Freud, pasión secreta

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Año: 1962

Director: John Houston

Duración: 139 minutos

Guión: Wolfgang Reinhardt & Charles A. Kaufman

Música: Jerry Goldsmith

Fotografía: Douglas Slocombe

Reparto: Montgomery Clift, Susannah York, Larry Parks, Susan Kohner, Eileen Herlie, Fernand Ledoux, Eric Portman, David McCallum.

Productora: Universa Pictures

Aunque rodada en 1962, esta pelícila era un viejo proyecto de Houston y el guionisata Wolfgang Reinhardt, buen conocedor de la obra de Freud. Su origen se encuentra en el rodaje de un documental de Houston para el ejército (1940) que pretende demostrar que los hombres que habían sufrido trastornos mentales durante el servicio, no debían ser dados por perdidos (Houston 1998). En 1959 retoman el proyecto y en palabras de Houston en sus Memorias: “Decidimos varios enfoques y finalmente acordamos que tenía que ser algo que despidiese azufre; el descenso de Freud al inconsciente debía ser tan terrorífico como el de Dante al infierno. Con este idea en mente, Wolfang y yo nos fuimos a París a ver a Jean-Pual Sartre”. Sartre realiza un primer borrador de trescientas páginas que suponían cinco horas de película. La versión revisada resulta ser más larga que el borrador: ocho horas, un metraje excesivamente largo.

Entretanto Houston comienza a rodar Vidas rebeldes y al finalizar el rodaje vuelve a abordar la película sobre Sigmund Freud. La Universal pide que sea resuelto, como primer paso para la financiación, el obstáculo que se presenta: el problema de la censura que estaba dispuesta a presentar la Iglesia Católica. Estamos en el año 1960, y Houston relata así este mal encuentro: “Me entrevisté con dos sacerdotes y una mujer seglar y discutimos el guión largamente su oposición se centraba en el terreno moral: la filosofía de Freud, afirmaban, no admite la existencia del bien y del mal, solamente un sacerdote tiene derecho a rebuscar en el alma de un hombre. La simple sugerencias de que exista una sexualidad infantil les repugnaba. Yo no podía, por supuesto, cambiar Freud para adaptarla a esos prejuicios católicos sin destruir completamente la película -por no hablar de la teoría freudiana- y lo máximo que podía esperar era llegar a un compromiso. Nuestras discusiones fueron en parte teológicas y científicas, pero principalmete seudoteológicas y seudocientíficas. No fue fácil, pero logré llegar con ellos a un acuerdo”.

En esta situación, durante seis meses Kaufman y Reinhardt se ponen a la tarea de reescribir el guión de Sartre, necesariamente desechado, y lo dejan en ciento noventa páginas, conservando lo nuclear del texto de Sartre y dejando algunos diálogos intactos. Aun así Sartre mostró su descontento con el trabajo final: “Excepto en su construcción, el guión definitivo tiene muy poco que ver con lo que yo escribí. La culpa es en parte mía y en parte de Freud. Mi guión hubiera sido imposible de rodar, pues la película hubiera durado siete u ocho horas. Y ya se sabe: uno pude hacer una película de cuatro horas sobre Ben-Hur, pero en cambio el público de Texas jamás aguantaría en su asiento cuatro horas de complejo”. Una ácida referencia a la frivolidad de Hollywood.

No fueron estos problemas de preproducción los únicos, durante el rodaje Montgomery Clift estaba continuamente enfermando lo que condujo a la presentación de una demanda judicial pero el resultado final, según los críticos, fue el de una brillante interpretación de Clift, opinión a la que cualquier espectador de este filme se podría sumar.

El producto final no satisfizo a nadie, el director mostró su desacuerdo con los veinte minutos de metraje que la Universal redujo y Anna Freud, en nombre de la familia, escribió desde Londres para mostrar su rechazo: ” Según nuestra opinión, esta película no refleja ninguna verdad científica ni histórica acerca de la persona y de su trabajo, contrariamente a las pretensiones de sus productores”.

Señalar una dificultad intrínseca al propio medio cinematográfico, para llevar a la imagen las abstracciones del discurso teórico, como ya había ocurrido anteriormente, por ejemplo, con el intento de llevar El Capital de Marx a la pantalla (S.M. Eisenstein). Como punto a favor de la película podemos decir que no se trata de un biopic al uso, sino que intenta adentrarse, con mayor o menor fortuna, en la biografía de Freud en un momento decisivo para la teoría psicoanalítica de 1885 a 1890, época en la que Sigmund Freud aborda el tema de la histeria, despreciado por la medicina convencional.

Llamar la atención sobre la presentación que al comienza de la película hace el propio Houston.

Fuente:
“Psiquiatras de celuloide” , Anacleto Ferrer, Xavier García-Raffi, Bernardo Lerma, Cándido Polo. Ediciones de la filmoteca (Instituto Valenciano de Cinematografía Ricardo Muñoz Suay) Valencia, 2006.