Por primera vez…

15-oEl pasado 15-O ocurrió por primera vez en la historia de la Humanidad un suceso que marcará una época. Millones de personas de los cinco continentes salieron a las calles de sus respectivas ciudades bajo el lema: “ Unidos por un cambio global”.

J
amás se había producido algo semejante.

A
mí me hizo recordar la llegada a la Luna del ser humano el 19 de julio de 1969.

P
rimicia mundial y como tal, acontecimiento que abre una nueva época porque emerge un nuevo sujeto político e histórico: el ciudadano global.

E
se nuevo sujeto global también somos nosotros. Más allá de nuestro apoyo tácito, de nuestra presencia en esta u otra convocatoria; de éste o aquel evento cultural, algo ha hecho emerger lo nuevo ; y por eso, difícil aún de pensar.

N
uevo que no novedoso porque este sujeto lleva las huellas, las marcas de todas las luchas sociales y emancipadoras que vienen llevando a cabo la Humanidad: feminismo, ecologismo, sindicalismo, derechos sociales, nuevas formas de cooperación.

E
se sujeto tiene la tarea de pensar algo imposible de pensar hoy por hoy: el fin del capitalismo. Mejor dicho: otro fin del capitalismo distinto al que el capitalismo ha elegido para sí mismo: la autoinmolación consumista.

E
l Capitalismo con sus aliados- la tecno ciencia y las religiones monoteístas y fundamentalistas- ya galopa desbocado cual jinete del apocalipsis.

D
estrucción, acumulación, violencia, crueldad. Ha desatado las epidemias del odio expulsando al amor. El Capitalismo se muestra impotente para resolver sus propias contradicciones.

¿Y
cómo pensar lo imposible de ser pensado? Es decir cómo pensar lo que, en el mejor de los casos, se nos presenta como vacío; y cómo hacerlo sin que aparezca la imposibilidad y la decepción. ¡Hay que cuidarse de la decepción! Y quizás el mejor cuidado sea rebajar la euforia que en algunos momentos se nos presenta cuando, a millones, ocupamos las calles.

C
rear ese nuevo tejido social que haga posible los anhelos que perseguimos. Tejido que tiene sus primeros embriones en organizaciones y Asociaciones como EL ENCINAR (1) en donde aparece un cuestionamiento de las formas habituales de producción e intercambio.

P
ero sabemos que en nuestra asociación también hay problemas: con la participación, por ejemplo. Cunde la desidia y la indiferencia bajo modos diversos como el “no tengo tiempo” o “tengo muchas cosas que hacer”. Otra vez la falta y el exceso tan propios del capitalismo.

E
s por ello que propongo que se abra un espacio de diálogo permanente en el Encinar en el que podamos hablar sobre lo que nos preocupa como ciudadanos y no solo como socios.

Q
ue podamos pensar qué papel puede jugar nuestra Asociación en ese cambio global que millones de personas salimos a exigir el pasado 15-O. Emplazados estamos.


(1):
El Encinar es una asociación granadina de productores y consumidores de productos ecológicos y artesanales que tiene 20 años de existencia. En la actualidad cuenta con 480 socios de los cuales 30 son productores ecológicos. Hemos asumido los paradigmas de decrecimiento, sostenibilidad, comercio justo, Otro mundo es posible, 12M15M, etc. Dentro de los actividades que se desarrollan destacamos en Grupo Debate que se originó a raíz , y como propuesta, del artículo anterior. Este grupo pretende pensar los acontecimientos actuales valiéndose , entre otros, del discurso psicoanalítico.
Autor | Jorge Ríos Martinez

Nota de la redacción de LH: Este artículo fue publicado en la revista «Bellota» de la asociación «El encinar»

Presentación de LH 10 en Buenos Aires (II)

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Buenas noches, en principio agradecerles a todos ustedes que estén aquí hoy con nosotros para celebrar la salida del décimo numero de la Revista Letrahora, Publicación Internacional del Psicoanálisis en la Cultura.

Producen y sostienen esta revista El Instituto de Psicoanálisis de Pamplona, el centro de Estudios Freudianos de Granada, la Asociación del Psicoanálisis en la Cultura de Madrid, La Asociación de la Cultura de Bolonia, Analítica de Buenos Aires Sociedad del Psicoanálisis en la Cultura, la ONG Murmullos y la Escuela Abierta de Psicoanálisis.

Nuestra revista surge como un hecho político, como parte de una respuesta a la crisis Argentina del 2001. A cambio del terror general que causó esa crisis, decidimos tomar el camino de muchos, especialmente las organizaciones sociales, a saber, la solidaridad y no ceder en los principios de una sociedad mas justa. Curiosamente, en ese momento, tan argentino, LH adquiere su dimensión internacional.

Mientras preparaba la presentación de hoy, releyendo los números anteriores de la revista, me di cuenta que podía armarse una secuencia con los títulos, con los temas que fuimos tratando en cada numero, que es la siguiente: En este tiempo, Como seguir, Terror nombre del sujeto, A que no, La época, Violenta, Las políticas de la mujer – lo apolítico es inhumano, Las políticas de la mujer – lo colectivo es necesario, Preminencia de la letra: Operación Moisés, por ultimo Lecturas de lo social que presentamos hoy. De algún modo la revista va marcando momentos, los artículos narran hechos, los analizan, expresan posiciones políticas, interrogan la contemporaneidad.Escribir para nosotros es necesario. Letrahora es un proyecto político, un modo de hacer, de abrirnos espacio, de estar presente en lo social desde el discurso analítico, discurso de la cultura que fue condenado a la marginalidad política.

Presentamos al sujeto como lo presento Freud: No hay sujeto por fuera de lo social.

El sujeto que se desprende de este discurso desde el que trabajamos no es un sujeto individual, es un sujeto que lo situamos en el vinculo social que se establece entre los seres hablantes; vinculo que se funda en el lenguaje, en un modo de relación basado en la palabra y en los efectos del inconsciente.

Necesitamos participar de los acontecimientos sociales políticos y culturales de la época porque allí aprendemos y desde allí es posible reintegrar el sujeto, situar cada vez, en quien habla, aquello que responde a los signos de lo contemporáneo.

No concebimos un practicante, un analista, que no incorpore este mundo político, donde se definen los debates de la cultura, y donde se juega la suerte de aquel que cree, equivocadamente, que aquello de lo que sufre es puramente individual, pues no hay humano que como individuo no este anudado al tiempo en el que vive y lo que allí sucede. Esta es parte de nuestra difícil tarea.

Es por ello que Letrahora participo en el Comedor Los Pibes de la Boca, en talleres con grupos de mujeres del comedor, con Madres en Lucha, con organizaciones barriales,
en Encuentros territoriales Latinoamericanos sobre Riesgo Social; llevamos adelante trabajos de investigación sobre riesgo social, violencia sobre la mujer, música y psicoanálisis, trabajamos con grupos de artistas, grupos por la paz. Estas experiencias y sus metodologías de trabajo están relatadas en las revistas.

Como psicoanalistas escuchamos personas en nuestros consultorios, y es allí donde no olvidamos que el racismo, la segregación, la violencia, el silencio, el aislamiento, la anulación de la palabra , la indiferencia , y en definitiva el odio están presentes en los síntomas de las personas que nos hablan, por ser hijos de esta época.
Autora | Pamela Monkobodzky

Presentación de LH 10 en Buenos Aires (I)

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Buenas noches a todos, les voy a contar algunas cosas que están en la revista, que me parecen dignas de ser difundidas. Los días siguientes a leer este número 10, me pasó algo que no ocurre con frecuencia: recordaba muchas cosas. Quizá porque en Letrahora el psicoanálisis no es una práctica individual terapéutica, sino un pensamiento en
la cultura, que dialoga con otros: el arte, la sociología, la política, la ciencia. Hay algo renacentista en Letrahora, en su interés por poner a dialogar las distintas prácticas y saberes de su época. Por ejemplo la nota de Nicolás Casullo, cuya fuerte participación en el armado de Carta Abierta todos recordarán. Decía Casullo en la anterior presentación del número 9 en la Feria del libro: “la revista plantea 2 o 3 elementos fuertes que para mí son esenciales. En principio cómo la política es modificadora de la práctica sicoanalítica. Y efectivamente la política es lo que modifica cualquier práctica: la del arquitecto, la del peluquero, la del quiosquero, la del abogado. (…) Toda la tarea del cuadro político ilitante es una tarea del cuadro político intelectual. Tenés que pensar el mundo, las circunstancias, pensar porqué este dice lo que dice y aquel dice lo que dice. (…) Y más adelante, la importancia del lazo social para plantearse lo psicoanalítico sin perder de vista lo subjetivo, es una lucha básicamente cultural, lucha política por excelencia. El los 70´, los sectores medios nacionalizados, que se habían acercado al peronismo, habían ganado la batalla cultural. Comunicadores, profesores, psicoanalistas, se planteaban dentro de las líneas nacionales y populares. Esto se perdió por la crueldad de la dictadura militar y por los años 80´ y 90´. (…) En los 70´ los medios de comunicación eran un cuento de rosas. Nadie miraba el noticiero, que duraba 15 minutos, (…) porque no decía nada. Hoy tenemos 5 canales de cable de noticias que nos están bombardeando y si quieren convertir la muerte de una cucaracha en el acontecimiento fundamental del día lo convierten. Una tarea como la que pretende esta revista tiene que ser expansible y desplegarse a todas las tares intelectuales.”

“Tengan total conciencia que los grandes referentes de la derecha son de segunda instancia: el verdadero partido de derecha son los medios de comunicación de masas. (…) Esa es la batalla por la representación del mundo (…) si nos ganan permanentemente la interpretación de las cosas, vamos a perder por más justicia que tengamos.”

He preferido dejar hablar a Casullo, aquí presente en su lúcido pensamiento, traer sus palabras, a las que suscribo, que decir cosas “originales”.

Para finalizar, mencionarles que también tenemos en este número los resultados del trabajo del taller de paz en el País vasco, donde un colectivo de artistas plásticos llamado
Artamugarriak, que se definen como “artivistas”, artistas y activistas, discuten el problema más acuciante de su ciudad, el conflicto con ETA. Además de la función del trazo en pintura y en psicoanálisis. Dos notas sobre la segregación en este momento de crisis europea, una de ellas cuestiona el término “tolerancia”, pues es claro que desde una posición de poder se tolera, con suerte, al trabajador inmigrante, y el fuerte análisis de Pamela Monkobodsky aquí presente, sobre los chistes sobre el tratamiento de los desechos y el
tratamiento de los inmigrantes, fundamentado desde lo oscuro de la pulsión en su vertiente estructurante de lo social.
Hay también un adelanto del libro de José Luis Juresa y Pedro Muerza, ganador de la mención especial del Premio Lucien Freud, una entretenida y a la vez seria polémica que se dio en los medios de España sobre ciencia y psicoanálisis, que muestra la posibilidad de no recibir pasivamente cualquier información falsa, respondiendo, participando en la
batalla cultural, como diría Nicolás Casullo. Y una nota de José Slimobich sobre la psicoanálisis y sociedad que traza senderos para nuestra Escuela Abierta, que desde el aradigma del leer interroga a la vez la práctica y las ideologías, ya desde los modos de transmisión de la teoría.

Una aclaración, para finalizar. Este número está fuertemente dedicado a la crisis europea, por eso hay muchas notas de España, pero también les daremos números anteriores centrados en el trabajo con organizaciones sociales de nuestro país. Esta revista nació como necesidad de inclusión de un grupo de psicoanalistas en la política, a partir del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Esto es todo, un brindis y a escuchar a los músicos, Ensamble Porá, con Alejandro Lucero, y a los tres grandes cantores Rodolfo Hamawi, Guillermo Wierzba y José Slimobich.
Autor | Pablo Garrofe

Un relato histórico, la cultura del silenco, una ideología

LH11_Vivian_235Vivian Palmbaum es integrante del grupo de investigación acción con Alejandro lucero, Ariel Contini y Osvaldo Martín. ONG Murmullos

Desde hace aproximadamente dos años participo del grupo de investigación acción en donde el abordaje gira alrededor de la temática del riesgo social y su relación con la educación formal.

Se trata de una investigación teórica desde los ejes que propone el psicoanálisis como lo propone J. Lacan, que va de la práctica a la teoría, un contacto directo con la experiencia que no queda reducido solo a lo teórico. La experiencia se presenta comocausa de nuestro trabajo.

En este contexto se produce el acercamiento a los trabajadores de la educación, (trabajadores sociales, orientadores educacionales, psicólogos) que forman los equipos de inclusión de un distrito escolar perteneciente a la educación pública. El distrito escolar que corresponde a la provincia de Buenos Aires.

De este trabajo y a partir del intercambio extraigo una breve viñeta a partir de la que propongo una simple elaboración.

Se escucha un relato, el de una docente interesada en el tema. Ese relato suena casi estremecedor, sin embargo es la norma. Son las palabras de alguien que participa de la institución educativa: el docente desinteresado por la suerte del chico es lo general, la insistencia en el respeto del orden, el mantenimiento de la jerarquía y la normalización de las conductas, todo lo que se sale de eso es aislado, marginado, excluido. No hay lugar para nada que no se encuadre en la reproducción de un sistema de poder de quien ordena y quien obedece. Hasta aquí, casi un cuadro de cualquier establecimiento educativo, con su organización verticalista.

Sin embargo, continúa diciendo, esto no siempre fue así, antes, el docente se interesaba por la suerte del niño en particular, había una dedicación y un esfuerzo para que el niño pudiera aprender.

Frente a este argumento surge una pregunta:

¿Por qué sucedió esto?

En ese mismo relato esta variación podría fecharse. Es casi obvio, hubo un cierto cambio a partir de la instalación de la década neoliberal (1990) que ha marcado hasta la educación de nuestros hijos.

Aparece un doble movimiento. Por una parte, se ha perdido el amor, en el sentido del amor hacia el otro, que el otro me importe y esto tiene presencia en el ejercicio del rol del docente. Por otro lado, se afirma «pobres hubo siempre», pero antes aprendían, se incluían en la escuela.
Una sencilla hipótesis, que propongo, es que a partir de las políticas del terror que instaura la última dictadura militar, se facilitó la implantación del sistema económico neoliberal. Sobre este fundamento se reedita la continuidad de estas políticas que en la década del 90, entre otras cosas, permite la transferencia de recursos del estado y deja a gran parte
de la población desocupados y sin perspectivas de futuro. La desocupación tiene un fundamento estructural en la reedición de sus condiciones.

Esto se va construyendo como un relato en el tiempo histórico que cimienta en la memoria colectiva. Entonces, lo que podría considerarse es que, al no haber lugar para pensar un futuro, la educación deja de ser una vía de inclusión. Durante muchos años en la Argentina la educación hizo posible la movilidad social, la ilusión de cierto acceso a los bienes,
había algunos que podían aspirar a un relativo bienestar para sí y para sus hijos.
Esa movilidad social que se ha perdido y el sostenimiento de su continuidad en el tiempo hacen que las familias queden sumergidas en las peores condiciones, las de la desesperanza que es lo que se transmite a las nuevas generaciones. Se pierde el espíritu de lucha, se ha silenciado a toda una clase que ve desaparecer, junto con los puestos de trabajo, las conquistas sociales resultado de la lucha y el reconocimiento por parte del estado. Se asiste en silencio al desmontaje de la cultura del trabajo a favor de la cultura de la imagen. Para estos pobres caras sucias la imagen que el espejo les devuelve es tétrica, enmudece. Asistimos a la cultura del silencio, no hay palabras frente a la desposesión de lo más elemental. Esto atraviesa tanto a los alumnos como a quienes cumplen la función pedagógica.

Volvemos a la época actual.

El relato de los profesionales de los equipos de inclusión, en el ámbito educativo, es que la problemática más frecuente que se encuentra en los jóvenes, de las escuelas medias, es la apatía, el desinterés, la abulia. Los pibes no han retomado la palabra, no se les cede la palabra y entonces lo que se encuentra es el desinterés frente a la reproducción en la actualidad de esas mismas estructuras de poder que llevan al silencio. Para considerar la cuestión voy a tomar un breve fragmento de J. Slimobich de la revista Letrahora (n°2), en donde presenta la articulación entre inconsciente y sujeto. No es uno sin el otro. Lacan puntualiza que el inconsciente es los efectos de palabra sobre el sujeto. El sujeto no es la persona, ni es el individuo, que se presentan en relación al
dominio de sí mismo y el ejercicio de lavoluntad y dueño de su futuro, sino que es lo que habla en mí, eso que sale fuera del imperio sobre mí mismo, son esas palabras que en mí hablan, resuenan, las voces de mis antepasados, las marcas de esas lenguas que me han llegado, eso que resuena en mí sin que sepa nada de eso en lo que digo. Esas historias y culturas antiguas que hablan en mí. El sujeto habla en su articulación a lo social, no sólo las historias personales sino esa memoria colectiva que en mí resuena, que hacen eco y que en mí y en otros producen el estremecimiento de esas marcas de la memoria del pueblo.

Entonces, el nombre del sujeto, en esas marcas de la historia, es la exclusión, un puro desecho en tanto no queda articulado al sistema de producción de bienes.

La pregunta es ¿cómo salir de eso? Pregunta que orienta nuestro trabajo.
Sabemos, entonces, que no es por la vía del dominio que deja sin palabras al otro.

La concepción clásica de la deserción y el fracaso escolar es atribuido al alumno, que no alcanza el rendimiento esperable, a sí mismo o por su pertenencia a determinada condición social o familiar. O sea, que queda del lado del alumno y su familia.

La ideología. Envía la dificultad al ámbito privado, individual. Se silencia.

¿Cómo se hace para que la escuela sea un espacio de construcción de cultura colectiva? Esta es la pregunta que queda formulada, frente a la cual nos proponemos nuestro trabajo.

Una cita de Mao Tse Tung dice «para adquirir conocimientos, es preciso participar en la práctica que transforma la realidad. Para conocer el gusto de una pera hay que transformarla comiéndola».

«La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados ‘ignorantes’ son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una ‘cultura del silencio’.» (Paulo Freire)

Entonces, para proponer una salida es necesario trabajar con los educadores, alentarlos a favorecer la construcción de una cultura colectiva en donde empiece a circular la palabra.

A lo mejor es una expresión de deseos.
Autora | Vivian Palmbaum

Silencio y vínculo social

Aderes_logoHace tres años constituimos en Granada una asociación: ADERES, con la finalidad de trabajar el vínculo social. Partimos de las relaciones sociales como marco donde a través del encuentro con otros se facilita el reconocimiento de los vínculos que nos hacen humanos, es decir sujetos únicos y diferentes, con una particularidad no incluida en predicados
universales. La subjetividad se desliza fuera de la contabilidad en la que se basan las abundantes clasificaciones y estadísticas establecidas para organizar científicamente la realidad.

Nuestro objeto de estudio es el difícil equilibrio entre lo individual y lo colectivo, señalado por Freud como uno de los problemas del destino humano, impreso en la constitución de cada sujeto hablante.

Esta iniciativa surgió a partir de la clínica, de la falta de lugares donde relacionarse con otros planteada por pacientes con trastornos psíquicos y sus familias. La diferencia agrava el aislamiento propiciado por los modos actuales de vida. El discurso capitalista diluye los vínculos sociales, cierra el espacio del encuentro y la pregunta, se impone el autismo como modo de goce y el predominio de la imagen, del dar a ver, como forma de presentarse y estar en el mundo.

En la demanda-así la tomamos-planteada por pacientes y familiares escuchamos la resonancia de los modos propios de la subjetividad contemporánea, un campo propicio para el discurso analítico abierto a nuevas lecturas de las realidades humanas.

ADERES es un espacio de acogida a la diferencia para pensar e investigar con otros a partir de intereses comunes respetando las particularidades. La diferencia es la distancia entre lo normal y lo patológico, entre la marginación social y la inclusión, pero también la distancia de cada ser hablante respecto a sí mismo, entre la identidad y el desconocido que habita en cada uno de nosotros, de la extranjeridad que nos convierte en extraños: extimidad, concepto acuñado por J. Lacan para nombrar la exterioridad dentro de la intimidad, lo más próximo es también lo más lejano.

Este exterior constitutivo de la identidad hace referencia al lugar simbólico en el que cada individuo de la especie se inscribe en la cadena generacional mediante un nombre propio por el que es nombrado, significado como alguien singular, y un apellido que vincula a una genealogía. Con todo ello se transmite un conjunto de saberes resultado de los efectos del lenguaje: Antes de hablar somos hablado por otros.

La lengua precede y forma al sujeto humano distanciándolo de la condición natural. La separación de lo inmediato, efecto de lo simbólico, transforma el circuito cerrado del instinto, regulador de los ciclos vitales en las otras especies animales, en un continuo abierto a diferentes posibilidades. Este espacio de libertad respecto a la naturaleza conlleva una dependencia mayor del cachorro humano para satisfacer sus necesidades y adquirir las habilidades básicas para sobrevivir en un mundo complejo organizado por símbolos, un orden donde cada elemento cumple una función dependiendo del lugar que ocupa dentro de una serie.

El imperativo del instinto queda sustituido por otro imperativo: el del lenguaje, que se presenta de entrada como una voz, voz del Otro, de nadie en concreto, voz que recoge el dominio de la lengua como propiedad específica del ser humano.

La madre, como función, transmite la posibilidad de la palabra cuando la toma para nombrar y organiza las necesidades sin quedar confundida con la potencia absoluta, cuando se mantiene a distancia de la voz que ha tomado en el ser humano el relevo de la fuerza vital del instinto, cuando duda y se pregunta sobre ese hijo.

La presencia de ese Otro del lenguaje la encontramos al descubierto en los trastornos psicóticos, en la voz que impone una realidad tan real que no deja otra salida que el delirio,
construcciones con la pretensión de entender y apropiarse de esa voz que lo toma sin opción a la incertidumbre. Se presenta en la voz imperativa de la anorexia, mostrando la fuerza de su empuje frente a una necesidad biológica imprescindible para la vida. Persiste en el sujeto llamado normal, como insistencia que podemos detectar con más claridad en las experiencias de vergüenza y culpa.

La voz es un objeto que nunca se incorpora se asimila (Pablo Garrofe. Lacan, entre el arte y la ideología pp 50).

La separación de esa voz es la condición del habla, de la posibilidad de llegar a hablar con otros, de la comunicación. Desde esta perspectiva una hipótesis: un cierto silencio, el silencio de la voz amo, del imperativo, es necesaria para entrar en el vínculo social, un nudo donde se integran dos sujetos en una relación de discurso, entendiendo el discurso como la posibilidad de compartir sentidos comunes mediante los que entenderse. Este vínculo rompe la continuidad de la voz de dominio e introduce al sujeto en una relación de semejanza con otro sujeto mediada y constituida por el lenguaje.

La entrada en este lazo requiere recibir de otro el don de su palabra, una prueba de amor que alcanza la categoría de verdadero don si se deja tiempo y espacio para que responda aquel a quien se habla. La transmisión del lenguaje incluye una interrogación, una pregunta dirigida a quien se habla, esta pregunta expresa el reconocimiento de una distancia entre quien habla y a quien se habla como igual pero a la vez como profundamente desconocido. La distancia sostiene la tensión del vínculo social entre dos sujetos mediados por el discurso, un límite, una posibilidad.

Resumiendo, la transmisión del lenguaje dirigida desde el deseo implica el silencio en dos vertientes: 1. silencio de la voz imperativa asimilada en la palabra 2. silencio que espera una respuesta, que evoca una creencia en la singularidad de otro y un interés por escucharlo. Este silencio implica respeto a la particularidad del semejante, abre la posibilidad de continuar, de seguir hablando, porque no todo
está dicho.

Durante el periodo de funcionamiento de la asociación hemos apreciado como hacer algo con otros propicia efectos con repercusión en el vínculo social si se trabaja atendiendo a los obstáculos desde una posición de escucha y lectura tanto de la dinámica grupal, como de la posición subjetiva de cada uno de los integrantes. No sustituyen al tratamiento analítico ni lo completan, proporcionan ocasiones de apreciar situaciones y procesos que en la vida cotidiana transcurren sin detenerse en ellos. Así, hemos visto en algunos casos la dificultad de pasar de la certeza basada en la omnipotencia del pensamiento al trabajo paso a paso para conseguir el objetivo propuesto ¿Por qué hacer si solo con pensarlo ya es suficiente? Llegar a darse cuenta de la necesidad de formarse, de contar con los límites del tiempo, de contar con otros, de trabajar en función de un deseo, implica todo un recorrido que se podría resumir en: poca cosa tras tanta grandeza.

Referencias bibliográficas
P. Garrofe, Lacan entre el arte y la
ideología. Quadratta
J. Lacan, Sem
10
. La Angustia. Ed. Paidós, 2006
S. Zizek, Porque no saben lo que hacen. El goce como
un factor político. Paidos, 2003.
Autora
| Carolina Laynez Rubio

 

El silencio en la violencia sobre la mujer

mujer-silencioEsta intervención toma como base los trabajos que el Instituto de Psicoanálisis de Pamplona realizó con mujeres maltratadas y cuya elaboración dio lugar al libro “la violencia sobre la mujer”. Estos trabajos parten de una teoría de un campo específico que es el discurso analítico y toma la estructura como sistema de lectura. Esta operación de lectura, que se enuncia en el Paradigma del leer que dice: hay una escritura en la palabra solo si hay lector, hace surgir algo que no estaba antes, un real, que muestra otro sitio de reflexión, análisis y posibilidades, y que el libro de “la violencia sobre la mujer” trata de conceptualizar.

D
esde hace ya unos años la violencia que se ejerce sobre las mujeres se define como problema político, rescatándolo de la esfera privada. Y como tal es tratado, considerando que las instituciones y los poderes públicos tienen la obligación de tomar medidas sociales, educativas y legales en la vía de solucionarlo. En estas medidas se ha ido incorporando la perspectiva de género, en su fundamento y como criterio interpretativo, al considerar que la violencia ejercida sobre las mujeres constituye un núcleo de la batalla por los derechos y la igualdad.

Nuestro trabajo parte de un lugar diferente desde el punto de vista político. En primer lugar porque utiliza el termino “político” de un modo no-tradicional, que consiste en considerar todo lo que sucede en el vinculo social, incluso en las relaciones mas personales, como políticas. Un ejemplo podría ser la economía política, cómo en ella se establecen los presupuestos que van a determinar la practica económica del mercado de los intercambios, es decir, del vinculo social.

Este modo de utilizar el término “político” nos lleva a plantear un problema fundamental que es el problema de la destrucción y el dominio del otro. Porque una de las posibilidades de la relación entre los seres pasa por el dominio del otro.

Este trabajo centra el punto de vista político en el problema de la destrucción y del dominio del otro –términos consustanciales a la violencia- que para el psicoanálisis se corresponden con el dominio de la imagen, con la exaltación narcisista de la imagen. A ese problema, a esa violencia, nos acercamos desde “la violencia sobre la mujer”, pues consideramos que ella es una provincia de la violencia en general, y que como rasgo de lo contemporáneo, es un modo particular de la violencia que se ejerce sobre el otro, sobre el semejante.

E
sa violencia que se ejerce sobre la mujer en el ámbito de lo cotidiano presenta su estatuto propio, sus propias características. Refleja algo que sucede en la relación hombre-mujer y que es allí, en esa relación, donde se realiza esa violencia.

Un primer obstáculo se presenta a la hora de abordar este tipo de violencia, pues siendo innegable la responsabilidad social de los hombres en el maltrato a las mujeres, la dialéctica que se plantea de entrada en tanto hablamos de hombre-mujer, aboca a tratar esta temática de un modo maniqueo. Habitualmente nos manejamos en una pura oposición hombre-mujer, como quien dice día-noche, blanco-negro. Allí no hay salida: o es esto o aquello, en contra o a favor. Al entrar en ese sistema de oposición nos vemos en un callejón sin salida, que es por otro lado, el modo de pensar más común. Esto es debido a la propia estructura del lenguaje, que al oponer dos términos, inscribe una diferencia en la que cada uno adquiere su valor. La palabra mujer adquiere su valor en oposición y en diferencia con la palabra hombre, y la palabra hombre adquiere su valor en oposición y diferencia con la palabra mujer. Esta oposición de términos, es el origen y matriz de la diferencia de los géneros, pero al mismo tiempo, conduce a cerrar toda posibilidad de pensamiento y genera efectos imaginarios que se traducen en una cierta violencia o, si se quiere, en una cierta tensión entre los géneros.

Es por eso que en el trabajo con las mujeres maltratadas nos vimos llevados, para poder abrir otras posibilidades de comprensión de este fenómeno, a rechazar esos efectos imaginarios que genera el sistema de oposición del lenguaje, que como decía aquí están referidos a hombre-mujer, y a situarlo en referencia al sujeto, que es una categoría del discurso psicoanalítico. La experiencia analítica evidencia que si no se tiene en cuenta el sujeto del inconsciente, no es posible avanzar en la comprensión de este fenómeno, pues deja oculto y en ese sentido, silenciado, el carácter estructural del problema de la violencia, pues ésta forma parte del sujeto y del semejante en su misma constitución, y por tanto de los vínculos sociales.

E
l sujeto muestra que es a través del otro que constituimos nuestra imagen y el armaje de nuestro cuerpo. Siempre de un modo inestable, de un modo frágil, y de ahí viene el ansia de dominio, que no es otro que el dominio de la imagen.

El sujeto logra con grandes esfuerzos una imagen agradable de si, las cosas que le molestan de si mismo trata de apartarlas y construye, hasta creerla, una imagen que le complace. Trata por ejemplo de mostrarse inteligente, sabio, simpático, seductor… o valiente, o “con personalidad”, o sencillo… incluso cuando alguien se dice así mismo “qué tonto he sido” no es sino para conjurar el insulto del otro. Por tanto, la imagen que uno pretende dar es siempre una imagen sobrevalorada de si.

Un aspecto en el que se hace hincapié en el fenómeno de la “violencia sobre la mujer” es el silencio que se da con relación a la situación de maltrato. Las mujeres no hablan de ello, ni con familiares, ni amistades, ni en la vecindad, ni en los ámbitos sanitarios. Si bien es cierto que en los últimos años esta violencia se ha hecho más visible y se ha acompañado de un aumento considerable de denuncias por esta causa, sigue llamando la atención que los casos más duros, los que se prolongan durante muchos años, tienen esta característica del silencio en todos los ámbitos. Sobre este silencio se trata de incidir desde las instituciones pues es un obstáculo para las denuncias. Un ejemplo tomado del libro “la violencia sobre la mujer” de un testimonio de una mujer, dice: “las agresiones se fueron haciendo habituales y casi cotidianas durante doce años. No las denunciaba ni hablaba de ellas con nadie ni siquiera con mi familia, quería mantener un marco de normalidad para mis hijos”. 

E
s decir, que fingen que no pasa nada, que todo es normal. Fingen ante el hecho de que no son felices y tienen que silenciar continuamente la situación que viven. Quizás sea lo más terrible, ese fingir normalidad en medio de tal desastre, esas ensoñaciones de normalidad paralizantes por donde circula la vergüenza, el fracaso y el miedo.

Ahora bien, este fingimiento no se puede considerar como una mentira o un engaño sino que está ligado a la imagen y al que nos podemos acercar, para poderlo pensar, a través de lo que muestran los fenómenos del mimetismo.

Si decíamos que el sujeto siempre intenta dar una imagen sobrevalorada de si mismo, el mimetismo consiste en su esencia en mimetizarse con la imagen que se pretende dar, en tanto señuelo para causar el deseo. Por tanto no es un engaño, sino un señuelo, el señuelo es esa normalidad que las mujeres fingen; que todo es totalmente normal, ese es el señuelo. Como sucede en los fenómenos clásicos del mimetismo: la intimidación y el travesti. En la intimidación se trata de la ostentación, del hinchamiento gesticulante, el sujeto se mimetiza con esa imagen, en la medida que ella tiene un valor. Lo mismo sucede con el travesti, que no se trata de un engaño, de que se hace pasar por mujer, sino que usa el señuelo para causar el deseo.

El señuelo de la normalidad, por tanto, desempeña aquí una función esencial. Lacan dice que solo el sujeto no está totalmente preso, al contrario del animal, en esa captura imaginaria. Sabe usar la máscara en tanto que es eso más allá de lo cual hay la mirada. Pero para ello necesita una mediación. En el caso de estas mujeres, cuando la mirada las capta, quedan totalmente coaguladas, no logran separarse de la mirada.

Es decir que no hay ninguna esencia, no hay ningún ser detrás, el fingir no supone que hay un ser detrás. Recurrimos a la intencionalidad, o a la paranoia para protegernos de que no hay nada detrás de lo que dice, eso que dicen es lo que es, por supuesto que con todo lo que implica el despliegue del decir. Es lo que permite pensar que el inconsciente está en la superficie, que no se trata de ninguna profundidad.

Con el silencio, por tanto, fingen normalidad y les permite retener su posición. Ese silencio además, se corresponde con un odio sutil, que se manifiesta de manera velada. Silencio y odio se dan la mano. Este silencio es el lugar donde queda instalado el odio, de modo que el vínculo de palabra queda enrarecido.

Pero cuando las mujeres maltratadas hablan, lo que habitualmente se escucha es el ruido, los golpes, los gritos, los insultos, y, por desgracia en muchos casos, el final dramático. Es lógico, es lo primero que a uno le llega. Y en estos casos llega a ser un ruido mudo, que borra las palabras. Por eso es necesario cuidar el lugar de las palabras, y en concreto de las palabras de estas mujeres, y escucharlas sin prejuicios y sin juicios. Eso no quiere decir que seamos neutrales en el sentido de ser indiferentes, sino que resguardamos el lugar de la palabra.

Y cuando se tienen los instrumentos que permiten escuchar lo que dicen, lo que aparece es que su historia comienza cuando conocen a un hombre y ese hombre es para ellas algo único, inigualable, ese hombre es todo para ellas. Es un momento crucial, determinante en sus vidas, que no dejaran de evocar, que no perderá su esplendor ni siquiera cuando la violencia hace su aparición. Siempre en la nostalgia y en el intento de recuperar ese momento luminoso de la relación.

Es el amor romántico lo que está en juego, que se caracteriza por una exaltación del objeto amoroso en el fondo de la relación. Y en estas mujeres tiene la peculiaridad de que este objeto amoroso concluye en el ideal romántico, es decir, que el ideal coincide plenamente con las cualidades deslumbrantes de ese hombre en particular: es ese hombre y no otro, no hay otro igual. Ese hombre le proporciona a esa mujer una imagen de completud y ella a el, de completud imaginaria.

De esa ilusión idealizada proviene un efecto de hipnosis sugestiva, de fascinación, de encantamiento y de dependencia. Este es un fenómeno masivo en el que se reduce la separación entre objeto e ideal, y que conlleva una identificación total, narcisista, donde las palabras no alcanzan a introducir una mediación, una separación, como sucede en los amores “normales”. Y permite el atravesamiento de un límite, que cuando se atraviesa surge la violencia en su forma extrema.

Se trata de una estructura rígida muy difícil de conmover pues al quedar fijado de esa manera el objeto, queda fijado el sujeto a un modo de goce enraizado en el imaginario. Este tipo de estructura rígida conlleva movimientos masivos de amor y de odio. Es, o todo amor o todo odio. También lleva a movimientos masivos de pasión: de disculpas, promesas, luna de miel….a la violencia desatada. Pues sucede que toda esa magia, todo ese encanto comienza a desvanecerse para ellas y ese hombre ya no es lo que esperaban. Ese hombre que sabia, ya no sabe, duda, se equivoca y no responde a la completud imaginaria. Comienza la disconformidad, el descontento y el odio. Le sigue la violencia. Y así, alternativamente se van conjugando los momentos idílicos con los de violencia, de forma masiva. Es el viraje del todo amor al todo odio ante el desengaño de ese otro que ya no cumple, que ya no responde a las características de ese objeto idealizado e idealizante.

Lo que el discurso analítico permite hacer emerger como lectura de la estructura es todo el problema del ideal. El ideal es un efecto del lenguaje, esta hecho del lenguaje y emerge frente a la inermidad e incompletud del ser hablante. Frente al vacio que el lenguaje produce en el ser hablante tratamos de alcanzar una imagen ideal. En el caso de las mujeres maltratadas lo que esta en juego es un ideal conclusivo, y ese ideal conclusivo traba el deseo, lo fija como pura promesa de lo imposible, de su satisfacción absoluta, de la completud absoluta. El ideal conclusivo conduce al régimen del Todo: ser todo, tener todo, ser la mujer toda, La mujer.

Este trabajo referido a las mujeres maltratadas, se inscribe dentro del proyecto freudiano que hablaba de devolver a las palabras su antigua fuerza mágica. Este proyecto hoy se traduce en salir del silencio ruidoso, de recuperar las palabras y con ellas la escritura de la verdad. Eso abarca a un individuo, a una colectividad o a todo un pueblo. Y por supuesto a las mujeres. Porque la verdad es la dignidad a la que hay que aspirar, en la medida que es imposible decirla toda, al igual que la mujer.

Esa verdad que es la que permite otras posibilidades para hacer en el vínculo con el semejante de otro modo que no sea el dominio ni la destrucción del otro.

Autora | Beatriz Reoyo

Del sujeto como respuesta de lo real al saber hacer

MOEBIUSDecir sujeto es decir ruptura de la unidad armónica entre persona y mundo. Lo que se divide puede estar en dos lugares diferentes a la vez. Esto se palpa en el encuentro con lo real, y puede decirse que la subjetividad no está tanto del lado del que habla sino que está en lo real. Tomemos por un momento esa forma de aparición de la pulsión que es el tropiezo, el accidente, y que no se formula en palabras. ¿Cómo tratar lo silencioso, lo que la palabra circunscribe como un callar? Como un texto, que para decir cosas no necesita ser pronunciado. Esto es lógico: la cuestión es poner a prueba su articulación con los conceptos de la practica analítica, practica hecha de lenguaje.

Esos puntos de lo real que Lacan dio en llamar encuentros nos muestran al sujeto en la división entre lo que cuenta y la dificultad de incluirse él mismo en la cuenta. La frase «Nunca lo pensé», es la marca que asegura al decir escapando de lo dicho, a lo inconsciente empalmando con un real, una causa. Se dice sin pensar, y cuando hay analista para leer eso dicho de paso, el sujeto se sorprende.

Tomemos una definición del sujeto: es la respuesta de lo real. ¿Por qué no responde el Otro a los porqué de la existencia, a esas preguntas insistentes del niño y de cada hablante? Hay una paradoja en el hecho de que por habitar el lenguaje el sexo y la muerte se presenten como enigmas, y consiste en que el lenguaje nos interroga, pero lo que responde no es lenguaje.

Si hay algo del ser viviente interesado en la cuestión del sujeto es que debe encontrar su equivalencia de ser vivo en el Otro. Lo que las palabras no dicen, lo capta como lo real en juego. Y tiene a partir de eso la posibilidad de separarse del lenguaje. Salirse con la suya, arreglárselas en el punto donde el lenguaje es una estructura abierta. Y se toma, entonces, de lo que responde en términos de pulsión. Se da en el blanco, se alcanza un saber, lo que se es para el Otro. Aun sí el Otro no existe no sabe nada de eso. el sujeto le supone saber de su cuestión. La pulsión es ese movimiento de llamado a algo que cada vez responde en el Otro.

El modo en que podemos explicar que terceridad propicia esta equivocación, surge de la temática de la letra en Lacan. Somos siervos de un jirón de discurso que a falta de haber podido proferirlo por la garganta nos condena a hacernos su alfabeto vivo. Secuencia que basta para dar testimonio de un texto sin el cual el deseo transmitido en él no seria indestructible.1 Quiere decir que hay respuestas sedimentadas en la cultura que van mucho más allá de la generación anterior, y cuyo vehículo es la letra. Es algo que asombraba a Freud. ¿Cómo puede el neurótico inventar un trauma cuyo valor de ficción no está lejos del que atribuimos a la obra de arte?

Hablábamos de encontrar la propia equivalencia como ser vivo en el Otro. ¿Y si lo que está muerto por no ser más que un fragmento de discurso puede producir la vida? Nos perderíamos en las cuentas con algo que jamás será apropiable bajo el modo en que la mano se aferra al objeto, porque estamos hechos por eso. Es Pessoa cuando escribe:

Esencia musical de mis versos inútiles
Quién me diera encontrarte como algo que yo hiciese
Y no quedara siempre enfrente de la tabaquería de enfrente
Calcando a los pies la conciencia de estar existiendo2

La falta percibida a nivel de lo real nunca rescinde su condición de falta.3 ¿Pero no nos acerca su queja a la posibilidad para cada uno de contarse, tomarse de la cuerda sin dividirse? Ganar de mano al inconsciente, saber desembrollarse con el síntoma, saber hacer con lo que nunca se tendrá, son maneras de nombrar lo que quizá ya no sea asunto de sujeto sino de un texto que se extrae con trabajo de lo real, y que representa para el hablante la chance de sostenerse de un discurso. En el discurso analítico la certeza proviene de la angustia, de los puntos de tropiezo que nos encaminan hacia la existencia. La dosificación de la angustia en un análisis lleva a captarla como diferente al peligro, se vuelve protección contra el desamparo radical del hombre.

El movimiento de búsqueda de la pulsión, el pedido de que el Otro responda en términos de pulsión, tornaría a un dejar estar ahí a un texto inapropiable por el sujeto o por el Otro, un texto que más que la cifra del «tú eres eso» del destino, es el surgir de algo que no estaba antes. Se le pide al Otro que responda en términos de pulsión, y a esa pregunta no le basta la respuesta de que no hay garantía última, porque se puede hacer existir a ese Otro amándolo o haciéndose el instrumento de su goce. Sólo hay respuesta a la pregunta que uno formule, como sucede cada vez en la experiencia estética. La actualidad de un cuadro, de un poema, su extratemporalidad, provienen de que tienen algo que decirle a cada uno, para llevarlo a lo más íntimo. Por eso no hablan de un tiempo que fue ni que será, sino de tiempo de la simultaneidad, del mito que se repite y es lo nuevo en cada ocasión. Un tiempo durante el cual nos dejamos decir algo.

Notas:
1 El psicoanálisis y su enseñanza, J. Lacan
2 Tabaquería, F. Pessoa.
3 Clase del 1-7-96, J. L. Slimobich.

Autor | Pablo Garrofe

Los límites del pensamiento

platon4Hay un filósofo español que dice que la filosofía trata al hombre y a sus lazos sociales como si fueran un manicomio.

Platón ensayó su idea de Estado en Siracusa y tuvo que huir, ya que produjo una pequeña rebelión entre sus habitantes; digamos que los locos se rebelaron contra esas leyes que estaban hechas en la medida de las ideas ideales.

La filosofía inventa instancias que convocan al hombre a un recto proceder, un recto pensar, que se traducen en disciplinas de su ser: lógica, ética, teología, metafísica, etc. Instancias que de alguna forma sustituyen un lugar extraño, un lugar que por una parte le resulta familiar y por otro lado se vuelve siniestro, se complica y se modula conforme a unas leyes que se defienden de la acción humana, una acción que juzgan como animal si no hay medio que lo remedie. Luego estas estancias se prologan y conforman muros lo suficientemente extensos y altos como para contener la acción del hombre. Intentan defender al hombre del hombre mismo y constituyen un Leviatán, un gigante con pies de barro, con unas leyes humanoides, con esa forma de hombre, que expulsan al hombre de su contexto libremente ordenado. Su Leviatán conforma pasillos por donde el hombre transita siempre ajeno a él mismo, estos pasillos se construyen a partir de un primer principio, un primer principio que se postula como ‘algo es igual a algo’, como ‘un hombre es igual a otro hombre’, y por tanto debe respetar la imagen que le hace pensar en sí mismo.

Este primer principio le hace escuchar y acatar la orden de la fe, que se traduce en el primer movimiento de la voz en su forma más imperativa: “Yo soy el que soy”, dice el dios de la ley mosaica. Un imperativo que se traduce en la búsqueda del Ser como sustancia, del sujeto que se pronuncia él mismo en sus atributos, y que prolonga la sustancia de su esencia en el desarrollo del pensamiento, hasta confluir en un ‘porque pienso, existo’.

Lacan se da cuenta de esto y observa que sin ese imperativo que conforma el Uno en la fe no hubiera sido posible el desarrollo de la ciencia contemporánea; no existe una continuidad lógica entre el Logos griego y la ciencia sin esa ‘fides’ medieval, sin esas característica de la omnipotencia del Ser divino y uno. Es por eso que el eje central de este trabajo se forjó en ese tiempo medieval, ese tiempo de alguna forma denostado con ese nombre despectivo que significa una Edad formulada como entre una y otra cosa. Algo que fue nombrado desde una Edad que no quiere apreciar su herencia y de alguna forma la expulsa de su paraíso evolutivo. “Credo ut untelligas”, en esta frase se reduce y fundamenta la base del pensamiento de San Anselmo. En estos dos pilares del pensamiento se basa su acción: primero creer y luego pensar, y que le hace producir un argumento tan solapadamente trabajado por todos los filósofos posteriores. Fe que da paso al pensamiento, y no amor al saber. Lacan se da cuenta de que la verdadera pasión del hombre no es el saber, sino la ignorancia; sus otras pasiones, el amor y el odio. Dios es lo más grande, más allá de lo cual nada se puede pensar; de esta idea parte San Anselmo. Pero el insensato, el ignorante, ha dicho que Dios no existe; sin embargo, si reconoce que hay algo más allá de su pensamiento, está reconociendo que lo que existe por fuera es algo más grande que lo que él piensa. Éste es el argumento que desde las universidades, desde el desarrollo del pensamiento, se nombró como argumento ontológico, y que va a ser la base del pensamiento cartesiano que se traduce en “pienso, luego existo”.

Lacan constata que no es una prueba ontológica, sino que se trata de una prueba esencialista, de la aprehensión de la esencia del Ser, del pensamiento diagonal, es decir: de aquello que produce el salto en una serie de infinitos, el infinito que quedaría por fuera del infinito. Así un diálogo imaginario con el otro abriría la posibilidad de la ex-sistencia por fuera de lo que se piensa. Así hay algo por fuera del sentido que existe al sentido. Es un argumento fuerte, varias veces eliminado y vuelto a escribir por el propio San Anselmo.

Esto introduce una complicación en el pensamiento que hace que este argumento del Proslogio sea reducido en el campo de la filosofía a la existencia del pensar. Ahora bien, ¿qué motoriza el pensamiento?, ¿cuál es el primer motor del Logos?, esa pregunta que atraviesa el campo de la filosofía desde Aristóteles ¿qué es lo que anima el alma? Pedro Abelardo, cuyo nombre conocerán por la historia de amor de Abelardo y Eloísa, decía que la lógica le hizo amar el mundo. Su modo de pensar es ‘pienso, entonces creo’.

Sigamos un poco más con el juego de inversiones. Lacan toma a este autor medieval, que se prodiga en la compresión de la lógica de Aristóteles, y dice que la lógica no es que le hiciera amar el mundo, pero no le volvió muy amado. Así, invirtiendo esta frase de ‘pienso, luego amo el mundo’, y estableciéndola como ‘amo, luego pienso’, podemos trabajar un poco el campo que instauró la Edad Media para sus conquistas. Este campo es el campo del amor, el amor cortés para más señas. Tras una larga tradición que, partiendo de los griegos, llega hasta la Edad Media, el pensamiento se soporta en la homosexualidad; sólo se concibe el verdadero amor entre hombres: la primera reflexión sobre el amor se produce en los diálogos de Platón. Allí lo primero que se capta es que es un diálogo entre hombres, se habla del deseo y de lo amado y lo amante, ¿qué ama el amor?, lo igual o lo diferente; no planteo una crítica sobre esto, pero los diálogos eran así, entre efebos y sabios. Había algo ya excluido en ese diálogo del saber sobre el amor, esto era la diferencia sexual, lo primero que excluyó el pensamiento para su progreso.

Desde Aristóteles se pensaba que las mujeres no tenían alma. Era un problema que, como poco, complicaba la estructura del Logos, de este pensar, de este decir. Lo expulsado en lo simbólico retorna en lo real; esto que dice Lacan nos muestra cómo algo que es expulsado del paraíso del Logos griego retorna en la Edad Media con esta forma de amor cuyo objeto es la insatisfacción pura. El campo que instaura el amor cortés abre una nueva perspectiva al pensamiento, una tradición que se fragua en el norte de Francia y sur de Alemania, de la que se alimentan la poesía de los trovadores, y que traslada su influencia al seno de la Iglesia, en donde era pecado el simple deseo.

Abelardo polemiza sobre el tema de si era pecado desear o sencillamente sólo sucumbir a la satisfacción carnal. De esta forma este amor a distancia que mantiene con Eloísa le permite sublimar la relación con la carne en estos ríos de lógica que produce, estos ríos que le permiten su inferencia en el Ser divino. Este amor era considerado como impuro, era la herejía medieval, una práctica llevada a cabo por facciones de la Iglesia como los cátaros.

Ahora bien, ¿qué significaba esta práctica para el pensamiento medieval?: un lugar de insatisfacción, no se colmaba en la satisfacción de un deseo, sino que servía para otros fines, para otras conquistas; tanto las bélicas como las lógicas. A Lacan le sirve para hablar de lo que motoriza el pensamiento, ese primer motor del alma que inquietaba tanto a Aristóteles, un lugar que permanecía insatisfecho en la estructura, un lugar que da cuenta de lo que está perdido para el hombre en su acceso al lenguaje, un lugar que nombra con la forma de un matema, esta letra a que aísla el objeto de la pulsion, como un lugar vacío, como un lugar nada, alrededor del cual se conforman los mundos de las palabras, los modos del decir, los ‘logoi’.

Hay un filósofo francés que sostiene que Lacan en su búsqueda de este objeto, esta nada que motoriza el alma, va a investigar en el budismo, en el zen, hasta que se topa con este nada negativo –‘Nihil negativum’– de la lógica trascendental. No sé si esto está extraído de Kant, pero no es una lógica trascendental; sin embargo, si es un objeto que contradice el concepto, los ‘Begriff’ alemanes, se sitúa más del lado de lo que no es conocido, lo no sabido, más del lado de la pasión de la ignorancia, no es un deseo de saber, sino algo que permanece fuera del sentido, en su borde. Ahora bien, esta idea que progresa a lo largo del pensamiento, la garantía de lo Uno, ese primer motor, esa esfera inmóvil, que movilizaría todas las demás, esta idea aristotélica, tiene más que ver con el goce de la mujer, nos dice Lacan, una idea que atraviesa el cristianismo, a saber lo que le falta al Otro para ser completo, de esta manera lo que porta el pensamiento, lo que porta la unificación del Dos en lo Uno, del amor en el saber, es la elisión de la diferencia sexual. Así, nos dice Lacan, el soporte del Dios como garante de la verdad, se forjó por esta confusión, esta coalescencia nos dice, entre el objeto a de la pulsion y el significante faltante del Otro, esto tiene que ver con lo que funda el principio del placer.

El trabajo psicoanalítico sería disociar el objeto de la pulsion del Otro. Es un trabajo que se desmarca de lo que se puede pensar como la unificación de lo esencialmente otro en lo uno, es la escisión de estas dos cosas, en su vertiente etimológica menos conocida. Scindere, proviene del latín y significa aclarar, es un esclarecimiento. Lo que se juega en la Edad Media es si la razón puede dar cuenta de la fe y qué es lo que el pensamiento puede conocer, su alcance. Primero se reconoce la dificultad de lo universal, es decir: si la materia porta algo de lo que pudiera extraerse que cuando se la nombra se la reconoce.

Todo un problema que hace que aparezca un verdadero debate entre realistas y nominalistas. Guillermo de Occam sostiene que la razón no puede dar cuenta de los misterios de la fe; es la primera vez que se plantea la separación entre estos dos pilares de la filosofía. Así su famoso argumento de la navaja divide aquellas cosas que tienen sentido de las que no tienen sentido; la razón se ha de ocupar exclusivamente de las cosas que tienen sentido. Este sentido se ciñe exclusivamente a lo gramaticalmente correcto, este argumento que lleva tan lejos Wittgenstein, y que le hace decir que sólo existe lo que se puede nombrar. Sólo existe la verdad dentro del lenguaje; esto es el extremo del nominalismo: que no hay relación entre las palabras y lo que se nombra, sino que es la forma que el hombre establece con su entorno, la nominación del mismo, vacía de contenido, así las voces son ‘flatus vocis’ palabras vacías. Partir de que el nombre es algo que se pega a lo real, es lo que hace concluir que las palabras sean vacías, es la vieja concordancia del pensamiento y lo pensado, una trampa de la lógica que socava su propia fosa. Que de lo gramaticalmente correcto se siga la verdad es caer en la trampa de que del sentido se siga el sentido.

Lacan reflexiona alrededor de esto desde Russell, los argumentos del sin, el verde sin color. Se pueden armar un montón de frases, una pila innumerable, ‘un sin coche se subió a la acera y atropello ningún peatón’; hay muchos fenómenos que quedan fuera del sentido en su corrección gramatical, lo cual quiere decir que del sin sentido también se puede seguir el sentido. Hay una debilidad del pensamiento con respecto a la aprehensión de la verdad y es que elimina el sin sentido, y éste vuelve desmontando su acción. A partir de la incursión del psicoanálisis en la filosofía ésta empieza a ser otra cosa, la apertura de sus conceptos y sus tránsitos hacia lo inconsciente como verdadera instancia que domina la acción del hombre, sus conceptos empiezan a ser otra cosa, el pensar se vuelve una fórmula ligada al placer y a sus allendes.

Autor: Emilio Gómez

Acerca de las Terceras Jornadas Nacionales de Psicoanálisis «Actualidad y Clínica Psicoanalítica. 15 años de Psicoanálisis en Granada» (*)

Freud_reloj blandoDifícil tarea el intento de escribir sobre lo que se presenta, ante todo, como una experiencia. Qué decir cuando se impone, como efecto mismo de esta experiencia, el deseo de no mantenerla en la inefabilidad del silencio.

¿Qué escribir? De lo imposible de comunicar, lo posible… apenas. Ninguna información. Quizá y sólo aquello que en el aire de estas jornadas habita y se hace capturable, aunque no sea suficiente. Algunas palabras que vuelven a los fundamentos, aire mismo de estas jornadas y de la posibilidad de la presencia allí de trabajos y de miembros del Boletín de Psicoanálisis.

Se sitúa entonces:

El psicoanálisis es un discurso entre otros y sólo a partir de su fundamento. El analista no es sino efecto de este discurso. En tanto entendemos discurso como lazo social, como vinculo entre los que hablan, entonces, un analista es entre otros.

Es sólo en la práctica donde se pueden esperar los efectos de articulación al discurso. El psicoanálisis es una práctica, aquella que se espera de un analista, de aquél que ha tomado en el discurso posición.

Esta práctica conlleva una clínica, la cual no se conforma con el mero juego del significante, promesa de rememoración infinita. Es actual, en esto es real. Clínica que muestra en su límite ser lo imposible.

Para nunca tenerla, en tanto imposible, es necesario el camino de la formación del analista. Hay transmisión del psicoanálisis, que no es sin transferencia. Hay reconocimiento de esta transmisión que conlleva nombres y apellidos. Luego, esto no se confunde en el uno a uno de los analistas. Hay serie y es en la serie donde se hace serio el trabajo de cada cual, en tanto muestra su vínculo a la causa marcada por el deseo de Freud y Lacan.

A modo de anhelo y también de invitación: insistir en la relación con aquellos analistas en cuyos trabajos se juega cada vez el psicoanálisis mismo. Ellos muestran que es imprescindible decidir sobre el deseo y tomarlo. Es por esto que algo de estas jornadas debía ser dicho. No hacerlo, quizás, hubiese sido lo mismo. Lo que es seguro, es que no podía dar igual.
Autors | Fabiana Grinberg

(*) Organizadas por el Centro de Estudios Freudianos de Granada, España.

¿Un poder sin corrupción?

Logo ComedorNosotros hacemos todo como Comedor, cada uno va como Comedor. Yo, vaya donde vaya, voy como Comedor. No voy como la Negra, voy como “Comedor Los pibes”.

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¿Hasta dónde pertenezco a la organización y hasta dónde cada uno hace lo que quiere?

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C
ómo hacer con el desánimo de los otros. Siempre hay unos que reman y otros que acompañan.

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L
a función corrompe. Tener un cargo es corromperse. Pero no hacer nada por eso es quedar como espectador. ¿Existe otro modo de acceder al poder sin corromperse? La pregunta que surge es si todo poder es corrupto.

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U
no tiene que tener buenos principios morales. Te tienta saber que tenés tanto poder, manejar dinero y movilizar tanta gente. Más cuando venís de abajo, que venís de la pobreza. Tengo la idea de que los políticos vienen de la clase media alta, ninguno viene de Villa Tachito. Todos dicen que fueron pobres, pero vos les ves las manos, y si traen las manos limpitas es porque nunca trabajaron.

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C
uando aparece el silencio entre los compañeros lo que se silencia es el desaliento. No se puede tirar mala onda, acá vamos todos para adelante. De eso no hablo porque eso puede ser una metida de pata o entristecer a los compañeros.

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Q
uiero contar una experiencia. Cuando yo era chica vivía con mis padres, que son gitanos. En el barrio donde yo vivía, en Necochea, éramos muy discriminados, sobre todo entre los chicos, que son un poco malditos con los que no son iguales a ellos. Entonces mi vieja nos encerraba en Navidad, Año Nuevo, Reyes… Nunca nos regalaban juguetes en esas fiestas. Lo único que nos regalaban eran libros, libros y libros. Y te cagabas de odio, porque todos los chicos pasaban por la vereda con la bici, con la pelota, con las muñecas, y yo estaba cargada de libros. Después, con los años, me di cuenta de que fue el mejor regalo que me pudieron hacer. Como no podía salir a la calle, yo me metía dentro de los libros, y vivía una historia entretenida. Y era protagonista. Tenía un placard grande, de donde sacaba toda la ropa y me metía ahí a leer con una linterna de mi viejo. Yo ahí adentro era la princesa. Con los años me sirvió un montón. No podía ir a ningún lado, y estaba todo el tiempo sola, pero a la vez tenía un montón de amigas, de los libros. Y así aprendí a leer.

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T
omar conciencia quiere decir poder hablar. Las cosas no están tan claras, hay que salir de la confusión, de qué lado está uno. Para estar del lado del “Comedor Los pibes” hay que poder transmitir la experiencia.

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L
a tarea más dura para las compañeras es hablar. Creemos que si nos volvemos cultas vamos a abandonar la clase social a la que pertenecemos, vamos a alejarnos de los nuestros.

Autora | Grupo de Mujeres