del niño y de cada hablante? Hay una paradoja en el hecho de que por habitar el lenguaje el sexo y la muerte se presenten como enigmas, y consiste en que el lenguaje nos interroga, pero lo que responde no es lenguaje.

Si hay algo del ser viviente interesado en la cuestión del sujeto es que debe encontrar su equivalencia de ser vivo en el Otro. Lo que las palabras no dicen, lo capta como lo real en juego. Y tiene a partir de eso la posibilidad de separarse del lenguaje. Salirse con la suya, arreglárselas en el punto donde el lenguaje es una estructura abierta. Y se toma, entonces, de lo que responde en términos de pulsión. Se da en el blanco, se alcanza un saber, lo que se es para el Otro. Aun sí el Otro no existe no sabe nada de eso. el sujeto le supone saber de su cuestión. La pulsión es ese movimiento de llamado a algo que cada vez responde en el Otro.

El modo en que podemos explicar que terceridad propicia esta equivocación, surge de la temática de la letra en Lacan. Somos siervos de un jirón de discurso que a falta de haber podido proferirlo por la garganta nos condena a hacernos su alfabeto vivo. Secuencia que basta para dar testimonio de un texto sin el cual el deseo transmitido en él no seria indestructible.1 Quiere decir que hay respuestas sedimentadas en la cultura que van mucho más allá de la generación anterior, y cuyo vehículo es la letra. Es algo que asombraba a Freud. ¿Cómo puede el neurótico inventar un trauma cuyo valor de ficción no está lejos del que atribuimos a la obra de arte?

Hablábamos de encontrar la propia equivalencia como ser vivo en el Otro. ¿Y si lo que está muerto por no ser más que un fragmento de discurso puede producir la vida? Nos perderíamos en las cuentas con algo que jamás será apropiable bajo el modo en que la mano se aferra al objeto, porque estamos hechos por eso. Es Pessoa cuando escribe:

Esencia musical de mis versos inútiles
Quién me diera encontrarte como algo que yo hiciese
Y no quedara siempre enfrente de la tabaquería de enfrente
Calcando a los pies la conciencia de estar existiendo2

La falta percibida a nivel de lo real nunca rescinde su condición de falta.3 ¿Pero no nos acerca su queja a la posibilidad para cada uno de contarse, tomarse de la cuerda sin dividirse? Ganar de mano al inconsciente, saber desembrollarse con el síntoma, saber hacer con lo que nunca se tendrá, son maneras de nombrar lo que quizá ya no sea asunto de sujeto sino de un texto que se extrae con trabajo de lo real, y que representa para el hablante la chance de sostenerse de un discurso. En el discurso analítico la certeza proviene de la angustia, de los puntos de tropiezo que nos encaminan hacia la existencia. La dosificación de la angustia en un análisis lleva a captarla como diferente al peligro, se vuelve protección contra el desamparo radical del hombre.

El movimiento de búsqueda de la pulsión, el pedido de que el Otro responda en términos de pulsión, tornaría a un dejar estar ahí a un texto inapropiable por el sujeto o por el Otro, un texto que más que la cifra del «tú eres eso» del destino, es el surgir de algo que no estaba antes. Se le pide al Otro que responda en términos de pulsión, y a esa pregunta no le basta la respuesta de que no hay garantía última, porque se puede hacer existir a ese Otro amándolo o haciéndose el instrumento de su goce. Sólo hay respuesta a la pregunta que uno formule, como sucede cada vez en la experiencia estética. La actualidad de un cuadro, de un poema, su extratemporalidad, provienen de que tienen algo que decirle a cada uno, para llevarlo a lo más íntimo. Por eso no hablan de un tiempo que fue ni que será, sino de tiempo de la simultaneidad, del mito que se repite y es lo nuevo en cada ocasión. Un tiempo durante el cual nos dejamos decir algo.

Notas:
1 El psicoanálisis y su enseñanza, J. Lacan
2 Tabaquería, F. Pessoa.
3 Clase del 1-7-96, J. L. Slimobich.

Autor | Pablo Garrofe

Los límites del pensamiento

platon4Hay un filósofo español que dice que la filosofía trata al hombre y a sus lazos sociales como si fueran un manicomio.

Platón ensayó su idea de Estado en Siracusa y tuvo que huir, ya que produjo una pequeña rebelión entre sus habitantes; digamos que los locos se rebelaron contra esas leyes que estaban hechas en la medida de las ideas ideales.

La filosofía inventa instancias que convocan al hombre a un recto proceder, un recto pensar, que se traducen en disciplinas de su ser: lógica, ética, teología, metafísica, etc. Instancias que de alguna forma sustituyen un lugar extraño, un lugar que por una parte le resulta familiar y por otro lado se vuelve siniestro, se complica y se modula conforme a unas leyes que se defienden de la acción humana, una acción que juzgan como animal si no hay medio que lo remedie. Luego estas estancias se prologan y conforman muros lo suficientemente extensos y altos como para contener la acción del hombre. Intentan defender al hombre del hombre mismo y constituyen un Leviatán, un gigante con pies de barro, con unas leyes humanoides, con esa forma de hombre, que expulsan al hombre de su contexto libremente ordenado. Su Leviatán conforma pasillos por donde el hombre transita siempre ajeno a él mismo, estos pasillos se construyen a partir de un primer principio, un primer principio que se postula como ‘algo es igual a algo’, como ‘un hombre es igual a otro hombre’, y por tanto debe respetar la imagen que le hace pensar en sí mismo.

Este primer principio le hace escuchar y acatar la orden de la fe, que se traduce en el primer movimiento de la voz en su forma más imperativa: “Yo soy el que soy”, dice el dios de la ley mosaica. Un imperativo que se traduce en la búsqueda del Ser como sustancia, del sujeto que se pronuncia él mismo en sus atributos, y que prolonga la sustancia de su esencia en el desarrollo del pensamiento, hasta confluir en un ‘porque pienso, existo’.

Lacan se da cuenta de esto y observa que sin ese imperativo que conforma el Uno en la fe no hubiera sido posible el desarrollo de la ciencia contemporánea; no existe una continuidad lógica entre el Logos griego y la ciencia sin esa ‘fides’ medieval, sin esas característica de la omnipotencia del Ser divino y uno. Es por eso que el eje central de este trabajo se forjó en ese tiempo medieval, ese tiempo de alguna forma denostado con ese nombre despectivo que significa una Edad formulada como entre una y otra cosa. Algo que fue nombrado desde una Edad que no quiere apreciar su herencia y de alguna forma la expulsa de su paraíso evolutivo. “Credo ut untelligas”, en esta frase se reduce y fundamenta la base del pensamiento de San Anselmo. En estos dos pilares del pensamiento se basa su acción: primero creer y luego pensar, y que le hace producir un argumento tan solapadamente trabajado por todos los filósofos posteriores. Fe que da paso al pensamiento, y no amor al saber. Lacan se da cuenta de que la verdadera pasión del hombre no es el saber, sino la ignorancia; sus otras pasiones, el amor y el odio. Dios es lo más grande, más allá de lo cual nada se puede pensar; de esta idea parte San Anselmo. Pero el insensato, el ignorante, ha dicho que Dios no existe; sin embargo, si reconoce que hay algo más allá de su pensamiento, está reconociendo que lo que existe por fuera es algo más grande que lo que él piensa. Éste es el argumento que desde las universidades, desde el desarrollo del pensamiento, se nombró como argumento ontológico, y que va a ser la base del pensamiento cartesiano que se traduce en “pienso, luego existo”.

Lacan constata que no es una prueba ontológica, sino que se trata de una prueba esencialista, de la aprehensión de la esencia del Ser, del pensamiento diagonal, es decir: de aquello que produce el salto en una serie de infinitos, el infinito que quedaría por fuera del infinito. Así un diálogo imaginario con el otro abriría la posibilidad de la ex-sistencia por fuera de lo que se piensa. Así hay algo por fuera del sentido que existe al sentido. Es un argumento fuerte, varias veces eliminado y vuelto a escribir por el propio San Anselmo.

Esto introduce una complicación en el pensamiento que hace que este argumento del Proslogio sea reducido en el campo de la filosofía a la existencia del pensar. Ahora bien, ¿qué motoriza el pensamiento?, ¿cuál es el primer motor del Logos?, esa pregunta que atraviesa el campo de la filosofía desde Aristóteles ¿qué es lo que anima el alma? Pedro Abelardo, cuyo nombre conocerán por la historia de amor de Abelardo y Eloísa, decía que la lógica le hizo amar el mundo. Su modo de pensar es ‘pienso, entonces creo’.

Sigamos un poco más con el juego de inversiones. Lacan toma a este autor medieval, que se prodiga en la compresión de la lógica de Aristóteles, y dice que la lógica no es que le hiciera amar el mundo, pero no le volvió muy amado. Así, invirtiendo esta frase de ‘pienso, luego amo el mundo’, y estableciéndola como ‘amo, luego pienso’, podemos trabajar un poco el campo que instauró la Edad Media para sus conquistas. Este campo es el campo del amor, el amor cortés para más señas. Tras una larga tradición que, partiendo de los griegos, llega hasta la Edad Media, el pensamiento se soporta en la homosexualidad; sólo se concibe el verdadero amor entre hombres: la primera reflexión sobre el amor se produce en los diálogos de Platón. Allí lo primero que se capta es que es un diálogo entre hombres, se habla del deseo y de lo amado y lo amante, ¿qué ama el amor?, lo igual o lo diferente; no planteo una crítica sobre esto, pero los diálogos eran así, entre efebos y sabios. Había algo ya excluido en ese diálogo del saber sobre el amor, esto era la diferencia sexual, lo primero que excluyó el pensamiento para su progreso.

Desde Aristóteles se pensaba que las mujeres no tenían alma. Era un problema que, como poco, complicaba la estructura del Logos, de este pensar, de este decir. Lo expulsado en lo simbólico retorna en lo real; esto que dice Lacan nos muestra cómo algo que es expulsado del paraíso del Logos griego retorna en la Edad Media con esta forma de amor cuyo objeto es la insatisfacción pura. El campo que instaura el amor cortés abre una nueva perspectiva al pensamiento, una tradición que se fragua en el norte de Francia y sur de Alemania, de la que se alimentan la poesía de los trovadores, y que traslada su influencia al seno de la Iglesia, en donde era pecado el simple deseo.

Abelardo polemiza sobre el tema de si era pecado desear o sencillamente sólo sucumbir a la satisfacción carnal. De esta forma este amor a distancia que mantiene con Eloísa le permite sublimar la relación con la carne en estos ríos de lógica que produce, estos ríos que le permiten su inferencia en el Ser divino. Este amor era considerado como impuro, era la herejía medieval, una práctica llevada a cabo por facciones de la Iglesia como los cátaros.

Ahora bien, ¿qué significaba esta práctica para el pensamiento medieval?: un lugar de insatisfacción, no se colmaba en la satisfacción de un deseo, sino que servía para otros fines, para otras conquistas; tanto las bélicas como las lógicas. A Lacan le sirve para hablar de lo que motoriza el pensamiento, ese primer motor del alma que inquietaba tanto a Aristóteles, un lugar que permanecía insatisfecho en la estructura, un lugar que da cuenta de lo que está perdido para el hombre en su acceso al lenguaje, un lugar que nombra con la forma de un matema, esta letra a que aísla el objeto de la pulsion, como un lugar vacío, como un lugar nada, alrededor del cual se conforman los mundos de las palabras, los modos del decir, los ‘logoi’.

Hay un filósofo francés que sostiene que Lacan en su búsqueda de este objeto, esta nada que motoriza el alma, va a investigar en el budismo, en el zen, hasta que se topa con este nada negativo –‘Nihil negativum’– de la lógica trascendental. No sé si esto está extraído de Kant, pero no es una lógica trascendental; sin embargo, si es un objeto que contradice el concepto, los ‘Begriff’ alemanes, se sitúa más del lado de lo que no es conocido, lo no sabido, más del lado de la pasión de la ignorancia, no es un deseo de saber, sino algo que permanece fuera del sentido, en su borde. Ahora bien, esta idea que progresa a lo largo del pensamiento, la garantía de lo Uno, ese primer motor, esa esfera inmóvil, que movilizaría todas las demás, esta idea aristotélica, tiene más que ver con el goce de la mujer, nos dice Lacan, una idea que atraviesa el cristianismo, a saber lo que le falta al Otro para ser completo, de esta manera lo que porta el pensamiento, lo que porta la unificación del Dos en lo Uno, del amor en el saber, es la elisión de la diferencia sexual. Así, nos dice Lacan, el soporte del Dios como garante de la verdad, se forjó por esta confusión, esta coalescencia nos dice, entre el objeto a de la pulsion y el significante faltante del Otro, esto tiene que ver con lo que funda el principio del placer.

El trabajo psicoanalítico sería disociar el objeto de la pulsion del Otro. Es un trabajo que se desmarca de lo que se puede pensar como la unificación de lo esencialmente otro en lo uno, es la escisión de estas dos cosas, en su vertiente etimológica menos conocida. Scindere, proviene del latín y significa aclarar, es un esclarecimiento. Lo que se juega en la Edad Media es si la razón puede dar cuenta de la fe y qué es lo que el pensamiento puede conocer, su alcance. Primero se reconoce la dificultad de lo universal, es decir: si la materia porta algo de lo que pudiera extraerse que cuando se la nombra se la reconoce.

Todo un problema que hace que aparezca un verdadero debate entre realistas y nominalistas. Guillermo de Occam sostiene que la razón no puede dar cuenta de los misterios de la fe; es la primera vez que se plantea la separación entre estos dos pilares de la filosofía. Así su famoso argumento de la navaja divide aquellas cosas que tienen sentido de las que no tienen sentido; la razón se ha de ocupar exclusivamente de las cosas que tienen sentido. Este sentido se ciñe exclusivamente a lo gramaticalmente correcto, este argumento que lleva tan lejos Wittgenstein, y que le hace decir que sólo existe lo que se puede nombrar. Sólo existe la verdad dentro del lenguaje; esto es el extremo del nominalismo: que no hay relación entre las palabras y lo que se nombra, sino que es la forma que el hombre establece con su entorno, la nominación del mismo, vacía de contenido, así las voces son ‘flatus vocis’ palabras vacías. Partir de que el nombre es algo que se pega a lo real, es lo que hace concluir que las palabras sean vacías, es la vieja concordancia del pensamiento y lo pensado, una trampa de la lógica que socava su propia fosa. Que de lo gramaticalmente correcto se siga la verdad es caer en la trampa de que del sentido se siga el sentido.

Lacan reflexiona alrededor de esto desde Russell, los argumentos del sin, el verde sin color. Se pueden armar un montón de frases, una pila innumerable, ‘un sin coche se subió a la acera y atropello ningún peatón’; hay muchos fenómenos que quedan fuera del sentido en su corrección gramatical, lo cual quiere decir que del sin sentido también se puede seguir el sentido. Hay una debilidad del pensamiento con respecto a la aprehensión de la verdad y es que elimina el sin sentido, y éste vuelve desmontando su acción. A partir de la incursión del psicoanálisis en la filosofía ésta empieza a ser otra cosa, la apertura de sus conceptos y sus tránsitos hacia lo inconsciente como verdadera instancia que domina la acción del hombre, sus conceptos empiezan a ser otra cosa, el pensar se vuelve una fórmula ligada al placer y a sus allendes.

Autor: Emilio Gómez

Acerca de las Terceras Jornadas Nacionales de Psicoanálisis «Actualidad y Clínica Psicoanalítica. 15 años de Psicoanálisis en Granada» (*)

Freud_reloj blandoDifícil tarea el intento de escribir sobre lo que se presenta, ante todo, como una experiencia. Qué decir cuando se impone, como efecto mismo de esta experiencia, el deseo de no mantenerla en la inefabilidad del silencio.

¿Qué escribir? De lo imposible de comunicar, lo posible… apenas. Ninguna información. Quizá y sólo aquello que en el aire de estas jornadas habita y se hace capturable, aunque no sea suficiente. Algunas palabras que vuelven a los fundamentos, aire mismo de estas jornadas y de la posibilidad de la presencia allí de trabajos y de miembros del Boletín de Psicoanálisis.

Se sitúa entonces:

El psicoanálisis es un discurso entre otros y sólo a partir de su fundamento. El analista no es sino efecto de este discurso. En tanto entendemos discurso como lazo social, como vinculo entre los que hablan, entonces, un analista es entre otros.

Es sólo en la práctica donde se pueden esperar los efectos de articulación al discurso. El psicoanálisis es una práctica, aquella que se espera de un analista, de aquél que ha tomado en el discurso posición.

Esta práctica conlleva una clínica, la cual no se conforma con el mero juego del significante, promesa de rememoración infinita. Es actual, en esto es real. Clínica que muestra en su límite ser lo imposible.

Para nunca tenerla, en tanto imposible, es necesario el camino de la formación del analista. Hay transmisión del psicoanálisis, que no es sin transferencia. Hay reconocimiento de esta transmisión que conlleva nombres y apellidos. Luego, esto no se confunde en el uno a uno de los analistas. Hay serie y es en la serie donde se hace serio el trabajo de cada cual, en tanto muestra su vínculo a la causa marcada por el deseo de Freud y Lacan.

A modo de anhelo y también de invitación: insistir en la relación con aquellos analistas en cuyos trabajos se juega cada vez el psicoanálisis mismo. Ellos muestran que es imprescindible decidir sobre el deseo y tomarlo. Es por esto que algo de estas jornadas debía ser dicho. No hacerlo, quizás, hubiese sido lo mismo. Lo que es seguro, es que no podía dar igual.
Autors | Fabiana Grinberg

(*) Organizadas por el Centro de Estudios Freudianos de Granada, España.

¿Un poder sin corrupción?

Logo ComedorNosotros hacemos todo como Comedor, cada uno va como Comedor. Yo, vaya donde vaya, voy como Comedor. No voy como la Negra, voy como “Comedor Los pibes”.

* * *

¿Hasta dónde pertenezco a la organización y hasta dónde cada uno hace lo que quiere?

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C
ómo hacer con el desánimo de los otros. Siempre hay unos que reman y otros que acompañan.

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L
a función corrompe. Tener un cargo es corromperse. Pero no hacer nada por eso es quedar como espectador. ¿Existe otro modo de acceder al poder sin corromperse? La pregunta que surge es si todo poder es corrupto.

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U
no tiene que tener buenos principios morales. Te tienta saber que tenés tanto poder, manejar dinero y movilizar tanta gente. Más cuando venís de abajo, que venís de la pobreza. Tengo la idea de que los políticos vienen de la clase media alta, ninguno viene de Villa Tachito. Todos dicen que fueron pobres, pero vos les ves las manos, y si traen las manos limpitas es porque nunca trabajaron.

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C
uando aparece el silencio entre los compañeros lo que se silencia es el desaliento. No se puede tirar mala onda, acá vamos todos para adelante. De eso no hablo porque eso puede ser una metida de pata o entristecer a los compañeros.

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Q
uiero contar una experiencia. Cuando yo era chica vivía con mis padres, que son gitanos. En el barrio donde yo vivía, en Necochea, éramos muy discriminados, sobre todo entre los chicos, que son un poco malditos con los que no son iguales a ellos. Entonces mi vieja nos encerraba en Navidad, Año Nuevo, Reyes… Nunca nos regalaban juguetes en esas fiestas. Lo único que nos regalaban eran libros, libros y libros. Y te cagabas de odio, porque todos los chicos pasaban por la vereda con la bici, con la pelota, con las muñecas, y yo estaba cargada de libros. Después, con los años, me di cuenta de que fue el mejor regalo que me pudieron hacer. Como no podía salir a la calle, yo me metía dentro de los libros, y vivía una historia entretenida. Y era protagonista. Tenía un placard grande, de donde sacaba toda la ropa y me metía ahí a leer con una linterna de mi viejo. Yo ahí adentro era la princesa. Con los años me sirvió un montón. No podía ir a ningún lado, y estaba todo el tiempo sola, pero a la vez tenía un montón de amigas, de los libros. Y así aprendí a leer.

* * *

T
omar conciencia quiere decir poder hablar. Las cosas no están tan claras, hay que salir de la confusión, de qué lado está uno. Para estar del lado del “Comedor Los pibes” hay que poder transmitir la experiencia.

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L
a tarea más dura para las compañeras es hablar. Creemos que si nos volvemos cultas vamos a abandonar la clase social a la que pertenecemos, vamos a alejarnos de los nuestros.

Autora | Grupo de Mujeres

11M Madrid

El atentado de Madrid también parece activar
rincones olvidados del lenguaje de la España actual;
palabras con las que interpretar un acontecimiento
que exige algo nuevo, una lectura que supere
la vieja amenaza de «las dos Españas»,
con la que se gobernó en los tiempos
de la dictadura franquista.


thumbD
e la actualidad, ¿qué decir?, ¿qué se dice?: «no lo entiendo»; «faltan las palabras». Y, sin embargo, todo el mundo habla durante horas y horas.
F
altan las palabras para describir, para explicar, para entender, pero se habla a todas horas. En la manifestación a la que fui después de los atentados, ante el no saber qué decir, por respeto, por no saber a quién dirigir el tiro, dónde descargar la rabia, sólo se palmeaba el ritmo de las consignas. Tac, tac, tac. Tac, tac, tac.
F
altan las palabras… nadie contesta. Una de las imágenes más espeluznantes ha sido la del móvil sonando junto al cadáver. Nadie contesta. Nadie pregunta. Otra imagen impactante: la del inmigrante ilegal que no se atreve a ir a preguntar por los suyos.
M
ás tarde se encuentran palabras de rabia; la gente usa los móviles e internet y todos salen a la calle sin que nadie los haya convocado. A la noche hacen ruido, un cacerolazo, como en Argentina. Golpes de rabia. Que hable el ruido.
H
ubo una palabra: solidaridad; todos ayudaron, ejemplares. Conmovidos ante la tragedia. Existen palabras: fanatismo, locura… pero no explican nada. «Bla, bla, bla», como cuando la medicina pone nombre a una enfermedad, con eso no está todo hecho, no todo entendido. El hombre pone nombres, intenta explicar. Los niños también dan sus explicaciones, maman el miedo o el odio de su alrededor, sacan sus conclusiones, preguntan insistentemente, ¿quiénes son los malos? Como todos, necesitan situarse, saber a quién odiar.
T
errorista. El monstruo que aprieta el gatillo. Faltan palabras para entender cuánto odio, o locura, puede llevar a alguien a provocar tanta muerte. ¿Locos? ¿Gente llena de odio? ¿Qué puede lograr ese fenómeno del suicida que se inmola matando? ¿Provocando el mismo daño que han visto en su pueblo, muertes inocentes por muertes de inocentes? Ojo por ojo. En cadena interminable.
L
os extremistas. Siempre los hubo, siempre son un peligro, porque pueden pasar a mayores, actúan el pensamiento de los demás, salen a la calle y actúan la rabia que late en el decir de los demás, actúan el odio que late en el discurso. Véase los que apalean moros o marginales. Los más viejos pronuncian una vieja palabra, hace años no oída: no es la gente, están actuando los «activistas», expertos en calentar a la gente, en provocar la acción en nombre de ciertos intereses. Los extremistas, que, aunque sea actuando el sentir de tantos, van demasiado lejos, se toman la justicia, o la rabia, por su mano, golpean, queman, destrozan, provocan la continuación de la cadena. ¿Cómo se corta la cadena? Con palabras que, aunque no valgan para nombrar ni lleguen a expresar, pongan un poco de orden en los sentimientos y lleven a otra acción. Pero, ¿qué palabras? ¿Qué análisis? ¿Que el odio genera odio? ¿Cómo se remedia la cortedad de visión que produce el odio? Quien vivió la humillación y la impotencia, ¿puede liberar su pensamiento? ¿Tener la sangre fría para seguir hablando?
E
xplicar lo imposible. Hallar otra vía.
E
stán estos muertos, que convulsionan a España, a Europa. Y los que no, los de África, América del Sur, Asia… Este terrorismo, que mata en este caso 201, y los que faltan y los que ya han sido, nueva forma de guerra, tiene algo que ver con el otro terrorismo, que no estalla pero explota a las gentes, el terrorismo de las muertes que no ocupan tanto espacio, ni letras, ni imágenes. Muertos del olvido, máxima expresión del odio. Muertos en sus hambres, en sus guerras, que no son tan importantes porque no son europeas, aunque también tienen que ver con el Primer Mundo: mueren por los diamantes, mueren por no sé qué mineral, mueren porque las medicinas son caras, tal vez porque allí no van los Cascos Azules. O mejor que no vengan salvadores. Creo que me dan mucho más horror y más miedo los monstruos que no aprietan el gatillo que, a veces, incluso no tienen cabeza, ni nombre. O si lo tienen, lo exhiben orgullosos. Porque son los que envían a los otros a matar. Llámense políticos que deciden guerras preventivas firmando miles de sentencias de muerte. Llámense multinacionales, intereses… asesinos de guante blanco. Llámese el cuarto poder, los medios. ¿Tendrán alguna cuota de razón estos extremismos? Aunque nada justifique los medios, un síntoma siempre apunta a una verdad. ¿Estará esta razón en los despachos? El monstruo que habita en el discurso, loco discurso capitalista, que provoca el terrorismo como síntoma.
H
orror de una máquina sin cabeza que avanza sola, que tiene como síntoma el terrorismo, el fanatismo religioso, pero éstos son sólo los síntomas de otros intereses, así fue siempre, frente a los cuales, aunque logremos identificarlos y ponerle palabras, nos seguiremos sintiendo tan impotentes como frente a los terroristas. Dice la gente: «Ya no podemos pasear, ir a donde haya multitudes, hay que quedarse en casa». Identificar al vecino, no saber a quién temer. Guardarse. Sospechar. Racismo, xenofobia.
O
tra vez. Vestigios de viejas cosas conocidas en este país. Las ropas, las caras, los prejuicios. En nombre de la seguridad, el aislamiento. O la valentía de seguir moviéndose, hablando, montando en tren o en avión… teniendo hijos…
S
íntomas de un discurso. Un policía mató a un supuesto simpatizante de los etarras en una discusión; a continuación se entregó. Comentario general: «milagro que no pasa más veces». Muchos en España saben, por experiencia propia, cercana, oída, o en cierto modo percibida, lo que es convivir con el que asesinó, delató, o delataría, a tu gente. En la guerra, en la dictadura. El no saber con quién se puede hablar, o qué consecuencias puede traer hablar por donde menos te lo esperes, porque el que tiene el poder, lo usará. Se aguanta por miedo, por civismo, por cobardía, tal vez por saber que responder con violencia es perpetuar la cadena.
E
n los últimos tiempos resurgen recuerdos dormidos para muchos. No para otros como los ciudadanos del País Vasco, que llevan años en este ambiente. Los más ancianos recuerdan la guerra; los que vivieron la dictadura, la división de las dos Españas, la censura, el ejercicio de leer entre líneas, el no saber y suponer. Algunos más jóvenes descubren ahora (los jóvenes han hablado y preguntado estos días como nunca) que a veces hay que vivir con el asesino enfrente, o sospechando del vecino, que hay que aprender a callar, porque algunos no llevan a bien la diferencia y pueden usar su poder. Creo que España, que ya conocía esto, dijo basta. Y añadir, además –de nuevo- la censura, y además leer entre líneas, además de todo, sentirse manipulados. Otra vez, otra vez. Y el resabio de exceso de poder que recuerda a la dictadura. Demasiado. Tenemos terroristas, es un hecho, pero no queremos dictadores, ni cosa que se le parezca. España se desperezó y los jóvenes tal vez despertaron, triste es que haga falta tan fuerte alarma. Pero me pregunto si también están despertando de nuevo las dos Españas.
D
e la actualidad, ¿qué decir?… ¿qué hacer? La raíz está más allá de España, no es sólo España; es algo extendido por todo el planeta, que entre otras cosas tiene que ver con el hambre y el odio del maltratado, sometido, olvidado en su dolor, y con el odioso olvido de los que actúan, con más o menos conciencia de ello, ciertos intereses, y con el odioso olvido de los que se sienten impotentes. Es difícil encontrar qué hacer. Retomo un párrafo del artículo de J. L. Slimobich, «Terror, nombre del sujeto», aparecido en Letrahora Nº3: «Éstos no son los tiempos del temor. Son los tiempos del terror. Negados, siempre negados, haciendo lo imposible, aparentando la «normalidad», mientras alrededor del mundo breve, como un caos contradictorio y exangüe, doloroso. Pero no queremos callar: hoy cacerolazo, mañana grito, firmas contra la guerra, e-mail, no cejar, insistir. Pero esto no es posición épica ni agitativa en vano. Pues mirar de frente lo imposible de modificar es totalmente diferente de negarlo. Y ya veremos que esta diferencia es más profunda de lo que parece y que tiene innumerables consecuencias teóricas y prácticas».
I
nsistir, al menos no callar, y seguir pensando lo imposible. Conservar el malestar y enfrentarlo.

Autora | Mª Jesús Lazcano

Arte, ciencia y religión

arte_ciencia-religionLa verdad que es una complicación una mesa como ésta(1), pero bueno, digamos que no es una complicación con la que los analistas no tengamos un contacto casi cotidiano en tanto trabajamos con la palabra, y en principio todos los aquí presentes hasta nuevo aviso trabajan con la palabra. En sus distintas acepciones, por ejemplo, no porque Tomás Sobrino, pintor, haya comentado que no se trata de palabras, para los psicoanalistas se trata de palabras, de significantes, habría que decir. Es más, ese silencio tan presente, es parte integrante de la palabra.
Tal vez habría que echar aquí en falta la presencia de algún músico, para dar cuenta del hecho de que el silencio es parte fundamental de la palabra. No es el tope de la palabra, en absoluto. Para nosotros el silencio es uno de los modos de trabajo de la pulsión. Y no de cualquiera, de la pulsión de muerte. En el seminario de La ética(2), Lacan retoma lo planteado por Freud respecto de la aproximación de los mecanismos de la histeria, la neurosis obsesiva y la paranoia como los tres modos, las tres formas posibles de la sublimación, el arte, la religión y la ciencia. Ustedes saben: Freud parte de que hay algo que es de entrada radicalmente perdido. Lo llama Das Ding (la Cosa). Esa Cosa impersonal, que precisamente nombra como forma impersonal. Nosotros sabemos que el sujeto no tiene identidad. No la tiene para nada, y por eso mismo se identifica. Esa es su errabundez, y ese es su problema. Esa es la alienación con la que no va a poder dejar de contar en relación a la palabra. No sale de ahí. Lo cual no quiere decir que todo sean palabras. Precisamente Das Ding, la Cosa, única y exclusivamente es posible de ser representada por un vacío.
Éste es el modo en que Freud sitúa estas tres formas de la sublimación, arte, ciencia y religión: quedan anudadas alrededor de este vacío, de esta Cosa. La aproximación que hace Freud y que Lacan comenta ampliamente en el capítulo «Comentarios al margen» del Seminario de La ética, lo cual no es por casualidad, pues a partir de que Das Ding es posible de ser representada únicamente por un vacío, la única manera de aproximarla es con una ética.
La ciencia la aproxima a costa de dejar de lado lo que es del orden del sujeto. La religión consiste en todos los modos posible de evitar este vacío. De un modo, eso sí, respetuoso. Cosa que Freud va a plantear, va a poner del lado de la neurosis obsesiva. Ese vacío en la neurosis obsesiva permanece en el centro, y por eso se trata de sublimación.
El discurso de la ciencia, decía, en tanto se origina de la sabiduría, de la tradición de la filosofía, opera a costa de sistematizar la exclusión de ese vacío. El saber viene a responder, viene a jugar en el lugar del vacío, razón por la cual los tiempos actuales creo que vienen a desmentir de un modo bastante categórico la posibilidad de un saber absoluto, completo, redondo, como quien dice, la posibilidad de redondear el saber alrededor de lo que hace las veces de la Cosa.
¿Se trataría en una mesa como ésta de hacer psicoanálisis aplicado, como se hizo después de los tiempos de Freud, es decir algo así como si el psicoanálisis no tuviese su propia territorialidad? Me parece que la cosa es bastante más amplia que un problema de territorialidad. Lo que está en juego, por lo menos en el psicoanálisis en relación a la palabra, es el hecho de que alrededor de ese vacío algo del orden de la letra viene a jugar.
Y es por eso que todas la formaciones de la cultura, que no son más que sublimaciones, más o menos elaboradas, válidas, acertadas, requieren al psicoanálisis el establecimiento de un diálogo.

Notas
1. Este texto es la transcripción de la ponencia de Bernard Levy en la mesa «Arte y religión en el vínculo social», que tuvo lugar en las Jornadas «El amor y el deseo en el vínculo social», Pamplona, febrero de 2002.
2. Lacan J., Seminario 7, La ética del psicoanálisis, Paidós.

Era todo más fácil

thumbCon Néstor Kirchner era todo más fácil. Recordemos: el kirchnerismo surge en el encuentro entre artesanías habituales de la historia política argentina y décadas de lucha, en muchas ocasiones silenciosa, de las organizaciones de los derechos humanos, sociales, civiles y políticos. Esto culminó con su acceso al poder. Lo fortaleció un algo inescrutable en sus acciones, no calculables, que hicieron de este espíritu político un líder. Al riesgo, la resonancia y el silencio de sus pasos, agregaba la cualidad del hombre común, cierto retiro de la elegancia burguesa, que lo hizo parte de estos nuevos presidentes latinoamericanos: a un indio, un mulato, un viejo guerrillero, le agregó la fisonomía del hombre común. Y un modo de hablar que debía poco a la erudición. Trataba así los intereses de muchos.
La 125 fue el detonante de la confrontación, que ya estaba anunciada, entre dos modelos: el distributivo, que el kirchnerismo impulsó, y otro, que regía la distribución de la renta desde la dictadura y continuada por la democracia formal, sometido a los grandes grupos económicos y al FMI. Esta democracia devaluada, en los pobres y torpes intentos que hizo, fue corrompida o destruida.

Con la derrota que sufrió Néstor Kirchner en las legislativas esperaron la negociación, una ralentización, por fin el ceder, la comprensión, la falsa concordia de los privilegios que ambicionan no sólo la riqueza que obtienen, sino el goce de la humillación del humilde. A cambio, se aceleró la aparición definitiva de la esperanza, con el descubrimiento de un no retorno a las viejas políticas de la injusticia social. Miles de argentinos decidieron allí no faltar a la cita de ese combate por el futuro. Entre muchos, ese diálogo colectivo que se llama Carta Abierta.

La Asignación Universal por Hijo, los fastos del Bicentenario, la ley de medios y el Fútbol para Todos fueron los sucesos que confirmaron que no habría vuelta atrás.

En lo económico produce un acceso, vedado hasta entonces, a una mayoría empobrecida y abandonada. En lo político, la participación de todo un pueblo en un cumplelapatria que diferenció a un país de ese otro de las vacas ricas y los peones flacos del primer Centenario. En lo emocional, que en los lugares más remotos de esta patria argentina esa pasión llamada fútbol llegara para todos y no sólo para quienes pueden pagar.

De allí podemos agregar: no permitió ninguna clase de represión a las expresiones sociales y, en definitiva, la palabra política dejó de ser una palabra inútil y poco fiable, permitiendo que se ubicaran en las prácticas políticas cientos de miles, especialmente jóvenes y mujeres. Esto sucedió así al rearmar, ética y políticamente, una sociedad desmantelada por la violencia de un estado corrupto, el día luminoso en el que Néstor Kirchner hizo valer los derechos humanos quitando de la secuencia histórica los jefes de la dictadura militar y degradándolos a reos de lesa humanidad. Comprendió la necesidad de democratizar los medios de comunicación y cuestionar la construcción de un pensamiento único, hecho de un sentido común que entremezcla hipocresía, racismo y buenos modales. La muerte es hoy el cuarto elemento que hace estallar lo que las transformaciones en lo económico, lo político y lo emocional anunciaban. Esto que estalla es el amor.

Cristina Kirchner murmurando, hablando al féretro, acomodando las florcitas, los mensajes, las banderas que le hacen llegar desde la fila infinita. Cristina diciendo a Hebe de Bonafinino llores, consolando a la Madre de las Madres. Saludando con golpecitos sobre su corazón, el mismo que le falló a su marido. Sonriendo, en el medio de su dolor, cuando se acercaba a los niños. Abrazando a una anciana, una viuda como ella.

Son los retratos del amor lo que estalla frente a nuestra mirada. Miles, cientos de miles, jóvenes, trabajadores, hombres de oficina, mujeres con sus niños en brazos, llorando y cantando, gritando su bronca y su esperanza son los retratos del amor.

Un pueblo que encuentra en un nombre historia y esperanza y una mujer que llora, enamorada, a su marido muerto, coinciden de un modo inédito. El azar, en este caso, la desgracia, se construye como necesidad: un pueblo toca el amor cuando algo le dice que son tiempos de igualdad y justicia. Que esto se debe seguir y profundizar, la tarea de la reparación social no ha culminado, falta mucho. Sin Néstor, todo será más difícil.

No hay nombre propio que reconstruya el dos que Néstor y Cristina conformaban. Y sólo la construcción política, el diálogo colectivo, la Carpa o el Poncho que nos puedan albergar para los que, estando de este lado de la historia, situemos nuestras ambiciones y propuestas, puede realizar ese dos.

Ninguna invocación al realismo político debe hacernos retroceder de la voluntad despótica de cumplir con lo que estos días nos hemos jurado en las miradas silenciosas: seguir con Cristina construyendo justicia, memoria y libertad, esto que muchos no pensaron vivir y otros no creíamos ya poder ver.
Autor | José L. Slimobich

Intervenciones en la 34º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

CasulloNicolás Casullo nació en Buenos Aires (Argentina) en 1944, docente e investigador en la Universidad de Buenos Aires, dirigió la Maestría en Comunicación y Cultura. Fue director de la revista Pensamiento de los Confines, que tomó temas dejados de lado por la cultura oficial, bordes de la política, el arte, la comunicación. Excelente orador, no rehuía un buen debate, capaz de un verbo simple con conceptos de difícil presentación. Publicó ensayos como: “El debate modernidad-posmodernidad”, “Comunicación, “La democracia difícil” y novelas como: “Haciendo el amor en los parques” y  La cátedra?, entre otros títulos. En la Feria del Libro de Buenos Aires, en el año 2.008, presentó Letrahora, con el artículo que aquí se lee. Allí mostró, de un modo cuidadoso, su posición respecto al psicoanálisis. Aquí, nuestro agradecimiento y recuerdo.

Buenos noches. Un agradecimiento por haber sido invitado. Tomé algunos apuntes que me mereció la lectura de una revista que me gustó: Letrahora.

E
n general, las revistas gustan o no gustan. Si gustan, gustan porque uno coincide. Al lector de La Nación o El País les gusta mucho sus diarios; a ese lector se le cae la baba cuando lo lee. Efectivamente está logrado el mensaje entre La Nación o El País y su lector. Podemos poner allí el lector de cualquier periódico.

E
n esta revista sentí que había mucho de un pensamiento mío de relacionar la tarea política con la intelectual. Si yo tuviese que decir qué fui, en el fondo más allá de novelista, ensayista y profesor, es un cuadro político: un cuadro político acá, un cuadro político en los sótanos, un cuadro político en el exilio. Un cuadro político. En una época, el cuadro político era mucho más que cualquier otra cosa. Era mucho más que un intelectual, que un académico; los curas se volvían cuadros políticos, algunos militares se volvían cuadros políticos.

M
e gustó la revista porque tiene ese algo que coincide con lo que uno está percibiendo. Estamos viviendo una época muy dramática, una época de gran confrontación que no tengo recuerdo en mi memoria en mis sesenta y dos años en democracia, una confrontación muy fuerte en términos políticos ideológicos, en términos culturales; evidentemente hay una violencia brutal que la gente manifiesta. Pero eso existe.

F
rente a esto, viene una larga historia de despolitización, que se inicia ya por los ochenta. Por supuesto, en general, y en cualquier época, tiene que ver con las dictaduras militares, que exterminan una forma de coraje en la política. Es muy difícil reconstruir el coraje en lo político. Pero también la década de los ochenta, si uno hace un cierto repaso, aporta ya en democracia a la despolitización: aparecen las variables liberales, democráticas, progresistas, que acompañan a un determinado momento, que llaman a una política institucional, a una política del ciudadano, a una política del votante, a una política de las formas, olvidando absolutamente aquello que había sido el debate por la democracia social . Los ochenta tienen, en el campo intelectual, una hegemonía que se va a percibir fuertemente luego. Nada de esto que estoy contando no lo estamos padeciendo ahora de una manera total. Muchas veces los intelectuales se reúnen y son diez, veinte o treinta, pero tienen una capacidad de irradiación tan fuerte que diez años después están todos pensando en lo que pensaban esos diez, veinte o treinta.

R
ousseau, por ejemplo, el ginebrino, escribió un par de libros en su gabinete en el siglo XVIII. En un momento dado, los ve Robespierre, que es un abogado de segunda de una provincia francesa. Lee el texto de Rousseau y lo transforma en gran parte de la Revolución Francesa. Desobedece a Rousseau. Él no estaría de acuerdo con lo que hacía Robespierre, pero bueno, cuando uno lee un texto, cuando uno intelectualiza la política, evidentemente lo primero que tiene que hacer es desobedecer al autor, y trabajar en función de lo que él piensa que dice Rousseau. Para Robespierre, Rousseau era la Revolución, la barricada, la guillotina. Rousseau dice: «estos están locos, yo no quise decir eso». Pero lo dijo.

E
ntonces, en los ochenta hubo una gran crisis del peronismo. El peronismo entró en una etapa de eventual desagregación. Me acuerdo que yo con otros veinticinco o veintiséis intelectuales renunciamos al partido justicialista, por peronistas, y se hizo hegemónica esta idea de que la política es la forma, la institución, los republicanos, el voto, desprendiéndose toda problemática de justicia social, toda problemática de conflicto de clases, toda problemática que aparecía fuertemente desde el fondo de la historia popular, de que la democracia se jugaba en cuanto a si era inclusiva o excluyente.

L
uego viene el saqueo neoliberal, que se agrega a ese olvido de lo social, a ese olvido de la lucha de clase, a ese olvido de los intereses en pugna, a ese olvido de conflicto, para reducirlo todo a una suerte de cada dos años hay que votar. Y se suma a ese momento neoliberal una consecuencia de lo que son esos años ochenta, intelectuales, que producen una enorme historia de fabricación, en donde toda la política se esencializaba en una moralina, en una ética, el mismo modelo pero sin ladrones.

¿P
orque ahí entró el neoliberalismo y el modelo de individualismo y entró la ideología de mercado a pleno?¿Qué es la ideología de mercado? La ideología de mercado es desde hace treinta años el gran triunfo de la derecha ideológica en el mundo. Es decir, es constructora de un sentido común. Hoy el sentido común de la gente en España, en Francia, en la Argentina, es de derechas en los sectores medios, muchas veces en los medios populares, y no hablemos de los sectores altos. Quiero decir que se impuso el individualismo, se impuso el hecho de que la política es perversa, es intrusa, de que la política corrompe, que la política molesta, que la política tiene un oscuro interés que quiebra la relación esencial, y que la relación esencial entre tu empleador y vos, empleado, es la única relación que parece sonar: «me puede ir bien, puedo terminar siendo patrón, por lo tanto que el Estado no le meta la mano en el bolsillo como no me gusta que me metan la mano en el bolsillo a mí». Me lo dice el taxista, el empleado común, que gana mucho menos dinero por mes.

E
se es el gran triunfo de una ideología de mercado que nos habla de la libertad del consumo. Es decir, el mercado es la libertad de consumir. Me paro en la vidriera y puedo elegir entre cuatro o cinco modelos de celulares. Soy libre, el mercado de vende esa libertad, es la libertad del consumo. Si lo sustancial de mi vida pasa por esa libertad donde yo elijo las cosas, elijo tal cosa en desmedro de otra, eso se transporta a lo político. Y entonces lo único que va a pensar el individuo es si está afectada o no su libertad individual, si está afectada o no su capacidad de decisión como consumidor: es el nuevo status del ciudadano. El mercado también nos plantea la idea de que la sociedad es una relación que tenemos con los servicios. Si los servicios andan bien, perfecto; si los servicios andan mal, terrible. Doña Rosa se impuso, Doña María y su sentido común.

Y
o lo veo con mis propios estudiantes en la universidad. La universidad ya no es más un espacio político para pelear en función de un proyecto. Lo que a ellos les importa es si la universidad les da buen o mal servicio. Si me da buen servicio, me quedo; si me da mal servicio, esta mal o busco una universidad privada. Esa es la relación que tiene la mayoría del estudiante de ciencias sociales, por ejemplo, con respecto a la universidad. Si uno le dice: el protagonismo, su ideología, acercarse al pueblo, marchar en una política de obreros y estudiantes, va a contestar que no, que él lo que necesita es que vendan baratos los apuntes, que haya tizas, un pizarrón absolutamente limpio. Esto es mercado. El mercado nos atraviesa también a nosotros. Cuando tenemos que elegir entre seis celulares sentimos que tenemos la oportunidad de elegir, y si me dan diez cuotas puedo comprar el más caro. O sea, desde hace treinta años que esto es un triunfo total de la derecha.

L
os medios de comunicación concentrados, que nos están diciendo diariamente desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche cómo es el mundo, es el enemigo, el enemigo de toda democracia popular, de todo proyecto de cambio, de toda idea de solidaridad, de toda idea de sabiduría. ¿Ustedes no sienten que se ha perdido sabiduría, que frente a cualquier conflicto ustedes encuentran al quiosquero y él está pensado exactamente en lo que no tendría que pensar? El mercado tiene una política que son los medios de comunicación. Y los medios no hacen política cuando llevan a un personaje político de la derecha, porque para eso uno esta preparado, por lo menos para cambiar de canal. Pero cuando el noticiero, a las ocho de la noche nos está contando y relatando el asesinato de una mujer, ahí es cuando son de ultra derecha. Cuando el noticiero te dice cómo tenés que agarrar el tenedor, cómo tenés que pensar a la mujer, cómo tenés que pensar al violador, cómo tenés que pensar el desastre, la violencia, en esa cotidianeidad de crónica roja, ahí es donde los medios son de derecha y nos van convirtiendo en sujetos de derecha. Incluso sujetos que muchas veces están en posiciones populares, pero de golpe se les enciende una duda en el sentido de plantearse: «¿y esto cómo lo pienso?»

E
n este sentido, tengan total conciencia de que los grandes referentes de la derecha son de segunda instancia: el verdadero partido de derecha son los medios de comunicación de masas. Batallen permanentemente con amigos, planteándose que Clarín o El Mundo es el que está particularmente en contra de cualquier proyecto de democracia popular, como lo hace la red O Globo contra Lula, como lo hacen contra Chávez en las instancias monopólicas, como lo hacen contra Correa, que ya lo denunciaron en Ecuador las dos grandes cadenas de información. Son en estas circunstancias, la generación de un pensamiento de derecha. Esta es la gran batalla por la representación del mundo. Si nosotros perdemos la batalla por la representación de las cosas, si nos ganan permanentemente la interpretación de las cosas, vamos a perder por más justicia que tengamos. Si frente a los grandes problemas de cómo sobrevivir, se discuten los modales de tal presidente o de tal ministro, si tiene buen talante o mal talante, nosotros ya perdimos la batalla cultural. Nadie habla de lo que verdaderamente está en juego. Y aquel que está afectado, por ese problema enorme y común, solo se le ocurre hacerse antipresidente o anti modales ministro.

E
stamos en una situación de acoso. Debemos tomar brutal conciencia de esta lucha cultural que se debe hacer en lo social, en lo político, en lo artístico, en lo sindical. Cuando uno plantea la comunicación como derecho social, aparece la derecha en nombre de una coalición cívica que se disfraza de izquierda, diciendo que si la universidad o las centrales de trabajadores tienen un canal de televisión cada uno, entonces tiene que haber un canal más para la derecha.
¿ P
or qué deben, dos o tres monopolios de radiodifusión, de televisión, concentrar el fútbol, la noticia, la cotidianeidad? La revista Letrahora plantea dos o tres elementos fuertes, que para mí son esenciales. En principio, cómo la política es la modificadora de la práctica psicoanalítica. Y efectivamente, la política es lo que modifica cualquier práctica: la del arquitecto, la del peluquero, la del quiosquero, la del abogado. Cuando uno se introduce en la política y va pensando, y va tomando práctica, va cuestionando, y va recibiendo cachetazos, y va dándose cuenta de cómo viene la mano, esa política reformula las grandes variables, en este caso lo psicoanalítico.

Y
el otro gran tema, para los intelectuales, que están escondidos en la academia, subvencionados, que les cuesta tanto regresar otra vez a la política porque descreen de esto y descreen de lo otro, y toda la producción de un discurso mediático, en fin, la ciencia, el saber, el conocer, tienen que ponerse siempre entre el dominio que sufre y la insubordinación a lo establecido que pretende. En es sentido, toda la tarea de cuadro político militante es una tarea de cuadro político intelectual. Tenés que pensar el mundo, pensar las circunstancias, pensar por qué éste dice lo que dice y aquel dice lo que dice.

D
esde esa perspectiva me parece que la revista plantea dos variables muy fuertes: la importancia del lazo social para plantearse lo psicoanalítico sin perder de vista lo subjetivo. Esa es una lucha básicamente cultural, lucha política por excelencia. En los setenta, los sectores medios nacionalizados, que se habían acercado al peronismo, habían ganado la batalla cultural. Comunicadores, profesores, psicoanalistas, se planteaban dentro de las líneas nacionales y populares. Eso se perdió por la crueldad de la dictadura militar, y por los años ochenta y noventa.

E
ntonces, hay que recuperar toda tarea política que exige un pensar fuerte, y más ahora donde todo es muy complejo, donde la trampa subyace en cualquier cosa. En los setenta los medios de comunicación eran un cuento de rosas. Nadie miraba el noticiero, que duraba quince minutos, lo dirigía un borracho, daba igual. Cuando nosotros veníamos de la manifestación a nadie se le ocurría decir: «vamos a ver que dice». Por que no decía nada. Hoy tenemos cinco canales de cable de noticias que nos están bombardeando y si quieren convertir la muerte de una cucaracha en el acontecimiento fundamental del día, la convierten. Y terminamos todos hablando de la cucaracha muerta.

U
na tarea como la que pretende esta revista tiene que ser expansible y desplegarse a todas las tareas intelectuales. Hoy el cimbronazo del paro agrario ha sido tan fuerte que hay un regreso de la gente a lo político. Nosotros hicimos una convocatoria para juntar veinte o treinta personas y juntamos quinientas firmas de los mundos universitarios, culturales, profesionales, quinientas firmas de gente que se sintió tocada por este acontecimiento y que dice: «vuelvo a la política, por que la Argentina esta viviendo un momento dramático muy decisivo». Por eso, reivindico esta revista, que habla del capitalismo, que habla de los intereses sociales en disputa, del conflicto social, de cómo se disfraza todo en función de un dominio que con su retórica trata de esconder lo que verdaderamente acontece, ya sea con el «paco»,(derivado de la cocaína), ya sea con los sectores más castigados. Le deseo a esta revista y a ustedes en la militancia que nos espera, que va a ser muy dura, que apretemos, con revista, sin revista, con poncho o sin poncho.

***

LO COLECTIVO ES NECESARIO
Fragmentos de la intervención de Osvaldo Martín en la presentación de Letrahora

N
o a todos les importa lo que decimos. ¿Por qué? Porque no va de suyo que psicoanálisis y política vayan de la mano. Más bien, cuando buscamos, lo que vemos, leemos, encontramos, son textos de psicoanalistas que hablan de política. Salvo alguna excepción, nos encontramos con un conjunto de planteamientos atravesados por la soberbia de un lacanismo vacío que provoca un poco de risa, un poquito de bronca y a veces, mucha vergüenza.

Se entiende por qué pasa esto. Porque en lugar de hacernos vivir la verdad del saber, encarnan la verdad de lo que los otros tienen que hacer.

N
o es este el caso de Letrahora, somos actores sociales y nuestro desafío es el de pensar con los términos del psicoanálisis sin caer en una especie de imperialismo lacaniano.

P
uedo decir que vengo a hablar de la revista y también que vengo a hablar de mí. (Lo mío, en tanto que mío, no le interesa a nadie, ni a mí). Lo que quiero decir es que hablar de uno en este caso es dejar de hablar de uno… es iniciar el diálogo con el otro, es un modo que tenemos de dejar rápidamente de hablar de uno mismo y empezar a hablar de nosotros, y esto es una enseñanza de Letrahora, para el que la quiera tomar, y es el resultado de entender que la salida no es individual, es social y colectiva.

E
sto es «No hay personalidad, es necesario distinguir entre el origen de clase social y la posición respecto a la clase social de origen».
Y
nuestra posición se traduce en una palabra: coraje.Es un término esencial para aquel que se interesa por el otro. Además, indirectamente estoy interesándome por mí, porque no debo olvidarme de que «el otro soy yo», es decir «yo soy el otro».Coraje por dos cuestiones: en primer lugar, para no caer en la decepción, propio de determinados medios, y después coraje para no callar, cuando no hay que callar…Esta es la batalla entre la decepción y el coraje. «No vale la decepción cuando se respira la causa que anima nuestra posición de sujetos».

¿E
stamos en condiciones de luchar por un país mejor? Si.Estamos en condiciones de luchar por un país mejor y de paso por un mundo mejor, ya que, de paso, podemos mejorar este país y además mejoramos nosotros.

E
ste es el hueso de la acción política: que lo colectivo es necesario. Lo político es necesario.

Acerca de la cuestión de la mujer: un debate posible

 

MujeresEl trabajo apunta a exponer tres cuestiones vinculadas. La primera: la declinación de la intuición femenina; la segunda: el pasaje de la mujer del discurso histérico al dialecto obsesivo; y la tercera: una observación sobre la inscripción del hombre en el discurso histérico. Razones de espacio llevarán a extender el primer punto; y como se verá quedarán otros conceptos por desarrollar.

La declinación de la intuición femenina es un hecho constatable en el tiempo. Tanto en la literatura como en la vida cotidiana y en el sentido común aparecía este término, intuición femenina, de una manera fuerte, que le otorga a la palabra de la mujer, a su captación, a su percepción, una manera de enfrentarse a la realidad absolutamente diferente a lo masculino y a la que se daba el nombre de intuición.

Constatamos que este término intuición femenina desaparece misteriosamente de la literatura, de la vida cotidiana, del lenguaje común. Es evidente que cuando se utiliza el término intuición y antes de preguntarnos por su desaparición -al menos en lo que se refiere a la intuición femenina- debemos interrogar este concepto presente en las distintas teorías que intentan explicar los hechos y las causas. Ya que la intuición femenina aparecía como un hecho singular e individual que iba directamente a la cosa en sí, que penetraba en un punto de objeto, o como lo señala Bergson: «es aquel tipo de simpatía intelectual por medio de la cual uno es transportado hacia el interior de un objeto para coincidir con lo que éste tiene de único y por consiguiente de inefable».(1) La intuición, en ese sentido, para Bergson no es otra cosa que una forma altamente desarrollada del instinto superior a la razón en cuanto esta última se expresa de un modo hipotético. Así el ejemplo que lo muestra: la intuición puede afirmar decididamente q, mientras que la razón sólo se atreve a afirmar q a condición de p, es decir, si p entonces q.

Esta ventaja de la intuición sobre la razón es atribuida a la mujer, y quizá se fundamenten de esa manera ciertos elementos considerados propios de la histeria, con exasperación de una cierta inteligencia intuitiva.

Este término intuición nos es útil para reflexionar sobre el hecho de que la intuición se presenta como una certeza evidente, o como lo describe Bergson: «la intuición es el instinto que se ha hecho desinteresado y consciente de sí mismo, puede reflejar en sus objetos y es capaz de ampliarlo ilimitadamente».(2)

La intuición, pues, no busca otra cosa que una certeza elevada al rango de ciencia, y que intenta alcanzar la evidencia del pensamiento. Estos elementos que son fundamentos de la búsqueda científica, sin embargo, no permiten que se produzca de ninguna manera en nombre del sentido común. Ese sentido común es el que aparece posteriormente a ese efecto de certeza, de captación luminosa, de captación certera de un elemento que permanece aún en las sombras.

Hemos llegado al punto de conectar la intuición femenina con ciertos conceptos bien conocidos de intuición, y podemos señalar a qué se debe el efecto, entonces, de la declinación de la intuición femenina tal como se puede constatar. Lo más evidente para poder interrogar esta declinación es el desarrollo que abrió las puertas de la ciencia, especialmente de la ciencia contemporánea, al hacerse cargo las matemáticas y la lógica de elementos que permanecían efectivamente entre las sombras. Y que estos elementos demostraron que la intuición como tal era parte de las divergencias generales, de los múltiples universos, de las vías alternativas, en las diferentes leyes que prueban lo insoluble de lo que el sentido común guardaba como misterio en el interior y que, a la vez, comienza a ser palpable para el rostro contemporáneo.

Es verdad también que la declinación de la intuición femenina sucede con los nuevos modos de trazar la escritura. Si modificamos por un instante el término de intuición y le proponemos -y de hecho es el nuevo elemento que propongo- para hacer visible este elemento de la intuición femenina es: la mujer, lo femenino, tenía a su cargo un leer en la palabra que de ningún modo se especifica por ser parte de una escritura concebida en un modo del sentido común. Una escritura fuera de la división clásica de la palabra atribuida a lo fónico y una escritura atribuida a la letra escrita. Es evidente que las mujeres en la intuición mostraron y abrieron la puerta para comprender que en la palabra hay una escritura, que no necesita ni tinta ni papel. Si sustituimos intuición por leer, respecto a esta escritura, logramos captar algo que está en juego más rico en posibilidades que el hecho de atribuir esto a una especie de esencia, o de «nous», o de «pneuma» griego.

Este efecto de lectura la mujer lo ejercía en los tiempos en que este concepto de escritura no era llevado al plano de las teorizaciones como actualmente está siendo conducido. Pero no solamente a esto es atribuible la declinación de la intuición femenina, sino al hecho de que no encontró para la certeza de esa intuición otra cosa que la reedición de una teoría de la personalidad. Es decir, la atribución de esa certeza a una autorreferencia en tanto que la mujer manejaba los elementos que le brindaba su entorno, en tanto la captación de esa escritura era posible, si era conducida hacia el yo. De este modo ese leer una escritura invisible le permitió a la mujer cuestionar los argumentos con los cuales se expresaba la sinrazón del amo, y de ese modo el discurso histérico, fiado en principio a la mujer, dio lugar a esa respuesta inédita que es la de Freud. Recordemos que el padre del psicoanálisis en el sueño fundador de «La inyección de Irma» escribe: «Leo: trimetilamina». El acto de leer en el interior del sueño es el desplazamiento del leer como término intuitivo a un discurso.

En un momento determinado la mujer abandona esta intuición tal como en cierto momento de la historia se han abandonado otros elementos, como nos recuerda F. Engels en «El origen de la familia, la propiedad y el Estado», y que luego retomaremos.

El elemento coadyuvante para el abandono de la intuición han sido los desarrollos fabulosos de la ciencia y de la técnica; y en ese camino de la transformación de lo social bajo el modo de lo universal la mujer cambia su lugar pasando de un discurso que la privilegiaba en cierto punto de interrogación al amo a una cierta coalescencia con ese discurso. Efectivamente, la mujer ubicada en el discurso histérico deja de interrogar al amo, deja de cuestionar al amo, más bien para emprender el camino de su liberación tal como lo plantea la liberación femenina, el camino de su libertad. Implica, por lo tanto, aunque no se quiera aceptar esto fácilmente, tomar el discurso que antes era el del opresor. Es así como la mujer toma el dialecto obsesivo, que era el modo en que el amo, por sus argumentaciones, justificaba la irracionalidad de su acción. El amo, ubicado en el nivel de un S1, no tenía porqué justificar con otra cosa que con su propia palabra, podemos decir, la fe en los argumentos de sus acciones. La mujer toma ese camino y por eso podemos hablar de que se coadyuva lo que hace par con la declinación de la intuición femenina en el pasaje de las mujeres, de una manera más o menos aceptada, a lo que podemos llamar el recurso obsesivo o el dialecto obsesivo.

Esto es apenas un breve resumen de la complejidad, la trama de lo que tratamos. El pasaje del discurso histérico a su dialecto obsesivo hace que hombres y mujeres se emparenten, ya que junto con la declinación de la intuición femenina se observa la imposibilidad de los hombres de hacerse cargo de las funciones atribuidas antes al padre, fenómeno contemporáneo, que hace constatable, junto a la declinación de la intuición femenina, la declinación de la función paterna.

Asimismo vemos actualmente, como tercer punto, la inscripción del hombre al discurso histérico. Llega el momento de plantear la divergencia respecto a lo que fue tomado hasta ahora como intuición. En realidad -ésta es mi hipótesis- la mujer habitó un modo singular del leer esa escritura, modo del leer al cual podemos, también, darle el nombre de intuición.

Podemos, por ejemplo, interrogar el conocimiento intuitivo que ofrece Spinoza. Este conocimiento es de índole lógico-matemática. La intuición aparece, para Spinoza, en la solución del problema siguiente: «Dados tres enteros, hallar un cuarto que sea al tercero, lo que el segundo es al primero»(3). Esta operación es tan rápida para cualquier persona que se presenta como un destello de intuición. Esto se nos hace válido para pensar que este estilo de intuición capta muy bien la función del doble. Mario Bunge lo sitúa, quizá, sin saber lo que dice puesto que ignora que este concepto de doble ha sido aprehendido por el psicoanálisis, al cual este autor rechaza por considerarlo fuera del campo de la ciencia. La relación que aprehendemos, según Bunge, es el doble de.

Ese doble, función introducida por Freud respecto al fantasma, respecto a lo siniestro, tiene un amplio desarrollo, convirtiéndose en un fundamento. Lo que captamos en ese doble de es la duplicación original, en la cual el ser que habla está comprometido. Recordamos que este concepto de duplicación original es fundamento en la obra de M. Heidegger.

Ahora bien, cuando hablamos de intuición, cuando hablamos de duplicación original, cuando hablamos de doble desde el punto de vista de Spinoza, cuando nos referimos a este elemento misterioso que se dividiría entre intuición y razón, quizá ganaríamos una clarificación si aceptamos que se trata de la duplicación original e irreductible en el ser que habla entre palabra y escrito. Palabra y escritura que se ponen en juego en un leer que se apartaría, como antes dijimos, del canon tradicional, del sentido común, y que sin embargo no es menos común a todos.

Es evidente que las teorías del texto, las teorías del leer, nos ponen frente al camino, cada vez, del interrogar de qué se trata ese leer, si es que aceptamos que allí donde se dice intuición en realidad acontece un acto que podemos llamar leer. Si ponemos esta idea entre comillas es porque todavía no podemos atrevernos a colocar este leer de una manera franca y sencilla, ya que no es franca ni sencilla. Es evidente que es más fácil dar este concepto de un golpe, a saber: que la duplicación original en la que el ser que habla está inmerso se debe a que su palabra está vinculada a una escritura que desconoce y que lo desconoce. Este efecto, que no es otra cosa que darle una propiedad simbólica -simbólico en el sentido fuerte, en el sentido de la esencia del lenguaje- al ser que habla, es mostrar en qué punto es desconocido, en qué punto es inerme para sí mismo, ya que esa escritura que captaría en el otro no le es posible captarla en sí mismo; no hay un sí mismo para la captación de esa escritura. Esta escritura que podemos nombrar de muchos modos: como escritura dicente, escritura «c’escritur» como la nombra J. Lacan(4), nos permite, si sustituimos intuición por leer, en definitiva, dilucidar que ese atributo de la mujer, esa potencia oculta y misteriosa de la mujer llamada intuición, era la posibilidad de leer esa escritura. Leer, en lo que un texto presenta como palabra, otra cosa de lo que la palabra dice, radicalmente, no teniendo nada que ver aquello que se dice con aquello que se escribe. Entre escritura y palabra sólo en ocasiones hay pequeños destellos, pequeños contactos, zonas que son divergentes en el pensamiento, si es que lo hacemos pasar por esta duplicación original. Es a estos pequeños destellos, pequeños contactos, a lo que llamamos intuición.

Retomando el texto de Mario Bunge «Intuición y razón», lo más acertado en este punto de la intuición femenina parece ser cuando plantea que la cuestión de la intuitividad carece de sentido, y se pregunta si hay algún tribunal último para decidir qué concepto es inherentemente más intuitivo, y cito: «o la cuestión misma carece de sentido y la intuitividad es relativa al sujeto y su experiencia»(5). Es más importante, para nosotros, esto último, esta intuitividad relativa al sujeto y su experiencia, pues es justamente lo que queremos mostrar, a saber, que el leer que se plantearía en el lugar donde dice intuición es un leer propio a la mujer que se refiere a la cuestión del sujeto, en definitiva una cuestión de la subjetividad.

Ahora bien, no hay de ninguna manera un elemento llamado sujeto, tal como lo concibe y lo piensa el psicoanálisis, en todo el desarrollo de «La intuición y la razón». Una entrada del sujeto cuida la contingencia como marca de lo singular en lo universal. Se muestra, más que en la aparición de teorías, en la desaparición subrepticia de ciertos elementos, tal como vemos que ha sucedido con la intuición femenina.

Tenemos quizá en la historia -no bajo el modo de verdad histórica, ya que carece de importancia, y sólo lo tomamos como una ficción que porta un real hacia nosotros- un ejemplo similar en el libro «El origen de la familia, la propiedad y el Estado», que antes hemos mencionado. Allí se nos muestra lo que F. Engels llama «la revolución más importante en la historia del hombre, aquella que se realizó sin disparar un solo tiro». Es el momento, en un apretado resumen, donde en la antigüedad se disuelve el matrimonio de grupos y la mujer cede la propiedad de sus hijos al clan paterno, fijando así al hombre a la estabilidad y a la producción. Pero la causa que produce este movimiento, lo describe Engels de una manera magistral y enigmática, es «el derecho a la castidad de la mujer», citamos. ¿Qué puede querer decir el derecho a la castidad? Sólo podemos decir algo: es una cuestión inherente al concepto de goce y no parece casual que sean K. Marx y F. Engels quienes porten esta pregunta hasta nosotros en tanto creadores del concepto de plusvalía. Así vemos la pluralidad de elementos que se movieron alrededor de la declinación y desaparición del «derecho materno». Y es por esto que queda en consonancia con ese otro efecto de desaparición de lo que se dio en llamar la intuición femenina. Quedan aún por desarrollar las interrogaciones pertenecientes a una escritura apropiada a ese leer que la mujer cedió a un nuevo discurso: el del analista.

  • Referencias bibliográficas
    1. Bergson, Henry. Introduction à la métaphysique. En Revue de la métaphysique et de morale, XI, 1903, pág. 4.

    2. Bergson, Henry. L’évolution créatrice, 1907, Presses Universitaires de France, 1948, pág. 178.

    3. Bunge, Mario. Intuición y razón, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1996, pág. 22.

    4. Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 11: Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis.
    Epílogo. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1988.

    5. Bunge, Mario. Op. cit., p. 38.

 

Autor | José L. Slimobich