Ejes de la subversión psicoanalítica 26 de octubre. El amo y la histérica 9 de noviembre. Saber, medio de goce 23 de noviembre. Verdad, hermana de goce 7 de diciembre. El campo lacaniano
Más allá del complejo de Edipo 21 de diciembre. El amo castrado 18 de enero. Edipo, Moisés y el padre de la horda 1 de febrero. Del mito a la estructura 15 de febrero. La feroz ignorancia de Yahvé
El reverso de la vida contemporánea 1 de marzo. Conversación en los escalones del Panteón 15 de marzo. Los surcos de la aletosfera 29 de marzo. La impotencia de la verdad 12 de abril. El poder de los imposibles
Anexos 26 de abril. Analiticón 10 de mayo. Exposición del señor Caquot
La vida como resto. Lacan se hace cargo del accidente discursivo que le lleva a leer El reverso de la historia contemporánea de Honoré de Balzac, “sin su lectura no se entendería bien la historia desde el siglo XVII al XIX”. Instalada ya la maquinaria que convierte al hombre en un necio frente a su destino, vemos en ella la desembocadura de los ríos del optimismo capitalista en los límites entre el goce y el saber. Lacan desarrolla en este seminario su teoría del discurso, un discurso sin palabras, donde el amor, y no el sentido, decide el cambio de uno a otro.
Convocamos a las Jornadas «Cuerpo y pandemias» para debatir con diferentes disciplinas los tiempos venideros y el estado de lo actual. Las jornadas serán los días 11, 12, 25 y 26 de septiembre de 2021, a través de la plataforma Zoom.
La participación en las jornadas tiene un valor simbólico de 15 Euros para Europa, 1500 pesos para Argentina y 15 dólares para el resto de Latinoamérica.
CUERPO, ENTRE LA PALABRA Y LO ESCRITO: OCTUBRE de 2020
El objetivo de este curso es trabajar el lugar central del cuerpo en la teoría psicoanalítica. El cuerpo como soporte vital donde la biología tropieza con el lenguaje dejando marcas, escrituras que determinan el devenir de una vida que se inicia antes del nacimiento, en las palabras y el deseo de los que nos preceden y continúa después de la muerte a través del recuerdo, de una escritura mediante la que la ausencia se hace presente. Se trata de avanzar sobre esta realidad compleja, no explicada mediante la división entre orgánico y psíquico, para dar cuenta de las lógicas de su organización y de las manifestaciones sintomáticas en las que se concreta el sufrimiento. Proponemos partir de un marco teórico una breve introducción conceptual seguida de la lectura de casos y fragmentos clínicos que muestren los aportes de una intervención orientada desde el paradigma del leer. Haremos un recorrido desde la histeria a las llamadas patologías del objeto y los efectos inesperados de la pandemia actual sobre la economía de los cuerpos
COMIENZO: 1 de octubre 2020 Las reuniones serán quincenales y telemáticas, los jueves alternos a través de la plataforma ZOOM
COMIENZO: 1 de octubre de 2020. DURACIÓN: 4 meses HORARIO: Jueves, 20.00 h. para España. 15.00 h. en América Latina. Cada país de América latina: el horario según las 20.00 h de España Las reuniones serán quincenales y telemáticas, los jueves alternos a través de la plataforma ZOOM. Los inscriptos de América latina que no puedan, por cualquier razón, conectar online tendrán la grabación completa de lo dictado. INSCRIPCIÓN: Los honorarios son contribución a la EAP y su Red Digital España: 40 € Cuenta: ES5801825005010208529312 América latina y Caribe: 15 $ o pago equivalente con moneda del lugar Los pagos se realizan en PayPal en la cuenta: eapgranada@gmail.com
PASOS: 1.- Inscribirse en los dos correos. 2.- Inscrito y realizado el pago 3. Recibirá la contraseña para ingresar en la plataforma Zoom
Una vez realizada se comunicará el modo de pago y más tarde los enlaces de las reuniones.
A la hora de la aparición de este número de Letrahora la pandemia COVID 19 nos tiene confinados a cada cual en su casa. ¿Cómo se podría hablar de esto?, ¿cómo se diría el aislamiento de muchos, la meticulosidad de la higiene, de los pomos limpios, la soledad de cada cual?
…cómo se dice el rato que vivimos antes de la noticia de la muerte, todo lo que ocurrió entre los silencios.
Los textos que se presentan en este número, en su mayoría, han sido producidos antes de esta pandemia. El mosaico de artículos larvados en la pregunta de cómo sigue el discurso presenta reflexiones sobre el “Orden y subversión”, recorrido sobre los puntos de fuga de la realidad enredados en las formaciones del inconsciente y la cultura evitada, continúa con “Baile de espejos” que expresa en su permanente danza una realidad psíquica compleja, un debate sobre la identidad que no logra constituirse en tanto conforma un recorrido en el que la agresión a la imagen se vuelve agresión hacia el propio cuerpo. Este número nos traerá luego “Noticias de la caverna”, un texto sobre el vacío y el poema perteneciente al Maestro y Margarito de Mariano de Hossorno, donde lo que está en juego es el diálogo entre dioses que no se entienden.
“El lugar del hombre en la sociedad patriarcal “donde Maite Manzanares Jugo recoge una charla debate de José Slimobich quien propone reflexionar entre diferentes discursos sobre nuestra contemporaneidad. Allí donde las mujeres nos muestran lo que soportaron a lo largo de la historia del dominio masculino y lo que el hombre hizo con el hombre intenta dilucidar el juego del goce donde lo individual y lo social son territorios indiscernibles hecho posible de ser captado en una lectura que se ordena por el discurso, en este caso el analítico.
El artículo titulado “Cuento capitalismo” viene firmado por Javier Sáez de Ibarra, publicado en el libro Fantasía lumpen, presenta una crítica del sistema bajo la forma de una rapsodia, en la que se entremezclan una historia breve del capitalismo con diferentes cruces de una realidad demasiado cotidiana.
Varios de los artículos de este número tienen una marca: son textos que devinieron, de uno u otro modo, de una acción colectiva: los “Documentos sobre el pase” producidos mediante extensos intercambios a lo largo de casi dos años, que interrogan la necesidad del pase para el psicoanálisis y en particular para nuestra escuela (EAP). Deja constancia de los debates alrededor de dicho proceso y nos llevan a mantener abierta la pregunta acerca de cómo pensar al analista que realiza su pase en una escuela de psicoanálisis no-jerárquica.
La realización de esta misma revista, el debate de los textos, la edición, la corrección, el trabajo concreto que implica “hacerla” deviene de un intercambio realizado, como siempre, a distancia, esta vez en el curso de la pandemia. En el marco de esta realidad los textos nos interrogan de un nuevo modo. El texto de Antonia Torres Pérez sobre el trabajo que viene realizando y que pone en el centro el cuidado del otro. Nos habla de una experiencia en educación donde la escucha se vale de elementos del dispositivo psicoanalítico, que se desarrolla bajo el modo de la asamblea, sorprendentemente, de niños.
Al preparar este número nos surge la pregunta de cómo se producirá el contexto de reunión a partir de la COVID-19 ¿De qué manera preservar, reinventar, esos espacios asamblearios indispensables? Este virus que circula y circula y que para que deje de circular nos saca de circulación, condiciona la función creadora de la palabra cuando el cuerpo queda a distancia, cuando la materialidad del otro, de su presencia, más allá de lo puramente verbal, implica un peligro. Cuando nos falta el contacto con el cuerpo del otro, con el relato que en él escribe el encuentro contingente. Incluimos también en este número la experiencia de un taller de “Escritura de casos clínicos” con artículos de Paula Herman, Gabriela Muñoz y Romina Frick, trabajos que muestran una forma de tratar esa letra que se lee en el temblor de la palabra, en esa especie de vacilación del lenguaje, inscrito simultáneamente en lo individual y en lo colectivo.
El artículo “Del cuerpo, la palabra y la escritura (actualidad del caso Dora)” de José León Slimobich Pogarelsky nos recuerda, una vez más, el descubrimiento freudiano del inconsciente, la relación entre elementos tan dispares como un relato y el fragmento corporal. Nos lleva en su recorrido a tomar contacto con el valor del escrito, como ordenador lógico mostrándonos cómo ese fragmento se convierte en una letra que posibilita el entendimiento de lo que está en juego en el sufrimiento. Para el analista nada de esto puede ser pensado fuera de los modos culturales de nuestra época.
2020 Cambalache, evoca, en América Latina, los sitios de compraventa, de trueque, de segunda mano, donde objetos de poco valor, diferentes entre sí, se reúnen, todo “mezclao” como dice el tango que Enrique Santos Discépolo compuso en 1930 como denuncia a las infamias que en su país se estaban viviendo. Parece que la COVID-19, se dice, nos impone una “nueva normalidad”, en este caos se impone un nuevo orden, pero está también lo que no se puede normalizar. Esos objetos puestos al intercambio nos traen, en su montaje, en el increíble collage que nos llega de la mano de la biblia y el calefón, los objetos imposibles con los que se arma una vida.
Una letra que representaría lo que proviene de los objetos pulsionales freudianos, que se aísla unas veces como objeto fantasmático de la relación con el mundo para proseguir hablando en silencio, en lo más íntimo, volviéndose, a su vez, salvaje e indomesticable para la cultura, es también el modo de hacer con las hilachas de un lenguaje no-dicho que se lee en la vida cotidiana. Por allí asoma el vacío de la palabra por donde una escritura, lo han mostrado varios de los textos de este número 16, asoma haciendo vacilar todo conocimiento. La escritura es ese acto que excede a la representación.
En palabras, otra vez, de Bolaño y Warnken: ¿Cómo llamamos al espacio que queda en el cilindro del bolígrafo sin tinta?
Y aún preguntarnos por lo que de ese espacio sin nombre surge, capaz de atravesar la muerte, haciendo hablar en su escritura al silencio, escribiendo sin saber.
Hoy más que nunca se hace evidente que no somos árbitros de nuestra propia vida y de ahí el malestar que nace, esa conciencia trágica por donde desde el vacío, desde ese centro que se muestra en la fisura imposible de llenar con lo dicho, la palabra irremediablemente desconectada podría recuperarse como residuo entre lo que se dice y lo que se calla. En ese espacio yace la verdadera memoria que llega del futuro y que no podría al escribirse más que rodear una ausencia.
Emilio Gómez Barroso Matías Buera José Slimobich Ricardo Forster Jorge Cano y Susana Gómez Miguel Romero, El Negrish Gorka García Hernández Mariano de Hossorno José Luis Romero Miguel Ángel Movilla
EDITORIAL
La expansión a escala mundial del COVID-19 o SARS-2 (síndrome respiratorio agudo), como lo denominan algunos autores, hace aparecer teorías que sostienen una nueva conspiración para producir desequilibrios económicos y rediseñar de nuevo el tablero de ganancias.
Hace tiempo que los más agoreros vaticinaban una nueva crisis del capitalismo, lo no calculado era el origen, tocado ya el sistema fiduciario, con guerras interminables abiertas en Oriente Medio ganando activos y la industria bélica funcionando sin freno alguno; estaba en juego desde hace tiempo la detención de la contaminación planetaria que, a pesar de los avisos reinantes y de las opiniones de los más expertos, no se lograba disminuir las emisiones de gases que licuaban a gran velocidad los hielos antárticos, provocando climas extremos y cambios de corrientes oceánicas que un día traían ambiente tropical para helar al día siguiente la atmósfera, con intervalos de clima desértico, calor diurno, frío intenso por la noche.
Nada ha sido capaz de poner freno a un modo de vida de desecho contínuo que llenaba el mar de microplásticos e invadía de residuos la cadena trófica. Continentes incendiados sin posibilidad de detener un fuego bíblico. Nadie se cuestionaba la muerte propia si la vida era ese continuum inevitable de éxtasis futuros. Ha sido una especie de miedo general lo que ha puesto freno a todo con la amenaza de dejar fuera de juego a muchas personas en el seno de la vida alegre. Ha sido el contagio, la imagen de la muerte de seres cercanos sin llegar a comprender demasiado lo exponencial y el múltiplo a nivel íntimo, no estamos preparados para eso.
Mientras tanto, es lo que toca, los medios de comunicación manejan la muerte como un algoritmo diario, mirando al cielo para que la campana de Gauss llegue a la cúspide y empiece a asomar la cola del elefante dormido.
Las calles se han llenado de patrullas que controlan los abrazos y los movimientos diarios de los ciudadanos, el comportamiento requerido es el aislamiento máximo y la reclusión domiciliaria, para el que pueda soportarla. La autoridad se ha introyectado, y las denuncias vienen de eso que se ha llamado policía de balcón, que arroja el odio de la masa silenciosa aleatoriamente a cualquier paseante sin preguntar ni establecer diferencias sobre las personas que no pueden soportar el aislamiento por causas muy diferentes.
Hay, en este momento, muchos hogares excluidos del nuevo orden provisional, que no sabemos hasta cuándo habitaremos. Pequeñas casas masificadas con el hándicap de vivir una cuarentena si algún miembro es contagiado. Mediante también la imposibilidad de conocer estadísticamente cómo se extiende la epidemia, puesto que no hay tests suficientes para comprobarlo. ¿Qué podemos aprender de esto?
Que el vínculo medicina-política no es lo mismo que la medicina a secas o la política abierta. Se establecen una serie de medidas, necesarias para una pandemia, pero el cálculo inconsciente de la muerte es otro. La muerte del otro añade un plus a la propia vida. La pulsión de muerte se articula como salvación de la vida subjetiva, hay algo íntimo que supone un más allá de la tanatocracia o el algoritmo sin rostro.
Que la educación no es simplemente cumplir con el curriculum académico, sino la interacción del juego.
Que el sujeto se subvierte al aislamiento cada vez mayor para preguntarse qué ocurre con la masa exterior.
Que el sistema por más que sea el mismo repetido tiene una historia con diferentes formas de habitarlo.
Que la clínica psicoanalítica no tiene que ver con la división alma-cuerpo, sino que existe una continuidad entre el interior y la piel, no existe más cuerpo que el cuerpo imaginario, la cercanía o lejanía del otro a través de los objetos pulsionales.
La crisis se ha convertido en espectáculo incierto. Mientras tanto son las redes cibernéticas las que han ocupado el lugar del cuerpo a cuerpo, los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), que iban tomando su lugar hegemónico en el mercado, se han convertido en necesarios, en sustitutos de la palabra cotidiana, con una reducción considerable del tiempo social, conexiones de apenas una hora por la eliminación de aquello que prorroga el cuerpo: “quédate un rato más”. Las preguntas a los expertos van más por el lado de si la red aguantará la ansiedad comunicativa que por la solución a la pandemia. El cine se ha vuelto la evasión necesaria para el descanso del pensamiento, sigue costando mucho en esta situación trabajar en un texto o pensar algo que tenga que ver con la cultura, ¿cuándo y cómo volverá el libro y el debate?
Se ha programado un nuevo orden psicótico para contener la pandemia, la normalización es la psicosis, así esos casos que antes escapaban a la normalidad son los que más soportan el aislamiento. La psicosis ya vivía en ese orden interior aislado de cualquier realidad común.
Mientras tanto, la pregunta sigue abierta ¿qué nuevo orden nos deparará el modo reciente de habitar el capitalismo? Es difícil pensar que un virus haya conseguido hacer la revolución suficiente, sigue en el horizonte la pregunta de Francis Fukuyama de si el fin del planeta coincidirá con el fin del capitalismo, es más fácil pensar la muerte del planeta que el fin del sistema. Así, y a pesar de todo, hay presiones desde el norte de Europa para dejar desabastecido financieramente el sur de Europa, cada palo que aguante su vela. De esta manera, las potencias pujantes en el nuevo capitalismo son las que están ayudando a los desesperados, China y Rusia enviando ayuda humanitaria a España e Italia, amenazados por los ministros de economía del norte de Europa, con Estados Unidos también intentando contener la acelerada expansión del virus.
¿Cómo sería este nuevo modo de habitar el capitalismo? ¿Un modo menos colonial y con más presencia económica que territorial? ¿Un modo de cierre de fronteras, incluso en Estados miembros de una misma unión? ¿Un capitalismo con tintes comunistas y algo más dictatorial? ¿Un panóptico donde nosotros mismos enchufamos la pantalla que nos vigila, llevando un poco más allá la pesadilla orwelliana?
El mundo tiene miedo ¿cuál será el siguiente paso?
Para demostrar esto
sabemos que Lacan ha explorado otras ciencias con la intención de establecer la
relación de los discursos con la verdad, así:
Cuestiona el saber evolutivo producido desde la filosofía
Intenta que el psicoanálisis
vuelva al espíritu freudiano. Los epígonos de Freud lo habían llevado a una realidad
que falta a la verdad freudiana, a saber, que el psicoanalista está ubicado en
el discurso de manera no jerárquica, ya que trata de hacer con el lenguaje algo
que no termina en la persona, por más reconocimiento que se le prodigue.
Lacan comenta el nicho
en el que la cultura le ha ubicado, inventándose ese neologismo que es
“poubellication”, que alude a la vez al cubo de basura y a la aparición de un
texto en el espacio público. En ese lugar, que nombra así, hay personajes, nada
menos que de la talla de Samuel Beckett. Merece la pena repasar al menos sus
ideas en el teatro, el absurdo, o leer la carta alemana.
“Esperemos que llegue
el día, gracias a Dios ya llegado en determinados círculos, en que la lengua se
utilice con la máxima eficacia allí donde con mayor eficacia se inutiliza. Como
no es posible eliminar la lengua de golpe y porrazo, al menos será preciso no
dejar cabos sueltos que puedan propiciar su caída en descrédito. Abrir en ella
un agujero tras otro hasta que lo que acecha detrás, sea algo, sea nada,
comience a rezumar y a filtrarse.”
Parece ser que el
término publicidad ya era muy usado desde el estructuralismo, sin embargo,
Lacan le da una vuelta más, transforma lo público en la poubelle. Este término
ya es un anuncio del lugar que ha de ocupar el analista con respecto a esas
letras que van escribiendo en una escucha.
Lacan dice que no se
siente mal en ese mercado inútil.
A Lacan, entonces se
le identifica con el estructuralismo, con respecto al tratamiento del lenguaje.
Esta teoría nace con un texto de Ferdinand Saussure titulado “Tratado de lingüística
general”, trata en esencia de las relaciones entre lo fónico, lo escrito y la
realidad y, por otra parte, de las diferentes cadenas del lenguaje, sincrónica,
que tendría que ver con lo que sucede en la actualidad con el lenguaje y
diacrónica, cuando se toman diferentes épocas en una misma lengua, incluidos
aquí términos desaparecidos u olvidados que pueden volver en algún momento con
otros sesgos.
En el momento que
aparece una teoría se empiezan a constituir diferentes formas de abordarla,
diferentes escuelas. Para el estructuralismo aparecen la Escuela de Praga,
Escuela de Copenhague, incluso una escuela americana. Cada una desarrolla un
aspecto diferente de la apertura estructuralista. Y Lacan dialoga con
representantes de cada una de ellas.
Ubiquemos un poco su
importancia, ya que nos va a ayudar a entender mejor lo que Lacan persigue.
Lacan dice que él entiende el estructuralismo como una teoría de lo serio,
entendamos por serio, no lo que es grave, sino aquello que puede hacer una
serie con distintos elementos que anteriormente no se habían relacionado. ¿Por
qué entender que solamente lo íntimo pertenece a lo interior y no tiene que ver
con lo público? ¿Por qué lo insignificante, lo no- culto, no tiene relevancia
en el lenguaje oficial? ¿Se decide el lenguaje en los despachos que lo hablan
intentando respetar reglas fijas? ¿No hay una incidencia de lo público en lo
íntimo y viceversa?
Se trata de una
manera de abordar el lenguaje, cualquier tipo de lenguaje sin apelar a
estructuras bastardas a él, ¿cómo se puede estudiar si no otras lenguas que
poseen orígenes diferentes a las mayoritarias?
Estas ideas del
estructuralismo se trasladan a otras disciplinas como la antropología. Es
decir, la antropología comienza a utilizar la de oposición de términos y la
contigüidad de los mismos, y también introduce en el lenguaje modos que habían
sido orillados, como, por ejemplo, los cuentos y los mitos, observando rasgos
comunes en culturas diferentes. Levi-Strauss introduce el estudio de la
etnografía que parte de la lengua in situ y no de la tradición de estudiar
lenguas y costumbres extrañas a nuestra cultura desde las casillas diseñadas
por las lenguas de prestigio.
Lacan, por tanto, se ubica en esa especie de
polémica que intenta romper una tradición. Es desde ahí, desde donde comienza a
extraer sus elementos de discurso.
Primero el sujeto.
Tomemos frases del lenguaje en las que aparentemente no existe sujeto, la frase
“llueve”, para un español es más impersonal, pero un francés le pone un sujeto
“il pleut”, no es lo mismo el fenómeno meteorológico que lo que se hace con la
lluvia, así no es lo mismo que llueva para un campesino que para un ingeniero
de estructura hidráulicas, los dos hacen con la lluvia cosas diferentes. Es
decir, en esa frase hay un pensamiento previo.
Es interesante ver el
alcance del estructuralismo, incluso en la crítica social. Hay un texto de
Jacques Prévert que se llama “La lluvia y el sol”,( Prévert era amigo de Lacan,
poeta) en él hay un poema que se llama “escuchan gente de Vietnam”, cuando era
una colonia francesa, Prévert relaciona las costumbres de la gente del Vietnam,
primero con una especie de ditirambo, su actitud con el campo, con los
elementos meteorológicos, para después hablar de la guerra de familias, y de
algo tan lejano como la bolsa de Paris, está incluido en un todo, pero parece
un mapa perfecto de las causas del Vietnam.
Pongamos algún
fragmento:
“Esos seres
inferiores/arquitectos bailarines pescadores mineros/…paisanos y pastores
artesanos y portuarios…/Esos seres inferiores/ no sabían odiar más que al
odio/no despreciaban más que al desprecio/Esos seres inferiores/ no temían a la
muerte/tanto amaban al amor/tanto a la vida/…
Pero/había también
venidos de muy lejos/los Monopolitanos/los de la Metrópoli y el atractivo de la
ganancia/…y también los misioneros y los confesionarios/…De pronto los rápidos
de la Historia arrastran/sus barcos de papel moneda…”
No es extraño pues
que Lacan relacione al estructuralismo con la verdad como causa, aun así, muy
lejos de las Weltanschaungen, muy lejos de las cosmogonías.
Entonces, Lacan
exclama: ¿para qué tomarnos el trabajo?, no hay universo de discurso, sino más
bien algo que está interrelacionado en base a los desplazamientos, a las
metáforas y a algo que no deja de no estar como estructura.
He descrito los
primeros elementos de la idea de discurso lacaniano, el sujeto, no como un yo,
y también los significantes, ahora bien, Lacan arrima el significante, no al
significado, sino al campo del discurso. ¿Qué quiere decir? Que no lo conecta
con el significado, sino que la barra que introduce Saussure entre el
significante y el significado es una barrera que se mantiene, no hay relación
con el significado, el significante solamente representa al sujeto para otro
significante, el sentido no lo otorga la relación arbitraria del significante
con el significado. Este es el estructuralismo de Lacan, que de alguna manera
se diferencia del de Saussure, del de Jakobson, Escuela de Praga, o Himselev de
la Escuela de Copenhague.
Por otra parte, Lacan
desarrolla aquello que tiene que ver con el objeto a. Hay algo que queda fuera
del saber, y esto es muy interesante porque tiene que ver con la posición.
Parte del pote de mostaza, ese pote que ya porta el nombre del contenido, ahora
bien, nos dice que el contenido o la materia de que está hecho no es el
significante, es decir, no es la sustancia que contiene lo que le da su valor
de circulación, sino su hueco, el que haya sido vaciado, susceptible de ser
llenado con cualquier cosa, eso es lo que hace que circule de un lugar a otro,
eso es lo que queda como investigación incluso arqueológica, que el pote, la
urna mortuoria, el tambor o cualquier objeto vaciado acabe en la estantería de
un coleccionista, por ejemplo. Eso es
importante, volvamos a Jacques Prévert, el coleccionaba caja de fósforos,
aparentemente un objeto que en sí mismo tiene un valor de uso. Pero lo
interesante era la disposición que Prévert había encontrado para colocarlos a
la vista, encajados unos con otros como haciendo un friso en su casa, ahí es
donde se va la mirada, a un orden que atrae, el objeto no es el objeto en sí,
sino eso que le hace ser atractivo a la mirada, eso que hace que muchos peguen
sus ojos cuando aparece con su brillo, es decir lo atractivo del asunto es que
el objeto captura la mirada.
Lacan recurre a Marx.
Partamos de la división del trabajo. Uno de los éxitos del capitalismo es haber
conseguido fragmentar el trabajo, para así con una especialización mayor,
lograr que un grupo de trabajadores sean especialistas en fabricar, por
ejemplo, patas de silla, otros, tableros para sentarse, otros acolcharlos, otro
producir las espigas de ensamble, otro los tapones para no hacer ruido, otro
barnizarlas para que duren y luzcan. En los orígenes del capitalismo ya, estos
lugares donde se producían los diferentes pasos estaban alejados entre sí,
muchas veces en diferentes localidades, en el caso de Holanda, por ejemplo.
Esto lo narra Marx en el Capital, ahora bien, ¿cuál es el resultado?, el
producto acabado. De la madera original se produce un objeto que baila en el
mercado a la vista de todos, seduciendo como si fuera un espectáculo que nadie
ha visto producirse en su totalidad. Su valor, el material que ha sido
utilizado más las horas de trabajo que necesarias para su elaboración.
Ahora bien, las horas
han sido pagadas a un valor, a cada manufacturero el suyo, cada cual ha
producido unas cuantas unidades, sin pensar cuántas necesita él mismo, sino
cuantas necesita el patrón. El exceso de producto sin pagar se lo embolsa
alguien, eso es lo que se llama plusvalía, todo un síntoma. Aparentemente no
hay nadie consciente que la produzca, sino que es un exceso del hacer que
alguien se apropia, y esto es fundamental para el siguiente paso, la relación
que existe con eso que se nombró como homológico y que es lo que nos interesa,
el plus de gozar. De ahí es de donde extrae Lacan ese objeto “a”, de ahí y de
el “más allá del principio del placer” freudiano, eso que queda tras el acto de
nutrición o la mirada que se constituye precipitadamente porque nos muestra una
imagen completa que no existía de antemano, y que devuelve una sensación de
cuerpo alucinado, hecho de fragmentos que no están en el interior, sino en el
exterior.
Ahora bien, ¿qué
relación tiene el saber con todos estos elementos del discurso? ¿Esto se puede
captar mediante cierto saber? hemos
visto muchas veces esa fórmula del discurso universitario. A Lacan le interesa
ver qué relación tiene el saber con la verdad o con la satisfacción. Así
comienza el primer seminario que dedica al discurso en esa fecha que ha
supuesto muchos cambios en los Estados y en la forma de gobernarnos.
La Universidad está
en crisis, crisis de su relación con los estudiantes, hay altercados y como
saben el mayo del 68, Lacan se dirige a ellos y les da un lugar en el discurso,
En relación con la verdad y la interpretación sin desligarles de ese objeto de
goce:
Si el mercado de los saberes está tan especialmente sacudido por el
hecho de que la ciencia le aporta esa unidad de valor que permite ahondar en lo
que atañe a su intercambio hasta sus funciones más radicales, no es por cierto
para que el psicoanálisis presente su propia dimisión, cuando puede
perfectamente articular algo al respecto. Todos los términos empleados a
propósito de esto, como el de no conceptualización, toda mención de no sé qué
imposibilidad, solo designan la incapacidad de quienes los promueven. Sin duda
la estrategia con la verdad, que es la esencia de la terapéutica, no puede
residir como tal en ninguna intervención particular llamada interpretación. Sin
duda en la práctica pueden hallar su oportunidad todo tipo de funciones
particulares, juegos felices en el orden de la variable. Sin embargo, esta no
es una razón para desconocer que solo tienen sentido si se sitúan en el punto
preciso en que la teoría les da su fuerza.