Psicoanálisis: los nuevos signos

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Autor | José Luis Juresa/Pedro Muerza

Editorial | ATUEL- Colección LetraHora

Este libro es interesante porque intenta lo nuevo, sin dejar lo viejo. Considera la teoría como no acabada, quizás lo que hasta ahora se ha hecho es sólo el prólogo de lo que aún está por hacerse.

José L. Slimobich 

JOSE LUIS JURESA

Psicoanalista y escritor nacido en Buenos Aires en 1964. graduado en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Exdocente por extensión universitaria en la misma facultad. Actualmente miembro de la Escuela
Abierta de Psicoanálisis y de la Fundación Prosam (OSDE). Colaborador de la revista Letrahora y co-autor de otras publicaciones como El leer en el habla (2000) y Lacan la marca del leer (2002). También publicó artículos
en diarios y revistas (Página/12, Escritural, Sur).
Expositor en todos los encuentros hispanoamericanos de psicoanálisis organizados por Analytica de Buenos Aires desde el año 1999 hasta la fecha.
En el año 2008 este trabajo resultó finalista del premio internacional Lucien Freud, obteniendo una mención especial.

PEDRO MUERZA CHOCARRO

Médico-Psiquiatra. Psicoanalista.
Miembro del Instituto de Psicoanálisis de Pamplona y de la Escuela Abierta de Psicoanálisis

Libros escritos en colaboración:
El Psicoanálisis en la actual
idad (1996) Edit. Anthropos. Lacan: el amor y el deseo en la civilización del odio (2004) Edit. Universidad de Granada.
Coautor de: La violencia sobre la mujer (2005) Edit. Eunate. Pamplona.

Participante como ponente de diversos trabajos psicoanalíticos en Jornadas de Psicoanálisis tanto en España como en Argentina.
Miembro fundador de la revista Letrahora publicación internacional del Psicoanálisis en la Cultura.
En el ámbito de la investigación histórica ha recibido los premios de la Villa de San Adrián (2004) y de la Villa de Andosilla (2005)

 

Entrevista a Emilio Gómez Barroso sobre «Tiempo y Política»

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Entrevista publicada en la revista dominical «Igandea» del periódico «Berria» editado en Euskadi. La tradución del euskera al castellano ha sido realizada por la EAP.

“Parto desde el estudio de los textos iniciales de Marx. Y elegí esa base, porque el Marx del inicio es el que el socialismo oficial todavía no ha alcanzado”, explica Gómez Barroso. “todavía es un Marx no adornado de conceptos” puntualiza.


“El objetivo, sobre todo, es impulsar la relación entre el mundo privado y el entorno colectivo. Nuestro trabajo es hacer una lectura psicoanalítica sobre lo que pasa en la sociedad”


“Los movimientos sociales, justamente esos movimientos sociales que se han puesto en marcha hoy en día reflejan el lenguaje de la esperanza. Pueden ser como una lengua de fuego que enciende todo. Las oportunidades están ahí. No falta más que ver cómo se materializan”

Acceda al contenido completo pinchando en los vínculos siguientes:

Traducción al castellano 
PDF del original en euskera

Tiempo y Política: Marx Hegel Freud Lacan

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Autor | Emilio Gómez Barroso

Editorial | Colección LetraHora. Editorial Atuel

¿Qué es la política? ¿La sucesión de sistemas de gobierno o la estabilidad del menos malo?¿La circulación o defensa de argumentos sostenidos en un universo ético? ¿La contención de intereses evitando continuamente la violencia? O ¿algo que nos permite una experiencia con el otro sin negarlo una y otra vez?

¿Qué lleva, entonces, a que la propiedad y la mercancía tengan más valor que el hambre de un hombre, que la miseria exhibida de un niño en la calle?

Esta pregunta, simple, orienta este libro y esboza una respuesta audaz, tomando el diálogo entre un Marx poco conocido y Hegel, para luego enlazar estas respuestas con lo que sucede cuando la política juega con el tiempo.

Y el tiempo ya no es sólo sucesión inexorable. Ahora, aquí, es matizado por la precipitación, el fracaso de la espera, lo que surge del otro, lo inesperado. En esta interrupción de lo continuo de un pensamiento lineal, surge el lazo con el psicoanálisis de Freud y Lacan, introduciendo en las polémicas de la política el tiempo de la subjetividad.
Todo esto sin olvidar que condensar la acción humana en la economía, es demasiado arriesgado. Y recordando que ya se  nos prometió el fin de la historia y los sueños de riqueza, que embrutecieron la vida de los hombres, con el nombre de Primer Mundo.

Este libro incita a pensar sorprendiendo. Porque viene a decir que hay ideas que se pueden comprar, pero que no se venden.

José León Slimobich*

*Jose León Slimobich, es psicoanalista miembro de la Escuela Abierta de Psicoanálisis y coordinador internacional de LetraHora.

  • Referencias bibliográficasPrólogo: José María Ripalda Crespo

    Emilio Gómez Barroso 

    Psicoanalista miembro de la Escuela Abierta de Psicoanálisis.

    Perteneciente a «Iniciativas para el Diálogo», espacio abierto en Pamplona con la intención de proponer formas de trabajo, para abordar sobre todo el tema de la violencia.

    Licenciado en Filosofía por la UCM de Madrid. Doctorando en la UNED presenta el trabajo previo a la tesis doctoral titulado «Del tiempo ideal al tiempo real», donde vincula a Marx con Hegel, más de lo que habitualmente se hace, y abre las tesis marxistas sobre la alienación y el fetichismo al campo del psicoanálisis.

    Colaborador habitual de la revista LetraHora donde ha publicado varios artículos.

    Ha contribuido a la elaboración de textos colectivos como:
    «Lacan: amor y deseo en la civilización del odio»
    «Lacan: la marca del leer»

    Ha participado en diferentes jornadas internacionales de psicoanálisis y en espacios universitarios y públicos, recientemente en el espacio multidisciplinar «Silencio y Política» en la UAM.

    Pinchar aquí para ver vídeo de una conferencia de José María Ripalda donde hace referencia a este libro

 

Próximo a aparecer: «Gérard Haddad, un periférico del psicoanálisis»

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Nuevo libro de José Luis Juresa, psicoanalista de la Escuela Abierta de Psicoanálisis (EAP) y Cristian Rodriguez, psicoanalista y escritor.

«Esta obra, que el propio Haddad califica de “ovni argentino”, no se agota en una apología del autor en cuestión, sino que lo retoma para reubicar su trabajo y los efectos de su análisis –que no fue cualquier análisis, sino uno conducido por Lacan– en los problemas que aquel abordara: el estudio del judaísmo a partir del psicoanálisis, las nuevas estructuras que los campos de exterminio nazi continúan imprimiendo en nuestras vidas a través de formaciones patológicas, el alcoholismo en las mujeres, y la tradición del libro, entre otros tantos, donde la noción de “testimonio” toma un valor central y ordenador de esa periferia entendida como un lugar particular que Gérard Haddad ocupa respecto del campo psicoanalítico. (Pablo Peusner en «El psicoanalista lector» http://elpsicoanalistalector.blogspot.com.es/)

Un juego de escritura. Primera parte

Ideograma TianEste trabajo se podría situar en un trayecto y en un proyecto como ha dicho Enrique Pastrana, y en este caso como en un repensar, renovar, ampliar el concepto de texto. El texto es el lugar propio de los juegos de escritura.


L
acan va a decir que la originalidad de Freud es el recurso a la letra. Que es la sal de su descubrimiento y de la práctica analítica. El modo en que aborda los sueños o cualquier ejemplo de su Psicopatología de la vida cotidiana, los olvidos, lo que hay de luminoso en el tema del chiste, en la formación de los síntomas, todo aquello que se llaman formaciones del inconsciente nos conducen a constatar la letra en su textura, en sus empleos, en su inmanencia a la materia en cuestión, que abre el camino real al inconsciente. Seguramente algo en Freud lo preparaba para su descubrimiento más allá de sus determinismos, su formación, sus presentimientos: la larga tradición literaria, literalista, a la que pertenecía. Dentro del campo literal nos encontramos con sistemas de escritura que no son alfabéticos, como es el caso de la escritura jeroglífica.

Y
llama la atención que en uno de los primeros trabajos de Freud, Estudios sobre la histeria, diga: «la sintomatología histérica puede compararse a una escritura jeroglífica que hubiéramos llegado a comprender después del descubrimiento de algunos documentos bilingües. En este alfabeto, los vómitos significan repugnancia». En este caso los vómitos son sustitutivos de la repugnancia moral y física.

O
por ejemplo en La Interpretación de los sueños equipara a éstos a un sistema de escritura que para su interpretación es necesaria una labor análoga a la de descifrar una antigua escritura como la de los jeroglíficos egipcios. Hablaré pues, por un momento, como en flash, de los jeroglíficos. Y también porque este trabajo sobre los jeroglíficos me sirvió como el título de las jornadas, «lo que se puede aprender en las fronteras».

Y
aunque la escritura jeroglífica es, en muchos de sus aspectos, compleja (pensemos por ejemplo que mientras nosotros tenemos 28 signos en nuestra escritura alfabética, en ella hay más de 300, incluso se llega a 700), el principio básico no es tan difícil. Lo característico del sistema jeroglífico es su presentación en imágenes. Estas imágenes corresponden a tres tipos de signos:
1. Los ideogramas, que serían los que expresan ideas o el sentido por medio de imágenes, en dibujos. Dibujos que ya salen de algo que en su esencia es figurativo. Así para «brazo» se dibujaría un brazo. Para «boca», se dibujaría una boca. O también se dibujarían un brazo y una boca para palabras asociadas como «dar» o «hablar», relacionadas metonímicamente.
2. Los fonogramas o signos sonoros. Es cuando a las imágenes se les da un sonido que les corresponde en su lengua, en este caso en egipcio. Así, la imagen de la boca que en egipcio era «r», podía ser utilizada para la letra r. O el signo que representaba el brazo, en egipcio servía para la letra a. Bueno, es una reducción que yo hago porque no hay vocales en egipcio, solamente semiconsonantes. Es decir, que se codifican las imágenes con los sonidos y pueden tener valor fonético. Cuando la imagen sólo tiene un sonido se le llama unilítero, si tiene dos sonidos, bilítero y las imágenes que tienen tres sonidos, trilíteros.
3. Los determinativos. Son signos que no tienen valor fonético, no se pronuncian, y tampoco tienen un valor de sentido, se colocaban al final de las palabras para clarificar el significado, o sea ayudan a comprender el significado, lo completan. Las palabras eran escritas mediante una combinación de estos signos. Así, la palabra ra («sol») fue escrita con los signos fonéticos «r» + «a» (su transliteración es Ra) seguidos por el jeroglífico para «sol» que clarificaba el significado y que por tanto funcionaba como determinativo permitiendo distinguirla de otras palabras. Si por ejemplo se escribe con este último signo que es el determinativo de dios, la palabra «ra» deviene «el dios sol Ra». Una misma imagen, por ejemplo la boca, sirve para «boca», para algo asociado metonímicamente a ella como «hablar» o para ser utilizada tomando su valor fonético «r» que unida a otra imagen formará otra palabra.

E
stas posibilidades dan resultados bastantes complejos y dotan a la escritura jeroglífica con esta cantidad de posibilidades de combinatoria de los signos, de una gran flexibilidad que facilita esos «juegos», digamos así, de escritura. Y además utiliza, por otra parte, muchos otros recursos. Entre ellos la llamada «inversión reverencial» que es cuando la sintaxis se altera como si fuera una reverencia ante el rey o ante un dios, o incluso las posibilidades mismas que tiene la orientación de la escritura que no siempre es lineal, que puede ir de derecha a izquierda, de izquierda a derecha o de arriba abajo y se sabe siempre su orientación porque los animales y personas miran siempre al origen de la escritura. Incluso puede suceder que una parte de la frase vaya en una orientación y otra parte, en otra, confluyendo en un punto y dando una composición simétrica.

E
sta escritura, además del juego mismo que permite la combinación de signos juega con ellos mismos para realizar composiciones de diferentes tipos. Una es esta composición simétrica, otro ejemplo es la estatua de Ramsés II en la que el rey está representado como un niño sentado con el dedo en la boca, que corresponde al jeroglífico «mes» o niño, lleva sobre la cabeza el disco solar «ra» y en su mano izquierda sostiene una planta «su». Así, la estatua no representa únicamente la figura física del monarca sino que también su nombre desglosado: Ra-mes-su o Ramsés. Este ejemplo está tomado de una escultura porque la escultura, la pintura, el arte egipcio en general, se elabora a partir de signos escritos, se relaciona directamente con el principio de la escritura propiamente dicho. ¡Da la impresión de estar ante un inmenso libro!

A
sí, los estudiosos del arte egipcio recomiendan «leer» los distintos elementos «ideográficos» de las representaciones egipcias de igual manera que los signos de una inscripción, tanto si aparecen con claridad, como por ejemplo en la estatua de Ramsés II mencionada antes, como si se muestran en sutilezas, o en la utilización de las formas jeroglíficas como personificaciones, por ejemplo los signos anj con brazos humanos).

L
a escritura jeroglífica nos muestra entonces un texto con un montón de posibilidades, un texto lleno de flexibilidad, un texto que se puede enriquecer, modificar, trasladar, cortar, situar cosas en él, torcer, etc. Es decir, que es todo un juego de escritura.

D
ando un giro a la clínica, un pequeño fragmento clínico: Un paciente que habla de imágenes que le horrorizan, que le atormentan y que dice de ellas en un momento dado: «imágenes odiosas». Imágenes odiosas y también «imágenes o diosas». Creo que este ejemplo muestra que un juego de escritura, un juego de escritura significante, permite hacer surgir otro sentido que el propuesto, simplemente al organizar de otro modo el escrito. Así, con un mínimo corte no sólo tenemos «imágenes odiosas» sino que además tenemos «diosas».

E
l efecto que se produce al captar este juego de escritura es el de movilizar algún elemento del deseo que trae consigo una nueva asociación: «Diosas» que él relaciona con un viaje familiar en el que había acudido a una exposición de cuadros de diosas mitológicas de la que conservaba un libro con láminas de esos cuadros, como un souvenir, y que eran las mismas que formaban parte de sus imágenes. Deseo como categoría del discurso analítico que renueva el texto abriendo nuevos juegos de escritura.
Autora | Beatriz Reoyo

Para pensar lo urgente

cambiosocialEl Taller sobre la urgencia del cual participamos nos permitió, en particular por su carácter multidisciplinario, considerar otros aspectos involucrados en la urgencia además del que nos compete en nuestra práctica médica, permitiéndonos de este modo aprender de los demás.

H
emos llegado a un diagnóstico, no muy distinto al que otras disciplinas puedan expresar.

C
reemos que nuestra sociedad está enferma y con carácter de urgencia debe ser tratada.

L
o que ayer era un síntoma o un signo hoy es una enfermedad.

D
urante los últimos tiempos las distintas administraciones, en particular las del sistema de salud, no sólo no han logrado mejorar nuestra calidad de vida sino que nos sumieron en un empobrecimiento económico e intelectual. Y lo que es peor: han menoscabado nuestra dignidad como seres humanos. Esto ha enfermado nuestras mentes y por consiguiente nuestros cuerpos. Más allá de las intenciones de las distintas autoridades, lo que nuestra práctica cotidiana nos permite comprobar es que las incoordinaciones y diferencias entre las acciones y las ideas nos han llevado a un caos. Supuestas inversiones en infraestructura edilicia no son más que un lavado de cara del hospital, que no logra mejorar la esencia de su función. De este modo, al no cumplir su cometido de servicio a la comunidad, somos los profesionales de la salud los que recibimos las quejas, a pesar de que nuestro esfuerzo humano siempre ha sido el mismo.

C
uenta la crónica diaria: caso García Belsunce,1 caso Peralta,2 caso Santillán,3 caso Brukman,4 y muchos otros que desconocemos, como así también los meses transcurridos sin que comiencen las clases en las escuelas y colegios en distintas provincias, las inundaciones que podrían ser previstas, la falta de medicamentos y útiles escolares y un sinfín de cosas a mencionar que afectan a todas las clases sociales. Esto es lo que nos lleva a decir que tenemos una sociedad enferma, que debe ser tratada en forma urgente.

E
n vano sería seguir haciendo diagnósticos de lo que todos conocemos si no comenzamos por dar nuestra opinión de cómo podemos salir de esta situación.

H
e aquí algunas ideas:

1. Conocer quiénes somos en lo espiritual y lograr la sabiduría para poder entregarle al otro todo nuestro conocimiento.
2. Desapegarnos de nuestros intereses personales, que no significa de nuestros ideales, para poder liberar todo nuestro potencial de conocimiento.
3. Ser Caballeros de la vida, más que «luchadores de la vida». Utilizando la inteligencia podremos cumplir con nuestros objetivos sin un esfuerzo desmedido.Invitamos a los colegas interesados a contactarnos para informarles acerca de los objetivos que nos hemos planteado al participar en esta actividad, con el deseo que pueda infundir el entusiasmo para cambiar los tiempos actuales. Notas:
1.-Crimen en un Country, aún sin resolver. El esposo de la víctima es el principal sospechoso.
2.-Secuestro seguido de asesinato. Se encuentra involucrada la policía de la provincia de Buenos Aires.
3.-Fusilado por la policía de Buenos Aires, luego de una marcha de grupos piqueteros.
4.-Represión de la Policía Federal en la fábrica textil expropiada por los trabajadores.

Autores | Miriam Violante, Raúl Knauer

La violencia o la palabra

 

seccion-femeninaCallar, recordar, leer.
Es una falsa dicotomía que pertenecer a una sociedad
atravesada por una dictadura nos condenaría a no hablar
de eso tan mortificante o a repetir infinitamente el dolor.

H
ablar del franquismo, hoy en día, todavía duele. No les duele a los jóvenes, que no lo conocieron. Para ellos Franco representa el pasado, muy pasado, del que tampoco saben mucho; entre otras cosas porque sus mayores que sí lo conocieron hablan poco. En particular de esa época oscura, que quizás se preferiría olvidar. Ya que la palabra, como muestra la experiencia analítica, es la esencia de lo humano, hablar es violencia sobre la muerte, en este caso, violencia sobre la muerte de la palabra.

P
or tanto nos conviene. Porque de lo contrario, no nos queda sino otro tipo de violencia, cruel, feroz, que es la que ya conocimos con el franquismo y que incluso quedó reflejada en el ideario de la Sección Femenina. Así lo expone Pilar Primo de Rivera: «… Todos los días deberíamos de dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si lo tuviéramos quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas«. Expresa muy bien el desprecio por la palabra considerando una suerte su ausencia en las mujeres; y en lo que respecta a los hombres piensa que hablan para satisfacer su vanidad, es decir, que mejor estarían callados. Es el desprecio por la palabra, por las mujeres y los hombres, por los semejantes, por lo humano. No hay mayor desprecio que el desprecio de la palabra. Como dice José L. Slimobich en Lacan: amor y deseo en la civilización del odio, el supremo modo del odio es despreciar la palabra del otro, pues ese odio lleva al silencio del otro, a construir al sujeto como desecho.

N
o deja de resultar llamativo que para expresar ese desprecio también se tenga que hablar, y se tenga que hablar a otro. Pero entonces la palabra de ese modo depreciada es tomada únicamente como instrumento de manipulación y como extensión del dominio sobre el otro. Tipo de vínculo con la palabra propio del totalitarismo, y por ende del franquismo, con sus efectos de violencia, opresión y coerción.

D
e ese modo no es de extrañar que el psicoanálisis fuera prohibido por Franco. La innovación teórica que supuso el psicoanálisis fue acogida con interés por parte de los pensadores y reformadores de la época, que conocieron a Freud gracias a la traducción que de sus obras completas realizó López Ballesteros en 1922, y que fue impulsada por Ortega y Gasset. Tras la Guerra Civil fue prohibido. Casi extinguido, desviado y neutralizado en su filo cortante de verdad, fue recuperado -con la apertura política, tras la caída del régimen de Franco- por la lectura de Freud que hizo Jacques Lacan.

C
omo tampoco es de extrañar la lista negra, interminable, de libros que se prohibieron o que estuvieron sometidos a una férrea censura. Fue el intento de limitar todo aquello que en la circulación de ideas y pensamiento pudiera despertar anhelos y deseos en la gente. Pues el deseo hace que nos sostengamos en el campo del lenguaje.Es la voz del poder en relación al deseo, tanto más alta cuanto más poder se concentra y más absoluto se vuelve, que pretende retener a la gente en el primum vivere y que deja claro que ninguna ocasión es pertinente para manifestar el más mínimo deseo, si es preciso sirviéndose de algún tigre de papel.

L
o que era acorde, a su vez, con un cierto estilo de puritanismo que promovía una determinada manera de mirar a los hombres y a las mujeres. A la mujer como «mujer abnegada» y al hombre como «el obrero de la familia», según sentenciaban algunas lecturas edificantes de la época.

E
l franquismo, nos guste o no, lo queramos olvidar o no, forma parte de nuestra historia y de las generaciones futuras, porque la lengua en su intensidad porta las trazas de la historia y al hablar las convocamos, las hacemos presentes, les damos vida, aunque no lo sepamos, incluso aunque no lo queramos; eso sí, siempre de un modo particular. Es por eso que el sujeto nunca es individual, es siempre social, lleva las marcas de lo que se teje en la trama social.

L
a violencia sobre la muerte de la palabra es hoy la posibilidad de renovar la palabra al vincularla a la letra, pues es en ese vínculo donde la palabra recobra su potencialidad, su capacidad de generar lo nuevo dentro de lo que se repite. Es lo que el discurso analítico muestra con la producción del Paradigma del leer. Y lo que permite pensar algo distinto con la oposición violencia o palabra.
Autora | Beatriz Reoyo

  • Referencias bibliográficas
    Slimobich, José L; Cruz, Francisco; Duro Lombardo, Manuel; Levy, Bernard, (coords.). Lacan: amor y deseo en la civilización del odio. Editorial Universidad de Granada, 2004.
    Revista Letrahora. Números 4 y 5.
    Lacan, Jacques. El Seminario. Libro 7: La ética del psicoanálisis. Ed. Paidós, 1988.
    Martín Gaite, Carmen. Usos amorosos de la postguerra española. Ed. Anagrama, 1994.

 

Violencia de Buenos Aires

lh6tapa_220Una faceta de la violencia cotidiana vivida con la inocencia. Cuando nos toca de cerca, parece nuestra.

1

V
oy a Villa Gesell de vacaciones y llevo mi computadora portátil para trabajar el diseño de un libro. Llego por la tarde al complejo El Viejo Caniche donde alquilé un departamento. La dueña me entrega las llaves, bajo mis valijas, acomodo los libros, me baño y salgo a cenar con mi novio. Después regreso con él al departamento para mostrarle el proyecto del libro. Entusiasmada, abro la puerta. Está todo desordenado. Me robaron. Buscamos a la dueña; toco timbre. Nadie contesta. Vamos a la comisaría; hago la denuncia y dos policías nos acompañan hasta el lugar. Recién ahora aparece la dueña. Los policías revisan el lugar y confirman el robo. Guardo dentro de una sábana lo que queda: una malla, un paquete de yerba, un pulóver y un libro. Me voy a dormir a la casa de mi novio. Al día siguiente me acerco al lugar a rescindir el contrato pensando recuperar parte del alquiler, volver a Buenos Aires y terminar el trabajo. La dueña se niega a devolver el dinero. Que agradezca que de ahí no me descuenta el televisor que se robaron, me dice. Finalizo el trato resignada a perder todo y con la frase de la dueña que me dice a cara de perro Usted no sabe cuidar sus cosas. Paso el momento con un nudo en la garganta: la impotencia, la humillación. Pero tengo que resolver lo que queda: enviar a la aseguradora de mi computadora la denuncia para iniciar los trámites del seguro.

2

L
lego a Buenos Aires. Pongo en marcha el trabajo y esa noche llamo a una amiga para salir a cenar. Tomo un taxi, la paso a buscar por su casa en Villa Crespo. Vamos caminando hasta un restaurante donde reservamos mesa. Mientras esperamos en el local le pido que me acompañe a comprar cigarrillos. Volvemos del kiosco y metros antes de llegar al restaurante nos agarran de atrás, nos traban, nos tapan la boca y forcejean las carteras. Pierdo de vista a mi amiga, intento cederle la cartera al hombre que me tiene sujetada, pero me arrastra con un arma en el estómago.

3

D
e noche otra vez declarando en una comisaría. Otra vez. ¿Seré yo? Pienso si tendrá razón la dueña de la posada de Villa Gesell, que no sabré cuidar mis cosas.
Al día siguiente recibo un telegrama: la aseguradora me informa que por la cláusula Nº 25/932 no cubre la computadora portátil que me robaron. Un mes después el agente asegurador me comunica que no me pagarán el seguro porque la denuncia había sido efectuada por hurto y no por robo; que tendría que haber ampliado la declaración.

4
Esa noche prendo el televisor para ver las noticias. Veo en primer plano una puerta color amarillo con una pintada: Aquí vive una judía. No la queremos en el barrio. Reconozco la puerta: es de la casa de una amiga que termina de superar un cáncer.

Autora | Carolina Marcucc

Notas sobre el autismo social (II)

autismo1Lo más problemático, la relación con el otro, en la época y el lugar que nos toca vivir, en el marco del capitalismo.
Violencia, intimidación, el odio y sus consecuencias.

C
ada día nos encontramos con lo que no anda, lo que no marcha, lo que la civilización trata de que marche sin conseguirlo. Lo que no anda tiene estos nombres: síntoma, síntomas, malestar, malestar en la cultura.

V
ivimos inmersos en lo que Lacan nombra como discurso capitalista. Discurso que enfatiza al individuo y niega al sujeto. Con una repercusión en los vínculos sociales y en las relaciones con los otros: se mitifica la juventud; la memoria y el saber no están valorados: solamente vale lo joven, lo actual, lo nuevo y por tanto hay una negación y olvido de la historia. Fragilidad y ruptura de los lazos que llevan a un mayor individualismo y a un mayor aislamiento. Prescindiendo del otro «yo me salvo, los demás que se hundan». Tendencia a tomar al otro como objeto de usufructo. Aumento de malestares en los que se manifiesta esta desvinculación al Otro y a los otros (los llamados «nuevos» malestares: depresiones, angustias, anorexias, bulimias, nuevas adicciones a objetos técnicos, etc.) que suponen una desresponsabilización subjetiva y que han disparado el consumo psicofarmacológico y las técnicas psicoterapéuticas más variadas.

E
sta panorámica general que dibujamos y de la que nadie parece escapar nos parece que tiene matices en Navarra, hoy día.

¿Qué fenómenos observamos y vivimos en la cotidianidad? Más en concreto nos preguntamos: ¿estamos en una epidemia del odio?

A
veces tenemos la sensación de que vivimos en otro país, pues se añade la particularidad del llamado conflicto vasco que impregna nuestra cotidianidad; pero ya hemos entrado en conflicto al nombrarlo como conflicto vasco porque ¿cómo se dice?: ¿País Vasco y Navarra?, ¿Euskadi y Navarra?, ¿sólo Euskadi?, ¿Euskalerría?

V
ivimos desde hace mucho tiempo en este conocido conflicto político, que está presente continuamente y lleva a un enfrentamiento social que hace que no se hable. Y ese silencio estimula el enfrentamiento: sólo se puede hablar si se está en los extremos, se puede hablar adoptando posiciones extremas.

P
odemos decir que prima el silencio. De muchos temas se habla adentro, en la intimidad pero no afuera. Pero incluso con las amistades y en las familias se excluyen temas políticos por la violencia que generan.

H
ay una necesidad de identificar al otro, un «identifíquese», identificación ideológica, social y política como pertenencia en bloque, identificación masiva a una serie de prejuicios que sirven para situarte y situar al otro rápidamente de tu lado o en tu contra.

E
llo conlleva reduccionismo, simplismo, desaparición de los elementos dialécticos, menos interrogación, respuestas estereotipadas, anticipadas: «si vas allí eres de esos», «si llevas a tu hijo a tal sitio eres de los otros», «si hablas euskera eres tal, si no lo hablas eres cual», «si lees tal periódico defiendes tal idea». Todo pasa por una mirada; esta identificación masiva está basada en una mirada que objetiva, califica, cataloga al otro.

H
ay una sospecha de quién es el otro y necesidad de saber si está de mi lado o en mi contra. Por ejemplo, esto hace que exista una sospecha continua, sobre todo de los jóvenes que suelen ser habitualmente prejuzgados, identificados de una forma muy contundente, casi sumaria.

F
rente a todo esto, negación: «no pasa nada», como una forma de censura porque aparentemente «todo va bien»; estando tan presente el conflicto se silencia para sobrevivir y al «no pasa nada» y al «todo va bien» lo entendemos como el acomodo fantasmático.

E
l enfrentamiento, el silencio, la identificación y la negación alimentan el recorte de libertades públicas y la polarización social extrema, al concebir la identidad de las naciones en términos de esencia de un pueblo u otro, esencia inmanente, como si fuese inamovible, lo cual aparece como excluyente de unos u otros y no de complementariedad o de simple diversidad.

P
resencia del Otro amenazante, del Otro intimidante: amenazas de muerte, amenazas de todo tipo. Se sabe que muchas personas están amenazadas en nuestro medio social en Navarra, y que al hablar en un taller sobre estos temas pudieron ser comentadas y comprobar que distintas personas estaban afectadas por estas amenazas y por secretos de los que no se había podido hablar antes a pesar de ser personas cercanas. Eso que no se había podido decir hasta ahora, ahora que ya se ha dicho, ¿cómo posicionarse ante ello?, ¿qué decir ante todo esto?

P
rimeramente decirlo e iremos viendo a dónde nos conduce este decir. Seguimos apostando por dar oportunidad a la palabra que consideramos es el lugar del psicoanálisis en la subjetividad contemporánea. *Este texto recoge algunas de las aportaciones del «Taller sobre el espacio del deseo; la voz y la mirada», colectivamente realizado en Pamplona.

Autor | Pedro Muerza

.. o la letra muerta

U.S. President George Bush (C), British Prime Minister Tony Blair (L) and Spanish Prime Minister Jose Maria Aznar smile before their meeting at Terceira air base March 16, 2003. The United States, Britain and Spain will not issue a declaration of war against Iraq at their summit on Sunday, a diplomatic source said. REUTERS/Sergio Perez

U.S. President George Bush (C), British Prime Minister Tony Blair (L) and Spanish Prime Minister Jose Maria Aznar smile before their meeting at Terceira air base March 16, 2003. The United States, Britain and Spain will not issue a declaration of war against Iraq at their summit on Sunday, a diplomatic source said. REUTERS/Sergio Perez

¿Qué decir de lo sucedido en España aquí, en Buenos Aires?

Qué decir de esta voluntad de destrucción absoluta que muestra: «cuantos más muertos mejor, a mayor número más éxito».


S
u voluntad, la de alcanzar el objeto de goce y matar, asesinato en masa. Los asesinos suicidas quieren la muerte, gozan del espanto y de la crueldad sin límites. Tenemos testimonios de que ha nacido para el siglo XXI una conjunción fanática entre racismo, economía y religión.

A
sistimos al borramiento de la diferencia entre la guerra y la paz. Nuevo modo de violencia, de terror que apela a la aniquilación de lo simbólico y a la exacerbación de lo real, la muerte del otro como nos lo dice Regina González: «goce desencadenado, sin freno, violencia descarnada». ¿Qué pensar y hacer frente a esto? No lo sabemos con certidumbre, pero sí entendemos que el silencio y el lamento no pueden ser nuestro refugio. Tenemos como analistas la tarea ética de expedirnos acerca de lo que sucede, de hacer uso de las herramientas con las que contamos para intervenir de algún modo en la subjetividad de la época. De lo contrario, el psicoanálisis es letra muerta.

Autora | Andrea Urdiales